-También te extrañé. Deberías habernos dicho que renunciarías.

-Lo sé, y lo siento. Fue repentino, no esperaba que las cosas sucedieran tan rápido.

Junhong tenía este dulce tono de voz cada vez que quería convencer a alguien, y en aquel momento podía sentir todo el azúcar saliendo de su boca. Sonreí a medias y antes de que desapareciera, sentí a mi corazón encogerse, haciéndome temblar un poco. Por el rabillo del ojo, veía al muchacho de piel acaramelada acercándose, preocupado por mi reacción.

-Felicitaciones chicos, por fin lo lograron. Estoy tan orgullosa.

Retrocedió. Sólo uno de ellos me miraba en ese momento, mientras el otro se mantenía mirando su teléfono, tratando de parecer desinteresado luego de su inconsciente muestra de afecto.

-Sabes por qué lo hice, ¿verdad? Sabes que fue por ti...

El sonido de su voz, una que no había sido capaz de escuchar por un largo tiempo, chocó contra mis oídos, haciendo que mi pecho sintiera un pequeño dolor.

Ni Junhong ni yo esperábamos que hiciera una afirmación como aquella.

-No. Hiciste esto por ti. ¿Qué ganaría yo con eso?

-Volví a esta ciudad porque no podía soportar mi vida en esa isla sin ti, sabiendo que estabas aquí. Vine porque prefería perder todo lo que me hacía feliz con tal de estar a tu lado. Poco sabía acerca de todas las cosas que nos iban a pasar aquí...

Todavía no levantaba su cabeza, pero no era necesario porque su voz y el tono que tenía, me lo decían todo. Estaba lastimado, había llorado tantas veces antes y después que hablamos aquella última vez. Me odiaba, no tenía derecho a hacerle todo lo que le hice.

Junghong sintió que no tenía lugar en aquella mesa, así que decidió levantarse e irse. Los dos comenzamos a echarnos la culpa por la sorpresiva reacción del muchacho. Luego de aquello, nos mantuvimos en silencio, como si en realidad estuviéramos solos. Los minutos se fueron así hasta que uno de los camareros vino con la cuenta.

Después de pelear por quién iba a pagar, caminamos fuera del lugar con los hombros pesados y los rostros largos. La ciudad ahora estaba mucho más hermosa de lo que estaba cuando salí del hotel. Las pequeñas hojas cayendo en el apenas húmedo suelo, las ventanas empañadas de los colectivos, las parejas tomándose de las manos, la suave música proveniente de algún café...todo comenzó a moverse lentamente, así como mis pasos.

No esperaba que Daehyun me siguiera, después de todo, parecía seguir enojado (y con razón). Pero ahí estaba, sus pasos sonando detrás de los míos, su respiración un poco agitada, sumándole a la belleza de la escena... Cuánto iba a extrañar esa ciudad... Cuánto más iba a extrañarlo a él. Comenzó a acercarse y silenciosamente, sentí su mano tomando la mía, muy fuerte. Miré a mi lado y sentí la tibieza transportándose a mi cuerpo.

-Soy lento.

-¿Qué?

-No puedo creer que hayas tenido que planear esto con Junhong.

-Lo siento. Necesitaba verte y sabía que no me atenderías el télefono.

-Podemos dejar nuestros problemas atrás...realmente no puedo estar lejos de ti.

No lo merecía, ni a ninguna de las palabras que me decía en aquel momento. Alguien como él no debía quedarse al lado de alguien que no estuviera a la altura de la pureza de sus sentimientos.

-Gracias.

-¿Por qué?

-Viniste, te quedaste. Y ahora estás aquí, caminando conmigo.

Tenía que decirlo. Quería hacerle saber lo agradecida que estaba con él, y con todas las cosas que había hecho por mí.

-Nunca te dejaría caminar sola. Además, el clima está hermoso, sería una lástima volver a casa sin disfrutarlo.

Las pequeñas arrugas alrededor de sus ojos comenzaron a aparecer, y yo dejé que cada dolor que mi cuerpo sentía, se esfumara.

-Aquella vez...realmente lo siento...

-Fue demasiado intenso ¿no es así?

Sonreí.

-Pero nosotros somos así.

-Tienes razón.

Estaba intentando detener el miedo al futuro, un futuro sin la luz del sol, porque él era ese sol en mi vida. Sostener su mano dolía. Mirar dentro de sus ojos cada vez que nos deteníamos en algún lugar, dolía. Estar a su lado, sabiendo que nada me bendeciría como su compañía, dolía.

-Y...dime, ¿estás ansioso?

-¿Por qué?

-Tu debut, está demasiado cerca.

-Un poco. Tal vez esté menos ansioso si sé que vas a ir.

Otra vez dolía.

-Te conseguiré entradas.

Seguimos caminando y finalmente llegamos al parque que estaba cerca del hotel en el que me quedaba. Nos sentamos en una de las bancas y miramos al cielo en plena gloria. Los pájaros, nunca cansados de volar, las hojas cayendo sin parar, la tristeza del adiós cercano.

-Daehyun, ¿sabés qué?

-Movió su cara hacia un lado, para poder ver la mía.

-Extraño la playa...la extraño tanto. Esos atardeceres y el helado que solíamos comer debajo ese árbol después de comer... ¿Tú también la extrañas?

-Algo...Pero contigo aquí, creo que podemos tener nuestra propia isla. Podemos sentarnos en algún lugar frente a ese ridículo río al que nos llevaste, y allí comprar esos horribles helados que venden en las tiendas. Miraríamos a la gente pasar, llena de obligaciones...

No podía aguantarlo más. Unas lágrimas comenzaron a rodar por mis mejillas.

-Lo sé, suena terrible. Quiero regresar también, pero no puedo.

-Lo siento Daehyun, yo...

Se transformó, pasando de lucir triste a estar luego preocupado. Me acarició la cabeza un poco y me miró por un largo tiempo.

Después de unos minutos sin decir palabra, sin movernos de nuestras posiciones, un teléfono sonó y nos quedamos sin tiempo. Tenía que decírselo antes de que se fuera.

-Está bien, voy a estar allí en seguida. Voy a tomar un taxi.

Otra vez el miedo. ¿Qué sucedería si se iba sin darme la oportunidad de despedirnos? Me odiaría cuando se enterara después.

-Daehyun, yo...

-Lo siento Alena, tengo que irme ahora mismo. Algo urgente sucedió, pero voy a llamarte luego ¿está bien?

Una sonrisa amarga estaba estampada en su rostro hasta que lo vi desaparecer en una de las intersecciones del vecindario. Él realmente se había ido y no tuve la oportunidad. Realmente sucedió así.

Mi cuerpo estaba demasiado pesado como para cargarlo, así que me quedé en la banca, observando cómo la gente corría a esconderse de las lágrimas que el cielo comenzaba a llorar. El corazón podía caberme en el bolsillo, y mis emociones estaban todas desparramadas. Se había ido, y la última cosa que me dejó fue esa triste sonrisa. 

I'm gonna make you love me  [BangYongguk]¡Lee esta historia GRATIS!