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Pen Your Pride

Capítulo 44 | Una niña y un niño

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-Disculpe señorita, pero no puede pasar -escuchamos la voz de otra enfermera quien parece estar deteniendo a alguien que desea pasar a la habitación de Camilo-. El paciente ya tiene visita y sigue en cuidados intensivos, debe esperar su turno.

La enfermera, Camilo y yo nos quedamos en silencio para escuchar respuesta de la otra persona. Los tres estamos atentos y los tres nos llevamos una sorpresa al escuchar la voz acelerada que le responde.

-No me importa que Camilo este vivo o muerto, acompañado por los personajes más importantes del mundo o la divina providencia, vengo a llevármelo -puedo jurar que esa voz sofocada es la de Alex, mi cuñada-. Es una emergencia de vida o muerte y si no me deja pasar me voy a poner gritona o violenta.

¿De cuándo aquí Alex es tan agresiva?

-Diría que un ángel viene por mí -murmura Camilo tratando de incorporarse- Sin embargo creo que es una enviada del Rey Demonio.

-¡Camilo! -exclama Alex ya un poco más alterada que hace unos segundos-. Espero que estés despierto porque de lo contrario yo te despertaré a golpes.

Sonrío.

Incluso vuelvo a pensar, ¿a qué se debe tanta violencia?

¿Será que viene a confesarle su amor?

¿A luchar por él?

Camino hacia la salida para permitirle la entrada a Alex, pero el escenario que me encuentro no es muy alentador o de una mujer enamorada dispuesta a despertar a besos a su amado.

-¡He dicho que me deje pasar! -entre sus manos sostiene una silla de ruedas. Sube y baje violentamente su pecho. Esta agitada. Sus mejillas sonrojadas y sus ojos gritan desesperación-. Me hará apartarla a balazos -amenaza llevando su mano hacia atrás de su chaqueta.

La enfermera no sigue discutiendo y se aparta. Entra corriendo y ni siquiera nota que, literalmente, me dio con la puerta en la cara.

-¿En serio traes un arma? -la cuestiona Camilo con un brillo muy peculiar en su mirada. Creo que esta dichoso de verla.

-No vengo a hacer vida social -responde con acidez mi cuñada-. No traigo un arma conmigo, he aprendido de Madel a hacer drama y aprovechar todos los recursos posibles para obtener lo que quiero. Luego tendremos tiempo de abrazarnos y discutir el futuro, así que no me veas con esos ojos que expresan alegría, amor, nostalgia y melancolía -remoja sus labios mientras se acerca a él para ayudarle a levantarse y sentarse en esa silla de ruedas que trajo. Ambos parecen incómodos, pero tranquilos, como si ese minuto de estar frente uno del otro haya quitado un enorme peso de encima-. Será mejor que olvides todo dolor, sentimiento y mundo. Tus hijos están a punto de nacer y Eliana te necesita.

Veo asentir y palidecer a Camilo de inmediato.

-Hola cuñada -me saluda Alex con una sonrisa-. ¿Jugando a las escondidas? -cuestiona avanzando y dejándome prácticamente atrás-. No es momento de jugar hermanita, Eliana nos necesita.

Me quedo con las palabras y todo mi drama en la boca. Ella solo me guiña el ojo y se pierde por los pasillos. Trato de seguirles el paso, pero en el fondo analizó más la situación que se presenta antes mis ojos. Eliana y Alex se volvieron unidas desde que Camilo llegó a este hospital con una bala atravesada que lo mantenía al borde de la vida y la muerte. Ambas al verse angustiadas por mi mejor amigo, dejaron sus posiciones de lado y empezaron a darse ánimos y consuelo. Aunque la situación era temerosa para todos nosotros, ellas fueron creando un fuerte vínculo entre sí, a tal grado de que mi cuñada comenzó a cuidar a Eliana todos los días y las noches.

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