El orgullo era una palabra de lo más acertada para describir la situación actual. Mi pelea con Tom no había sido ni la mitad de grave de lo que había pensado en un principio pero después de una semana sin recibir ni una llamada ni un mensaje pensaba que si había sido para tanto.

Mis intenciones de llamarlo aumentaban cada día que pasaba pero no pensaba ceder. Compré los billetes para el viaje a Boston después de hablar con Frank y que me permitiera hacerlo. 

Millones de veces más le había pedido a George que me acompañara pero millones de veces me había respondido que no. Al menos en ese semana habíamos tenido buenas noticias, él había encontrado un trabajo de modelo. No me extrañó lo más mínimo que Rob le hubiera conseguido el trabajo porque verdaderamente era espectacular.

El día antes de mi viaje a George se le ocurrió celebrar una "merienda" de despedida. Era una manía que teníamos desde pequeños, cada vez que algunos de los dos se iba de la ciudad por un tiempo teníamos que celebrarla. Esta merienda consistía en chocolate caliente y el pastel que yo quisiera hacer.

Decidí hacer unos cupcakes de chocolate rellenos de queso de crema, me llevarían 50 minutos y mucha paciencia así que sólo me bastó la vieja radio de mi madre para alegrarme la tarde. Habíamos quedado a las seis así que me extrañó escuchar el timbre una media hora antes. Abrí la puerta y encontré a Rob sonriente al otro lado.

— ¡Rob! Pasa.—Me aparté y entró.

—¡Qué buen olor! ¿Qué has hecho?—Entró en la cocina y olfateó el horno.—¿Magdalenas?

—Sí, de chocolate rellenas de queso fundido. ¿Cómo lo ves?—Me coloqué la manopla y abrí el horno. Robert asomó la cabeza con cuidado e inhaló.

— Mmm, si sabe como huele engordaré un par de kilos.

—Realmente solo tengo que esperar a que se terminen, ¿me ayudas a preparar el salón?

—Claro.

Robert y yo nos pusimos manos a la obra, colocarlo todo en compañía era más fácil que hacerlo sola y con un gato que hacia que nos tuviéramos que parar constantemente.

—Coge el extremo de la mesa, la colocaremos detrás del sofá.—Nos colocamos en los extremos y la levantamos sin dificultad.—Bueno, ¿has venido antes por algo en concreto?

—Sí, la verdad.-—Soltamos la mesa y nos sentamos en el sofá del salón.—Quería comentarte algo antes de hacerlo.

—Claro que sí. Lo que sea.—Sacó una cajita marrón de su bolsillo y me la entregó. La abrí con curiosidad y descubrí una preciosa alianza.—Oh Robert, ¿es para George? ¡ES PRECIOSA!

—Sí, quería preguntarte si te parece bien que le pida matrimonio.

—¿Matrimonio?—No supe que decir, se me abrió la boca por completo de la sorpresa.—Pero...¿cuánto tiempo lleváis?

—Tres meses, dos semanas, siete horas y unos cuantos minutos—-Sonrió de oreja a oreja y me enterneció.—Se que es rápido pero de verdad le siento como el único que quiero a mi lado por el resto de mis días.

—Rob...¿pensabas pedírselo hoy?

—Sí, eres su mejor amiga e incluso más que eso. Se que él querría que estuvieras delante.—Le abracé y me correspondió con una carcajada.—Interpretaré esto como que te parece bien.

—¡Me parece estupendo! ¿Podré ser la dama de honor?

—¡Claro! Quiero proponérselo cuando empecemos a comer. ¿Te parece bien? No se muy bien en que consiste este tipo de merienda que tenéis los dos pero se que a él le parece tremendamente importante.

Paparazzi¡Lee esta historia GRATIS!