Ángel Supremo. Parte I

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−¡Eres un ángel! −exclamó Daniel, admirando mi transformación, absorto

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−¡Eres un ángel! −exclamó Daniel, admirando mi transformación, absorto. –Pero... ¿cómo?

Entonces le expliqué lo que había sucedido mientras él estaba sumido en aquel estado onírico: mi encuentro con Iris, el viaje a la Montaña Sagrada, la revelación sobre nuestro vínculo y sobre la profecía. En ese punto debió reconocer sus mentiras, y me pidió disculpas por haberme ocultado "ciertas" cosas y yo, por mi parte, también lo hice.

Finalmente le conté que Iris me había otorgado el agua de la energía vital, para curar a los enfermos de El Refugio, la cual había salvado también mi vida.

Él se inclinó para recoger los fragmentos de aquel extraño envase cristalino que contenía el elixir, ahora completamente roto y vacío.

−¡Bien hecho mi ángel! –sonrió, mientras me envolvía en sus brazos, acunándome contra su pecho, donde podía sentir el acompasado latido de su mortal corazón.

Cerré mis ojos y suspiré.

−Yo gané alas y tú las perdiste...−hice un mohín, mientras me separaba de él y nuestras miradas conectaban.− ¿Por qué lo asesinaste? Sabías las consecuencias...

−Por las mismas razones que tú mataste a Argos, a pesar de que también conocías los riesgos: justicia...−cerró sus ojos un momento −En mi caso, por Vera.

La mención de mi tía hizo que mi corazón se acelerada dando ligeros tumbos en mi esternón. Mi nuevo corazón era mucho más susceptible a los estímulos emocionales.

−Si hubiera podido también hubiera aniquilado a Darius por lo que hizo y tú estarías libre de cualquier castigo. −musité.− Te hubiera protegido al igual que tú intentaste protegerme siempre.

−No importa eso ahora mi ángel... No hablemos de castigos.−dijo evasivo y acarició mi cabello, el cual había incrementado su longitud, y me llegaba a la cintura.

También el agua había cambiado eso. Hasta se veía más lozano y de un intenso tono dorado, como el oro.

A pesar de que empezaba a sospechar de que Daniel nuevamente me estaba ocultando algunas cosas, se la dejé pasar, pues estaba de muy buen humor por el triunfo.

−¿De qué quieres hablar entonces? –inquirí rodeando su cuello con mis brazos y dejando un beso en la comisura de sus labios, los cuales se estiraron en una sonrisa.

−De la maravillosa forma en la que evadiste a la muerte −me guiñó uno de sus perfectos ojos zafiros.

Yo esbocé un gesto de confusión.

−Evadirla dices...

Daniel se encogió de hombros.

−Es una forma de decir...Técnicamente moriste, ya que al beber del elixir mágico lo que fuiste dejó de existir y tú renaciste en un nuevo ser.

Mis labios formaron una perfecta "o" ante su comentario.

No lo había pensado de esa forma, pero tenía razón.

La profecía se había cumplido a la perfección. Argos había fallecido por mi mano y yo había muerto y renacido, cumpliendo mí designo. Solo faltaba llevar a los habitantes de El Refugio el elixir y librarlos de su enfermedad y mi objetivo estaría integro.

Todo había salido perfecto, (si omitía el detalle de la perdida de las alas de Daniel, claro).

−¿En qué piensas? −inquirió él, ante mi falta de respuesta.

−En varias cosas, pero principalmente en lo mucho que te amo –admití −y en lo feliz que estoy de haberte encontrado −volví a posar mis labios sobre los suyos, suaves y cálidos. Su sabor celestial no había cambiado.

Él formuló una media sonrisa, pero noté la tensión en su cuerpo e incluso percibí el irregular latido de su corazón.

−¿Qué tienes?−cuestioné entonces.

−¿A parte de un severo caso de enamoramiento?... –suspiró. –Estoy algo inquieto por saber cómo ha terminado la lucha. Cuando me fui, nuestro bando tenía la ventaja y estaba ganando.

−Solo hay una forma de estar seguros de lo que ha pasado. Iremos a ver a Iris a la Montaña Sagrada e iremos volando.

Estaba deseosa de probar mis nuevas alas.

Él me miró con cierta vileza.

−Me pregunto si ¿sabrás usar esas bonitas alas, tan bien como yo? –presumió.

−No creo que lo haga así de bien...− lo rodeé con mis brazos otra vez, sujetándolo fuertemente −Lo haré aún mejor mi amor – añadí y antes de que él pudiera decir algo volví a imprimir un beso en sus labios, mientras nuestros cuerpos se elevaban por el aire. 

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