Capítulo V: Donde se prosigue la narración de la desgracia de nuestra princesa

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En el capítulo anterior, nuestra Princesa a Caballo se retiró del hostal gracias a un resplandor de cordura que a su casa le hizo volver para aprender a cocinar. Pero, en eso se encontró con el musical de la Princesa Sirena, que le hizo retomar su función de salvadora. En el mall, que era donde se representó el show, dio a conocer su nobleza, su misión y con la actriz de la Princesa Sirena pudo conversar y al público pudo convocar como nuevos súbditos que para ella tales eran. Con la alegría de tal desventura, siguió su camino con orgullo que se le subió a la cabeza, y se topó con un grupo de muchachas y muchachos que al mall se dirigían, a los que les pidió que confesaran la grandeza de La Princesa a Caballo. Por su negativa, nuestra princesa los castigaría pegándoles stickers con caritas tristes, pero no vio una roca grande que adelante se encontraba y cayó botando los stickers y a su caballo MLH.

Todavía en el suelo y estando ya lejos el grupo de muchachas y muchachos que iban al mall, La Princesa a Caballo se puso a reflexionar respecto a su caída. No era lógico —decía su secada cabeza— que ella no se hubiera dado cuenta de la roca que la desplomó. Por ello, debía ser que la roca sí la esquivó y que otra persona, objeto o poder fue lo que provocó su caída. Así se le asentó en su cabeza que la roca no era la culpable, sino las tres cosas que antes razonó, es decir, una persona que usó un objeto con poderes la que le hizo tropezar y caer que, por su naturaleza mágica, no pudo ver ni mucho menos detener.

Ensimismada en sus pensamientos, le nació declamar las siguientes palabras como manifestación de su desdicha, desazón y rabia por la desventura que le ocurrió hacía pocos momentos:


Mi caballo al piso he botado sin más,

a mi amigo querido yo lo solté,

en el suelo nada más quedó como ven,

y esto no me podré perdonar jamás.


Asimismo al suelo yo también caí,

y los stickers tampoco protegí,

y el castigo a esa tropa no hice,

por lo que mi misión tampoco sirve.


¡Oh, no, eso jamás volverá a pasar!

los hechizos no me van a maltratar,

ya que yo antes de ellos los voy a atacar.


Nunca nadie me derrotará jamás,

con la magia no me vencerán ya más,

¡La Princesa a Caballo los vencerá!

Y quiso la suerte que acertó a pasar por allí una vecina de su mismo lugar, que venía de comprar una carpa y tres sacos de dormir del mall, la cual, viendo a nuestra princesa allí tendida, se llegó a ella y le preguntó qué mal sentía que tan tristemente se quejaba. La Princesa a Caballo creyó, sin duda, que aquella era la Princesa Sirena, y así, no le respondió otra cosa sino repetir sus versos que su cabeza memorizó una y otra vez y cada vez con mayor pasión.

La vecina, al verla tirada y repitiendo una y otra vez sus versos, dio en cuenta que cuerda ya no estaba, así que pensó irse nada más. Pero justo cuando pensó en hacerse la lesa (indiferente) y dejarla, llegó a pensar que todo era muy extraño y que, en una de esas, podría ser alguna cámara indiscreta que en ese momento se grababa. Era de esas señoras cahuineras, o sea, que iban de chisme en chisme, y la idea de que se tratara de una cámara indiscreta le provocó tanto temor del qué dirán que sacó lo mejor de su corazón, intentó sacar caridad lo que más pudo para que, al verla en TV, las personas la respetaran y la quisieran o, mejor dicho, que los demás dijeran eso, pues solo del qué dirán vivía. Por ello, dijo lo siguiente:

La Princesa a Caballo. Desventuras de una youtuberDonde viven las historias. Descúbrelo ahora