Perdida en el abismo. Parte III

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Queridos lectores:

Se acerca el fin T.T y siempre me pongo sentimental en este punto. Me faltan subir dos capítulos, repartidos en partes para concluir la historia, así que espero que me sigan acompañando en lo que resta de la travesía.

Por favor, presten mucha atención a esta lectura porque estos capítulos marcaran demasiado a los personajes en el futuro. Y sin ánimo de dar spoilers, mucho de lo que pase aquí está vinculado con el Libro dos de esta saga: "Místicas Criaturas El Reino de la Oscuridad", que espero también disfruten leyendo.

Como siempre, gracias a todos los que leen y apoyan la historia. En esta ocasión hago mención especial a los recientes lectores que se han sumado, y que aunque no han llegado a este punto, cuando lo hagan sabrán que les expreso mi gratitud y mi sincero cariño.

Gracias elchiconoanonimo ; @elchicofantasma02 Escriboymegusta RocioAshelen foreveralone1824 ksophia1503

También quiero agradecer especialmente a NatashaCo por su increíble reseña sobre mi historia y por haberme otorgado el puesto "Nº 1" en su top semanal de mejores novelas; e invitarlos a que lean sus escritos y se acerquen a su visitar su reciente trabajo, el cual posiblemente les sea de utilidad.

Los amodoro!

PD: Llegué al #50 en Fantasía *-*

Durante el descenso vi el rostro de Darius deformado, producto del asombro o la conmoción, contemplándome desde arriba

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Durante el descenso vi el rostro de Darius deformado, producto del asombro o la conmoción, contemplándome desde arriba.

El maldito no había logrado alcanzarme a tiempo, pero eso no importaba pues de todos modos mi vida se agotaba.

Pronto, a su imagen se sumó la de Daniel que, aunque no estaba presente físicamente, convivía conmigo en mi mente.

Imaginé su hermoso rostro y las palabras de un adiós no pronunciado, resonaban en mi interior:

‹‹Daniel, mi amor, ni siquiera pude decirte lo mucho que te amo. No volveré a sentir el tibio rose de tus labios o la suave caricia de tus manos. Tampoco volveré a mirar tus insondables ojos de cielo, ni a oír el melodioso latido de tu corazón cantando en tu pecho...››

La desidia me abrumó.

El primero en desplomarse fue el tirano. Su cuerpo sin vida impactó de lleno contra el suelo, y allí quedó tendido, en una postura desgarbada y grotesca, sobre las rocas.

Cerré mis ojos, abandonada a mi muerte, y sentí mis lágrimas cayendo por mis mejillas. Faltaba poco para el impacto.

‹‹Ojalá su poder fuera tan fuerte como el del elixir mágico›› pensé. Y la revelación sobrevino.

Aún tenía la gema diamantina que contenía el agua conmigo, en mi bolsillo. Saqué el recipiente, lo abrí en un santiamén y bebí el contenido rápidamente, justo antes de que mi cuerpo recibiera el impacto.

Seguía respirando.

Estaba viva y también justo al lado del maldito Argos, pero podía soportarlo.

Mis ojos contemplaron la inmensidad del cielo que ya se había aclarado completamente.

‹‹Quizá la lucha ha terminado también›› medité.

Intenté voltearme de lado y levantarme, pero no podía moverme. Mi cuerpo se negaba a obedecerme.

No sentía ningún dolor, sino lo opuesto, la quietud y la paz me invadían.

Por un momento la idea de que había bebido el elixir demasiado tarde para que llegara a hacer algún efecto surcó mi mente.

‹‹Tal vez solo este presente aquí de manera espiritual››

Voces distantes irrumpieron mis pensamientos. Una especie de discusión proveniente de arriba de la montaña. Reconocí la de Daniel, el verdadero, no aquel de mis recuerdos.

Lo vi, asomándose hacia el precipicio y me di cuenta que mis sentidos se habían modificado, porque aunque me hallaba al pie de la montaña, podía oír y ver con minuciosidad todo aquello que sucedía arriba, donde ambos hombres estaban.

Advertí que Daniel reconocía el cuerpo de Argos. Su expresión era de alivio y regocijo, pero cuando sus ojos zafiros se posaron en mí, esta cambió y su rostro se cubrió de sombras.

Él creía que yo estaba muerta y yo no tenía certeza de no estarlo. 

Una beta de tristeza afloró en sus ojos cristalinos, pero pronto aquel sentir transmutó en odio, pues percibí a Daniel arremetiendo contra Darius, descargando contra aquel toda su furia y frustración.

La luz de sus alas refulgía y recorría el resto de su cuerpo. Era como una estrella de fuego plateado, brillante, poderosa.

El miedo era visible en el soldado, pues su faz era una máscara blanca.

El ángel vengativo tomó su fornido cuerpo ágilmente con sus manos, como si estuviese hecho de aire y lo arrojó hacia el precipicio.

Luego de algunos gritos desesperados, escuché el peso de su cuerpo impactando contra el pedregoso suelo, a unos metros nuestros, donde los cadáveres se acumulaban.

Después todo quedó en silencio    

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