Capítulo 3

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Presente. Febrero 2017:

—Se condena al acusado a veinte años de cárcel.


Hace 8 meses. Junio del 2016:

Darío:

El día de la entrega del relato para Creación literaria había llegado, Darío había trabajado muchísimo en su nuevo proyecto para intentar convencer a su profesor Ernesto que había aprendido y mejorado. Pero éste había vuelto a ridiculizar su obra porque seguía siendo demasiado infantil, su escritura era mediocre, seguía sin poner en práctica todo lo estudiado en sus clases teóricas y la trama seguía siendo poco creíble, incluso para un niño. Ernesto se cansó de repetirle que eso no era lo que quería y Darío se encontró sin opciones. Iba a suspender.

Por eso, hoy, cuando Darío recibió la llamada telefónica de su padre explicándole que si no aprobaba esa asignatura "de una maldita vez" le dejaría de pasar dinero, tendría que abandonar la carrera y buscarse un trabajo porque se negaba a pagar otra matrícula de esa "estúpida asignatura de mierda". Las palabras de su padre calaron hondo en la mente de Darío que no paraba de repetirlas en su cabeza. Se negaba a volver a su casa sin carrera, le asustaba ser un fracasado y que, el resto de su familia, le humillara por no haber podido sacar una carrera tan fácil como esa. Sería una decepción para su padre que trabaja con escritores, para su madre, que también trabaja rodeada de libros. Y para él mismo. No podía permitirse ese fracaso y haría lo que fuera para demostrarle a su padre que se equivocaba.

Aprovechó que su amigo Noel había salido a correr por la mañana como hacía todos los días. Esta vez le dijo que no se preocupara si tardaba más de lo normal porque después de correr quería darse un baño en la playa con su hermano Donato, aprovechando la llegada del verano y del fin de las clases. Así que Darío dedujo que tendría más tiempo a solas en su casa, entró en la habitación de Noel y ahí, como si supiera lo que iba a hacer y le estuviera esperando, estaba el ordenador portátil de Noel encendido.

Tenía la pantalla apagada, pero solo bastó un movimiento del ratón para que la pantalla se iluminara de nuevo. Apareció el escritorio del ordenador y Darío se encontró con decenas de carpetas, cada una con el nombre de uno de sus relatos, donde, aparte del archivo en Word, también había imágenes de actores y actrices que representaban a los personajes, incluso dibujos, mapas, árboles genealógicos, resúmenes, portadas, información de investigación acerca de un hecho histórico u de otra índole y muchas cosas más. Darío se sintió algo abrumado desde el primer momento. No solo por la cantidad de información que había en el ordenador de su amigo, sino por el hecho de tomar conciencia de lo que estaba haciendo y de lo que iba a hacer: robarle una de sus historias a su amigo.

Una historia en particular le llamó la atención porque el título de la carpeta en la que estaba guardada era precisamente "Sin título". Darío pensó que si esa historia no tenía título era porque, quizás, su amigo había comenzado a escribirla hacía poco tiempo y todavía no la había dado a conocer. A lo mejor era un proyecto que nunca acabó o algo en lo que estaba trabajando como hobby, algo para sí mismo y no para la universidad y, por tanto, había todavía menos posibilidades de que alguien conociera esa historia y se diera cuenta del plagio.

Sacó su pequeño pendrive de su bolsillo, lo abrió e insertó el objeto en el puerto USB del portátil de Noel. Copió la historia y lo dejó todo como estaba antes de que irrumpiera en la habitación de su compañero de piso. Volvió a su habitación, pasó la historia que acababa de copiar a su portátil y editó algunos detalles. Le dio nombre a la historia después de leerla. La tituló directamente "Las aventuras de Philippe Quinault". En cuanto terminó de editar los detalles que creyó necesarios, pasó su revisión final de nuevo al pendrive y se dirigió a una papelería cercana a imprimir y encuadernar la novela terminada de Noel que contaba con 220 páginas.

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