Adelanto libro II. Reinado de la Oscuridad

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Los invito a que hechen una miradita a lo que se viene. Espero les guste este pequeño obsequio de mi parte

 Espero les guste este pequeño obsequio de mi parte ❤

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"Mi querido ángel:

Lo siento. No hubiese querido irme de esta forma justo ahora, pero surgió un asunto importante que requiere mi presencia fuera de El Refugio de manera urgente. Volveré ponto, lo prometo. Cuídate y cuida a nuestro pequeño. Y recuerda: a pesar de mi momentánea ausencia, prometo que siempre estaré para ambos cuando más me necesiten.

Con amor, Daniel"

-Siempre, excepto ahora. ¡No puedo creer que Daniel se haya ido justo en este momento! ¿Cómo pudo solo dejarme esta insignificante nota de despedida?

Enfurecida, hice un bollo con la carta y lo arrojé lejos de mi, tal como ya había hecho varias veces, dejando como resultado un trozo de papel arrugado, desgastado y machacado, el cual debía alisar cada vez que deseaba volver a leer.

Intenté adivinar una vez más la razón de su extraña y repentina partida, sin demasiado éxito.

"¿Qué podía ser eso tan urgente e importante para que él abandone de esa forma vil a su mujer y a su hijo recién nacido, dejando tan solo una nota?" No sabía si iba a poder perdonarlo alguna vez por ello.

-Cálmate Alise. Seguramente sí se trataba de algo urgente e importante. De otra forma no te hubiese dejado sola. ¡Estamos hablando de Daniel, mujer!-Musitó Safira, levantándose de la silla donde se encontraba y recogiendo el bollo de papel del piso.

Había sangre de nereida corriendo por las venas de esa chica y por un momento me recordó a aquella que había conocido en la Tierra Mítica, tan empeñada en defender a Daniel, como la otra a los bebés cangrejo.

Safira guardó la arrugada carta en el bolsillo de su pantalón deportivo, seguramente para evitar que continuara estropeándolo, pero no me importaba.

"Más daño le haría a Daniel cuando regresara."

-¡No puedo calmarme! Lo mataré ni bien vuelva. Ni siquiera se despidió adecuadamente. -hice un mohín-Han pasado casi dos meses y no he recibido noticias suyas... Además Nicholas no está bien y no puedo contar siquiera con la ayuda de su padre.

Caí abatida sobre la cama, "nuestra cama", la que aún conservaba su aroma a cielo y a rayos de sol. Ella se sentó junto a mí y colocó una mano sobre mis cabellos acariciándolos, con gesto preocupado.

-¿Por qué dices que el niño no está bien? Lo vi apenas ayer y gozaba de una perfecta salud.-Preguntó contrariada.

-No me refiero a eso, no está enfermo, pero no actúa como un niño normal.-expliqué- Él jamás llora, ni se queja, ni siquiera sonríe como los bebés normales.-cambié de posición y me incorporé-Es más, el otro día algo extraño sucedió.

Me levanté entonces y abrí le cajón de una de las mesas de noche que estaban junto a la cama. Saqué de allí dentro una pequeña avecilla azul, la cual estaba petrificada, y se la enseñé a mi amiga.

-Hallé esto en su cuna.-acerqué el avecilla que yacía en el hueco de mi mano, hacia su rostro.

-¡Por favor Alise! ¿Para qué guardas eso?-Hizo una mueca de desagrado, echándose para atrás- ¿No creerás que Nicholas tuvo algo que ver con esto? Es solo un bebé.

Yo me encogí de hombros, y volví a colocar al ave muerta en el cajón de la mesa de noche.

-¿Lo dices enserio?-ella achicó sus ojos al contemplarme y negó de manera rotunda-El ave bien pudo haber muerto de causas naturales.-alegó- Además dices que Nicholas no actúa "normal" cuando sabes perfectamente que no lo es.-tenía que darle el punto en ese aspecto. Había sangre mágica corriendo por sus venas- Y aunque lo fuera-siguió- ¿Desde cuándo no llorar o berrear es algo raro o malo? ¡Más bien deberías agradecer que tienes un niño tranquilo y bueno como un angelito!

Recordé a los ángeles guerreros mientras combatían demonios y no estuve tan segura de su pasividad.

-De acuerdo...no sé... puede que tengas razón.-puse mis ojos en blanco-Digamos que no lo mató-ella frunció el ceño y fijó sus ojos agumarina en mí-¡Ok no lo mató! pero solo digo que es extraño haberlo encontrado muerto justo allí, en su cuna...

-¿Sabes lo que creo?-ella se levantó mi frotó mis brazos con sus manos, como si con tal gesto pudiera quitarme los nervios de encima-que estas tensa por la ausencia de tu esposo y eso te tiene mal y te ha puesto paranoica.

-¡No estoy paranoica!-me defendí y ella me miró con incredulidad, como diciendo "¡¿vamos, bebés que asesinan indefensas avecillas?!" Entonces recapacité, porque puede que sí sonara un poco alocada mi teoría-De acuerdo, quizá debería relajarme un poco...Sucede que tampoco estoy durmiendo bien.-Confesé, mordiendo mi labio.

Mi amiga me destinó una mirada compasiva. Sabía lo que eso significa.

-¿Han vuelto las mismas pesadillas...?

Su pregunta era casi como una afirmación. Asentí con un gesto y bajé la mirada un momento. Hablar de aquello me afectaba.

-Sí, pero no exactamente las mismas. Ahora son... más intensas.

Hice una pausa y medité si contárselas a Safira o no, pues eran realmente embarazosas. Ella pareció notarlo.

-Anda Alise sabes que puedes contarme lo que sea. Somos amigas, no voy a juzgarte.-Me animó.

-Es que me da vergüenza Safira...-Le di la espalda dirigiéndome a la ventana. Tal vez si no la miraba resultara más fácil hablarle- ya que de no ser porque es "él" quien las protagoniza, te diría que no son pesadillas, sino sueños...placenteros sueños...

No la veía aun, pero podía sentir como ella se sobresaltaba, al tiempo que mis vellos se erizaban al recordar.

-Cuéntame...susurró y yo inhalé una bocanada de aire, cargando mis pulmones, mientras me infundía valor a mi misma, antes de hablar.

-Sueño que estoy acostada sobre una cama cubierta de pétalos de rosas, esparcidas sobre blancas sabanas de seda. Hay velas brillando alrededor, iluminando tenuemente la desconocida habitación. De pronto una figura masculina irrumpe en ella y mi corazón se acelera, mientras mi cuerpo se agita, pero no tengo miedo, sino más bien es como si el deseo se apoderara de mí. Entonces él se acerca suavemente, rozando mis pies y subiendo por mis piernas con sus gélidos dedos del color del marfil, haciendo que mi piel se erice con su contacto.-en ese momento del relato, mis manos estaban envolviendo mi cuerpo, en un abrazo intimo- Al principio no logro distinguir su rostro porque lo mantiene en penumbras, pero cuanto más cerca lo tengo, más anhelo sus labios, sus manos... su cuerpo.-cerré mis ojos un momento, y las sensaciones e imágenes me invadieron, me embargaron, mientras continuaba hablando-Logro divisar el fulgor dorado de sus cabellos y en ese punto del sueño me doy cuenta de que esa persona no es Daniel, ya que su cabello no podría ser más negro.-suspiro apenada por lo que voy a decir- Sin embargo, me alegro por eso e invito a ese hombre a acercarse más y más, hasta poder ver su rostro por completo. Distingo sus facciones angulosas y aquella mirada desafiante e impetuosa, de sus intensos ojos, justo antes de que ambos nos besemos-abro mis ojos enfocándolos aun en la ventana, contemplando mi propio rostro, completamente ruborizado, sofocado, en el cristal.-En ese momento despierto generalmente, sobresaltada, jadeando y empapada en sudor...pero peor aun-cierro mis puños, clavando mis uñas en mis manos, para aliviar tensión- me despierto deseando que el sueño no acabe, que continúe, mientras susurro indefinidamente su nombre...Jonathan.

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