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Reto 25

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Consigna: Utiliza toda tu creatividad para describir de manera cómica un relato de una visita a la peluquería con final dramático.


¡NO TE RÍAS!

—Yo soy peluquera —dijo ella levantando la cara de esa mesa en que, literalmente, babeaba.

—¿Y trabajas extras? —preguntó el chico—. He querido cortarme el cabello desde hace meses, pero antes de mi trabajo aún no hay peluquerías abiertas, y después de él ya están cerradas.

—No suelo hacerlo, pero puedo considerarlo. Creo que tengo tiempo justo ahora, ¿quieres? —preguntó creyendo que esa mueca extraña en su rostro era una sonrisa. Él se lo pensó por un segundo, ¿en serio confiaría su cabello a la prima del guasón? Claro que sí, estaba tan ebrio que a punto de tener una respuesta se olvidó de la pregunta.

Se pusieron de pie con dificultad, caminaron chocando con cuantas personas había en su camino, y se alejaron trastabillando por las oscuras calles mientras el estridente sonido se quedaba atrás, dejando en ellos la sensación de un espacioso cuarto hueco en sus cabezas.

—Me llamo Luis —dijo él rompiendo el silencio mientras ella intentaba desesperada e inútilmente encajar la llave en la cerradura.

—No te pregunté —dijo ella deteniendo sus torpes manos y ambos se miraron con seriedad por medio segundo para ponerse a reír histéricamente después de ese tiempo.

—Deja que te ayude —pidió el chico que sentía congelarse, no sabía cuánto, pero era mucho el tiempo que llevaban fuera de ese establecimiento.

—Shhh —hizo ella—. No me distraigas —pidió y miró la llave que no quería entrar en la cerradura—. Ah —alargó el sonido haciendo girar la llave en su mano—. No es esta —dijo y volvió a reír desaforadamente, justo como su compañero. Cambió de llave y logró abrir la puerta.

—¿Qué mierda? —preguntó el chico viendo una tienda de disfraces cuando ella encendió las luces.

—Está arriba —indicó la chica que señalaba el techo de ese local, entonces caminó a la escalera en forma de caracol que estaba en la esquina—. Vamos —pidió sacándose los zapatos. El chico la miró, levantó los hombros, los dejó caer e hizo lo mismo. Así que un par de ebrios sin zapatos comenzaron a intentar subir la escalerilla.

Ella comenzó de pie y continuó a gatas, su cuerpo no podía con el equilibrio que pedía esa escalera de forma irregular, por eso terminó casi arrastrándose hacia arriba. Era difícil, y lo fue mucho más cuando sus carcajadas se hicieron presentes, sobre todo cuando, por entre dos escalones, se escapó una de sus zapatillas y, aunque lo intentó, no logró atraparla, solo quedó con la mano colgando entre dos tiras metálicas. 

Se sentó de nuevo y volvió sobre sus nalgas al primer piso, dando pequeños saltitos de escalón a escalón sin lograr ponerse de pie, divirtiendo al chico que la había mirado batallar para subir y no lo había logrado. 

Igual, después de tiempo, y de muchas risas, pudieron llegar a la segunda planta. La chica rebuscó sus tijeras en un enorme cajón, pero no daba con ellas, por eso sacó cuantas cosas tenía allí guardadas, sacando también el viejo estuche de barbería que su padre había dejado en ese lugar que, antes de ser de ella, fue de él.

—Siempre he querido que me rasuren con una de estas —dijo el hombre pasando la navaja por la faja en que la limpiaban.

—Yo puedo hacerlo —dijo la chica y ambos se miraron hasta que ella cayó de sentaderas. Debido a tanto alcohol en su sistema no podía mantenerse de pie con facilidad, por eso, cuando se concentró en otra cosa que no eran sus pies, cayó. Y todo fueron risas de nuevo.

La chica se levantó del piso, justo como un bebé lo hiciera. Y caminó hasta el chico para empujarlo a la silla giratoria que, con mucha dificultad subió, pues ella estaba ebria y el chico pesado. Una vez estuvo la silla alta, batalló intentando colocar el seguro, y lo hizo después de un rato de soportar el peso en una de sus piernas.

Entonces recostó la silla y comenzó a llenar la cara del chico de espuma. Incluso las cejas, provocando que ambos rieran. Luego le limpió la cara e hizo bien su trabajo, concentrada en lo que debía, aunque aún se tambaleaba.

"Las manos recuerdan un trabajo bien hecho por mucho tiempo" se dijo y comenzó a delinear la cara del chico.

—¡No te rías! —pidió la chica bufando una risa también. El chico que hasta hace medio segundo dormitaba en la silla había comenzado a reír de pronto—. No puedo trabajar si me estoy riendo —explicó intentando parar de hacerlo.

—Bien, bien, continúa —pidió el chico y ella terminó de afeitar el rostro—. Con cuidado —pidió el hombre al sentir como la navaja se posaba casi cerca de su clavícula. Mientras estaba con los ojos cerrados su sentido de supervivencia le había susurrado que era peligroso que una chica ebria le pusiera una navaja en el cuello. Por eso intentó levantarse y alejarse de la chica peluquera.

—No te muevas, es peligroso —dijo ella un poco aterrada—. Podría matarte —explicó mientras el seguro de la silla rebotaba por los movimientos bruscos del chico y la navaja en su mano delineaba el cuello del chico que estaba en la silla, haciéndole un corte profundo que disparó un chorro de sangre a su cara.

Aterrada le vio caer al suelo, ni siquiera quedó en la silla. Después de que la silla volviera a lo más bajo que podía estar, el chico, que sangraba exageradamente, se fue narices al piso y no se movió más.

Ella miró la navaja ensangrentada en su mano, y también se fue al piso. Donde fue encontrada a la mañana siguiente, mirando a la nada y diciendo repetidamente—: Yo no le pregunté... se llamaba Luis, pero yo no le pregunté...



¿Esto está gracioso? Lo lamento, mi creatividad está mermada por la gripe, tengo mucha ¿Alguien quiere un poco? xD Quizá no debería publicar si estoy tan dispersa por la enfermedad, pero tengo que hacer algo o me quedaré dormida en pleno trabajo. Por eso estoy publicando, para poder después darme cuenta si soy tan zonza como me siento cuanto tengo gripe jeje

Deseo les gustara el capítulo, ya lo revisaré pero no creo que lo cambie. Gracias por leer, besos hermosuras. 

52 Retos de escritura 2017¡Lee esta historia GRATIS!