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Parte 1

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¿El suicidio de M. Bellamy?

-Haré de tu vida una eterna locura, Michael... -retumbó una metalizada voz en el interior de la sala.

Todas sus sensaciones iban en aumento; sentía la sangre mucho más espesa y fluyendo, aún, y con más rapidez. El sudor en su frente parecía congelarse y su cuerpo había irrumpido a temblar cuando la visión de un objeto provocó que todo se detuviera. Poco después, un estruendo marcó el momento en que la vida de aquel hombre llegaba a su fin.

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-Señor Holmes, ha llegado algo para su deleite.

-Espero que logre despabilarme y sea mejor que este espantoso café en vaso de cartón que ha traído, Padge.

-Aunque creo que será de su agrado, aquí las elecciones de los detectives a cargo se realiza por orden y no por favoritismos, por lo que me tiene sin cuidado tu gusto, Vincent -bromeó ella signando su expresión con un guiño.

-Enviaré una solicitud al jefe para corregir semejante aberración. Hay algunos que les queda realmente holgada tal designación cuando siquiera pueden descubrir qué llevan colgando a sus espaldas -respondió Holmes con un muy poco disimulable sarcasmo al tiempo que se levantaba de la silla y retiraba del perchero su sobretodo gris. -Puede ponerme al tanto del caso, señorita Padge.

-¿Será muy difícil que me llames Denise? -respondió inquisitivamente ella al tiempo que acomodaba suavemente sus cabellos hacia atrás y se echaba a andar. -Tenemos un masculino de cuarenta y cinco de años de edad y que al parecer se suicidó con un arma calibre 45.

-¿Qué dijo Balística?, además de imaginar como simios el calibre por la edad...

Denise ignoró el comentario.

-La trayectoria de la bala concuerda con la hipotética posición del cadáver antes de jalar el gatillo. Pareciera no haber ningún tipo de anomalías allí.

-El calibre es bastante casero, usualmente utilizados para defensa personal. Dudo que haya tenido habilidades de tiro pero tampoco es muy difícil acertarle a los sesos a medio milímetro de distancia.

-Tu frialdad me sorprende Holmes, pareciera que es un don de familia. Espero no tengas descendencia. Por otro lado, sería un dato a confirmar.

-Explícame porque calificaste el suicidio como "aparente"-inquirió Holmes sin siquiera dignarse a responder los comentarios de Denise, tal como si nunca hubieran acaecido.

-De camino a la escena lo haré. Calme la ansiedad, Saint Holmes -respondió Padge con una sonrisita en su rostro.

-Prefiero el laicismo de Vincent, Denise.

-Ya no estamos entendiendo, Holmes -finalizó ella mientras sonreía satisfecha por hacerle ladear los ojos al gran inspector.

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La señorita Padge y Saint Vincent Holmes salieron del 222B de Baker St., la nueva oficina de Scotland Yard construida a pedido de la mismísima Elizabeth II y a metros del 221B de Baker Street en honor al inspector privado y amigo personal de la realeza: Sir Sherlock Holmes, abuelo y mentor de Saint, quien pese a todas las oposiciones que había puesto en su momento el padre de Saint (George) logró influenciar de tal manera que Inglaterra vio en el joven inspector Holmes la idéntica figura de quien fuera el más grande asesor de la seguridad Londinense. Con un pequeño movimiento de bastón, herencia del abuelo Sherlock, Saint logró que un taxi se detuviera automáticamente frente a él y Denise. Subieron inmediatamente y Holmes dio sus indicaciones.

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