Capítulo 43 (II)

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—Elliot, para...

—Todavía nos pueden encontrar. Además, no...

—¡Ya llegamos a la orilla del lago!

El ojiazul estaba tan concentrado en alejarse de todos, que no se había dado cuenta de que ambos estaban llegando a los límites del agua con la tierra. Con un veloz movimiento de pies se detuvó y soltó a la joven, que terminó frente a él y tan enrojecida que no se atrevía a voltear.

—Bueno. Ya me trajiste así que ahora...

—Sí, pero primero... —, con un exagerado bostezo y tras tallarse los ojos, Elliot se acercó y recostó su cuerpo sobre la espalda de Madison. Aquello arrancó un par de gritos en la muchacha, que no tardó en intentar quitarse mientras decía, a voz de cuello.

—¡No! ¡Hazte para haya!

El muchacho no permitió que se fuera. Cerró sus brazos en torno a ella y volvió a bostezar.

—No puedo. Estoy cansado...

—¿Cansado? Cansada la que te voy a plantar... ¡Elliot!

—Quédate quieta. Mientras más te muevas peor se va a poner la cosa...

—¿Qué...? —, a la morocha se le vinieron mil y un palabras para terminar aquella frase, y ninguna le gustaba.

"¡Ah! ¡Hazte para haya!... ¡Yo!... ¡Si sigues así no voy a poder detenerme! ¡Elliot!"

"¿Y? ¿Quién te dijo que te reprimieras?... Porque yo definitivamente no..."

Sin pensar mucho en las consecuencias, Madison hizo uso del poco autocontrol que aun poseía y metió mano a sus habilidades como Oidilian.

"Haber si es cierto que sirven..."

Elliot apenas estaba procesando sus palabras, cuando la joven le dio un buen empujón y se apartó de él. Todo en cuestión de segundos.

"Estúpida... Solo déjate llevar y ya... No sabes lo bien que se siente"

"Otra vez esa voz... ¡Esa no soy yo!"

El chico se levantó del piso con la frente arrugada y dijo, con una sonrisa mucho menos torcida que otras que le había visto.

—¿Qué? ¿Por qué hiciste eso?

La chica retrocedió un par de pasos y negó.

—Estamos en pleno campo.

—¿Y? No hay nadie cerca.

—No —, al ver que la muchacha en verdad se encontraba alterada, la sonrisa de Elliot se tornó una mueca falta de humor y asintió.

—Ok. Ya entendí... Ahora, ¿podrías dejar de alejarte? Me siento como un vejestorio acorralando a una niña.

El comentario era para que Madison se relajara, pero en su lugar esta terminó rompiendo en carcajadas.

—Técnicamente, eres un vejestorio acorralando una niña... En tú mundo yo soy menor de edad.

Ambos terminaron riendo por la comparativa, y Elliot aprovechó la rotura de la tensión para darle la buena noticia a su acompañante.

—Madison —, la chica lo miro a los ojos —. Hable con Yuhëen y dice que nuestro trato con Ancör ha terminado... Podemos volver a casa.

"Volver... Sí. Es lo mejor. Tienen que hacerlo... No pueden seguir en este mundo, además, con mí... Con Carolane y los otros creo que nos la podremos apañar bien. Son rápidos, saben pelear y..."

La leyenda de la dama de la noche Vol.I - ANCÖR ©¡Lee esta historia GRATIS!