Prólogo

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Thea

La gente tiene distintas opiniones acerca de las cosas.
Las ven blancas o negras.
Nunca de color gris.

El suicidio es una de ellas.
Unos creen que es un acto cobarde. Un modo de escapar y no afrontar las consecuencias de nuestros propios actos.
Otros, piensan que hay que ser muy valiente para atentar con la vida de uno mismo.
Como he dicho, todo blanco o negro.

Yo nunca me detuve a pensar a que grupo pertenecía.
Día a día, vivía las cosas a mi modo.
Avancé en los estudios y me hice organizadora de bodas.
Amo mi trabajo.
Y amo a Adam. Le amo tanto que creo que moriría sin él en mi vida.
Y ahora le he perdido.
Creyendo que me quería, me mudé con él.
Una semana después,hoy exactamente, le encontré en la cama con otra. En nuestra cama.
Y me quiero morir...

He pasado horas paseándome por esta habitación sencilla de motel.
Mi teléfono no ha dejado de sonar.
Sé que es él.
Ha estado llamando desde que dejé el apartamento de Adam.

Me había acompañado hasta allí, dado que veníamos juntos de la boda de su jefe. Yo la organicé.
Igual que organicé la boda de su mejor amiga.
Allí le conocí.
Él fue quien me trajo hasta el motel, a pesar de que insistió en que fuese a su casa.
Necesitaba estar sola.

Hace diez horas de eso.
Encendí el televisor, vi el inicio de una telenovela y apagué.
Bastante drama tenía en mi vida.
No tenía un sitio donde vivir.
Mi novio me la había pegado desde vete a saber cuanto tiempo y en nuestra cama.

Harta de que la imagen de Adam bombeando dentro de esa chica llenara mi mente, cogí el frasco de ibuprofenos que solía llevar en el bolso, llené mi mano con el contenido y las empujé dentro de mi boca.
Ahora solo cerraría los ojos y el dolor se iría.

*****

Oí gritos. Palabras sueltas. Maldiciones. Todo desde la breve inconsciencia en la que me encontraba.

... Joder, Thea.
... ¡Necesito una ambulancia!
... Intento de suicidio.
... Por favor, nena, por favor...
... No tendría que haberte dejado sola.
... Eso es. Tienes que hacer un esfuerzo más.

Y luego llegó la oscuridad de nuevo.

Para cuando desperté, la blancura de la habitación de hospital me rodeaba.
Una vía salía de mi brazo hasta un gotero con suero.
Y a mi lado, embutido en una silla mucho más pequeña que él, estaba Owen.

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Por favor, no me matéis 😈😈😈😈😈

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