Las cosas comenzaron a salir rodadas. Aunque en esa semana estaba viendo poco a Tom me sirvió para ponerme al día con el trabajo y ayudar a Frank a intentar localizar a la persona que me mandaba esos mensajes. 

El tratamiento de mi madre se había estancado un poco y estaba pensando seriamente si ir a visitarla a Boston. Estaba dejando pasar demasiado tiempo sin ir a verlos y yo misma lo necesitaba. El problema principal era que no quería ir sola y George no podía acompañarme. La mera idea de comentárselo a Tom me ponía nerviosa.

La mañana del Jueves Tom había conseguido un poco de tiempo para pasar conmigo y ¿cual era el plan? Hacer la compra, sí, mi querido Tom había sacado el tiempo para mi haciendo la compra pero menos era nada.

—Elizabeth, ¿podrías estarte quieta un momentín?—Hizo un gesto con las manos para que viera lo poco que debía quedarme quieta. Yo había empezado a corretear por el supermercado en busca de unas cuantas naranjas, necesitaba movimiento para que Tom no se diera cuenta de que estaba nerviosa.—Estás muy nerviosa hoy.—Pero se había dado cuenta.

—¿Yo? No, solo quiero acerlerar las cosas para volver a casa lo antes posible.

—Aunque volvamos a casa temprano no podemos hacer nada.—Empujó del carrito hacia otro pasillo y yo me monté en un lateral.—Tu espiritu infantil se está dejando ver  mucho.

—No me importa que Fabiola esté en casa, me da igual.—Me bajé del carro cuando paró en los lácteos.

— Pero a mi no, señorita.—Con un toquecito en la nariz puso punto y final a cualquier posibilidad de sexo.—¿Tienes alguna preferencia de leche?

—Desnatada, ¿por?

—Curiosidad.—Cogió un par de cartones de leche desnatada y los colocó dentro del carro, sonreí y le miré.—¿Que pasa por tu mente?

—¿Voy a quedarme a desayunar en algún momento?

— Siempre que quieras.

—No, siempre que quiera no.

—Siempre que ambos podamos.

—Tu televisión es la gloria, Tom. Por mi me quedaría todos los días en tu cómodo sofá. ¿Porque es tan cómodo? Estará hecho de nubes, como tu pelo.

—Sí, estás muy nerviosa. Cuéntame.—Volvió a empujar del carro y volví a subirme al mismo.—Voy conociéndote así que no intentes mentirme.

—No me conoces tanto como crees. Quiero ir a ver a mis padres y a idea me pone nerviosa.—Mentí, él me miró con el ceño fruncido pero sin parar de sonreír.—Deberías ser un poco menos guapo ¿sabes? Rozas lo repugnante.

—Soy repugnantemente guapo. ¿Es un elogio?—Asentí y con un movimiento certero en su dirección me quitó de encima del carro.—Entonces tú eres vomitivamente hermosa.

— No queda tan bien como repugnantemente guapo.

—Y mi pelo está hecho de nubes...siempre pensé que el pelo era una fibra de queratina.

—Pues ahora sabes que son nubes.

—¿Marshmallow?

—Coge un par de paquetes.

Después de terminar la tremenda compra pusimos todo en el coche y Tom condujo hacia su casa. Llovía, para no perder la costumbre. En cuanto llegamos encontramos a Fabiola preparando el almuerzo de Tom con cierta prisa.

—¿Me has echado de menos todo este tiempo?—Fabiola no había desperdiciado ni un solo momento desde que había entrado en la cocina, me disparó la pregunta justo cuando entré.

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