El Retorno. Parte I

359 124 62

Queridos lectores:

¡Hemos llegado al capitulo final! Como siempre, les expreso mi gratitud y afecto. No estaría aquí sin su apoyo incondicional y es por eso que este capitulo va dedicado a todos ustedes.

maygomez1513 kariis78 jorge1617 carliita69 emiliano7322 adriv1959 dan1722 saritamellark_08 romiladiosa JaxWilson06 LaChicaAnonima18 Chicaenamorada93 DaisySalazar27 TaniaLiberaliss ILoveR5yPhinabellaEstefaniaJerezDeMoli barbie0526 scarlettbennet balbotoa AlexFavre elchiconoanonimo AdormarisTorrealba ivicats Mirx__Luzaellechi mariacross96 sebymelano44 NatashaCo Escriboymegusta foreveralone1824 _PituC_febrero2001as CelyLove95 justanotherreader04 majosapra clarymorgen2 y todos aquellos que olvido mencionar, incluidos lectores fantasmas!

Los amodoro

Volver fue grato

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.


Volver fue grato.

Aun cuando no había sido de lo más placentera mi estancia en El Refugio, las cosas cambiarían para todos desde nuestro retorno.

Daniel y yo, repartimos el agua milagrosa a los enfermos con gran éxito, alegando, para proteger el secreto de la Tierra Mítica y del agua de la energía vital, que era una poderosa y secreta medicina creada allí mismo, en nuestro mundo.

Según "esta nueva historia" Daniel era un prestigioso científico que trabajaba en laboratorios secretos militares cuando se desató la guerra, y había estado elaborando la "mágica" droga con la finalidad de sanar heridos de combate terminales o soldados enfermos de gravedad, por las armas bacteriológicas que se usaron, y de esa forma evitar bajas masivas en el ejército. Argos estaba al tanto de todo, por su condición de militar, y por ello se había empeñado en encontrar a Daniel, para que pudiese fabricar la medicina allí y acabar con la enfermedad. Sin embargo, él y su esposa habían fallecido antes de que la medicina milagrosa se pudiese fabricar y sus cuerpos, habían sido cremados a la brevedad, colocándose un par de lapidas en los jardines en conmemoración a su recuerdo.

La historia funcionó bien. Nadie la cuestionó, y sospechaba que nadie lo haría jamás. Si existían puntos oscuros, ningún humano en su sano juicio se esforzaría por cuestionarlos, ya que después de todo: Argos había muerto, y ni siquiera sus "últimos actos" y esfuerzos de hallar la cura, lo investirían de gloria, ni borrarían años de esclavitud, opresión y tiranía.

El Refugio adquirió al fin su auténtico significado y se convirtió en un lugar seguro para todos los humanos que quisieran formar parte de el, sin importar su procedencia y sin tener que entregar nada a cambio para permanecer.

Los trenes y los soldados que quedaron tuvieron una nueva función: se transformaron en los buscadores de los últimos supervivientes de las guerras escondidos en Las Ruinas.

La fábrica se volvió una escuela y los bienes del palacio se repartieron por igual entre los habitantes, así como también las tierras. Cada familia se encargaba de su propia parcela, intercambiando los productos obtenidos en una especie de trueque.

El imperio dictatorial de Argos se disolvió por completo. Las decisiones importantes eran tomadas por algunos miembros escogidos entre la misma comunidad, que votaban en una especie de Consejo o Asamblea pública. Daniel jugaba un rol fundamental en esta toma de decisiones, ya que se había convertido en un "ciudadano ilustre" por todos los servicios prestados.

Así fue que entre todos, fuimos organizando las bases de la nueva sociedad; bases que representaban valores como la paz, la cooperación, la libertad y la responsabilidad de acción, lo cual significaba que si alguien hacía daño a otro o infringía la ley debería responder, cumpliendo tareas diversas en beneficio de la comunidad. Era una especie de retribución o acción positiva nueva frente a una acción negativa anterior, aunque hasta el momento no se había puesto en práctica, porque los habitantes de El Refugio no causaban disturbios.

Con respecto a mí, podría decirse que ocupaba en el Consejo el puesto de Daniel en su ausencia, lo cual implicaba una gran responsabilidad y hasta me otorgaba cierto poder, algo que me hacía sentir sinceramente incómoda. Nunca había deseado tener nada que ver con el poder, ya que este trae más consecuencias que beneficios. Sin embargo, no podía rehusarme, cuando tanta gente confiaba en mí, ni tampoco podía evitarlo, porque Daniel estaba a cargo de ciertas "expediciones especiales" y debía ausentarse en reiteradas, y cada vez más desesperantes, ocasiones.

Eran pocos los que conocían nuestro secreto, entre los que se encontraban los antiguos integrantes del Circo por ejemplo, que formaban parte del grupo de buscadores, cuya tarea era hallar mágicos Santuarios ocultos en la tierra.

Iris nos había indicado los sitios exactos donde aquellos se hallaban; y dicho grupo tenía también la misión de llevar allí a otros sobrevivientes del ruinoso mundo que, para sorpresa de todos, eran muchos y cada vez aparecían más, por lo que había que encontrarles un nuevo sitio donde pudieran volver a empezar y en El Refugio original quedaba cada vez menos espacio.

La Reina de Tierra Mítica había decidido no regresar por el momento a la tierra, aunque ahora podía hacerlo, puesto que nuestro mundo ya no representaba un peligro para sus criaturas. En lugar de eso, había enviado a un ángel mensajero, poco después de nuestra llegada, para informarnos que demoraría más de lo previsto. Aún estaba enfocada en la tarea de hallar al hijo del tirano, del cual no se habían vuelto a tener noticias. Parecía que la tierra había vuelto a tragárselo.

Vera tampoco vendría por el momento, ya que estaba ayudándola en la localización de su hijo.

Así era cómo estaban las cosas... y las ocasiones en las que me encontraba sola eran cada vez más frecuentes. 

Místicas Criaturas. El Refugio ~En Físico PRÓXIMAMENTE~¡Lee esta historia GRATIS!