Me quedé totalmente derrotada en mi casa. Pensé en coger varias veces el móvil y llamarlo para disculparme pero de nuevo me pediría explicaciones y yo no podía dárselas. No podía decirle que le ocultaba y no podía contarle nada sobre mi madre.

¡Maldita sea! Hundí mi cara en un cojín maldiciendome a mi misma por haberme metido en esta mierda aunque el sonido del móvil.

— Sí.—Dije sin ni siquiera mirar a la pantalla.

—Está puesto el manos libre.—Anunció la voz de Rob.

—¡Tom nos ha contado algo!—Gritó George.

—Sorpréndeme.—Saqué la cabeza del cojín y tomé una bocanada de aire.

—¡SABE QUE TU MADRE ESTÁ ENFERMA!—George parecía a punto de explotar

— Lo se.

—¡Dice que no entiende porqué le mientes! Ha sido horrible tener que callarme las cosas.—Mi amigo no estaba ayudando pero comprendía que quisiera hablar conmigo.

—No puedo decírselo George, ya lo sabes. Cuando os fuisteís a por té me confesó que estaba comenzando a sentir cosas por mi. 

—¡No jodas!—Esta vez era la voz de Rob la que sonaba.—Pensé que hablariaís del tema de la chica esa.

—¿Qué chica? No me estoy enterando.—Interrumpió George.

—La verdad es que comenzamos hablando de  eso pero aprovechó para comentarme que nuestra relación exclusivamente sexual se había terminado debido a que él está sintiendo algo más. Y a todo esto añadele que ha descubierto lo de mi madre y comprenderás el porqué de querer morirme.

—¿Quieres que volvamos? Estoy seguro de que  Rob no le va a importar nada en absoluto volver.

—Exacto, doy media vuelta, acabamos de dejar a Tom en casa.

—¡No, no! Tengo que hacer las maletas, y mañana tengo que estar temprano en el aeropuerto. No os preocupéis.

Después de un pco más de conversación cordial sobre lo mucho que me alegraba de su recién compromiso y lo bonito que había quedado el video de la proposición. Entonces colgé el móvil y me recogí el salón. No habían sobrado apenas magdalenas y las bolsitas de té que había comprado para Tom al final habían servido para todos. 

La casa estuvo completamente recogida en una hora. Luego de eso hice la maleta según el clima que mi madre me había dicho que hacia allí y me metí en la cama.

No me dormí, de hecho no dormí en toda la noche. El día anterior estaba dando vueltas en mi cabeza como una ruleta constante.  Mi mejor amigo prometiendose, mi mejor persona diciendome mentirosa y con toda la razón del mundo, yo diciendo que no podía corresponderle...

Madre mía la que se había liado. 

A la mañana siguiente arrastré mi maleta y mi cuerpo hasta el aeropuerto. A penas podía mantenerme en pie y el dolor de cabeza que me perseguía desde hacía semanas seguía más que latente. Una vez dentro del avión pude descansar pues me quedaban por delante unas seis horas y en el avión no había nada que hacer.

El amable pasajero que me acompañana me despertó cuando el avión tocó tierra. Me había dormido antes de despegar y me había despertado en el aterrizaje, genial. Al salir del avión me tomé mi tiempo en salir del aeropuerto porque me perdí. Había demasiados pasillos en ese aeropuerto gigante pero tras andar como diez minutos al fin encontré la puerta de salida. Y allí estaban los dos, mi padre y mi madre esperandome tras tres meses sin vernos.

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