Reto 39

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Consigna: Desarrolla un relato en forma de carta.


QUERIDO TÚ...

Hola... no estaba segura de cómo debía iniciar esta carta, si con un saludo o una disculpa. Pero pensé que después de disculparme no me atrevería a escribir nada, por eso escribí hola.

Sé que ha pasado tiempo, demasiado tiempo sin que tuviéramos señales uno del otro. Aunque seguro a ti, como a mí, te llegaron rumores de lo que era mi vida, como yo supe de la tuya. Sé que sales con alguien, es educada, hermosa y rica. Según tú hermana la cuñada perfecta. Al parecer mi casi mejor amiga no me quería como esposa tuya.

Supongo que sabes que me casé, tu hermana dijo que le contaste nuestra historia y que me habías perdonado y te odié demasiado. No deberías perdonarme, porque perdonarme significa que no te duelo demasiado, y si no te duelo es porque no me amaste tanto como yo quería, como yo te quería a ti.

Sí, a pesar de qué salí corriendo después de no aceptar casarme contigo, yo te quería demasiado. Te amaba. Con toda mi vida y mi corazón te amaba. Aún te amo, aunque no necesites saberlo, aunque no quieras creerlo.

Supongo que no te interesa tampoco, pero justo ahora puedo decirte la razón de semejante y ridícula huida.

Conocí a una chica, su nombre no importa, ella dijo que era tu prometida y se casaría contigo aunque tú, yo, o todo el mundo nos opusiéramos. Me reí de ella, le dije bastantes cosas impropias y desagradables, estaba furiosa, su arrogancia me ponía molesta. Luego vino tu hermana y dijo que tenías prometida, que habías accedido a casarte con ella, que incluso habías comprado un anillo de oro blanco, con un zafiro azul precioso, justo como el que me hubiera encantado me entregaran a mí.

Me preocupé, pero fue solo un poco, confiaba demasiado en ti como para no imaginar que ese anillo era para mí.

Tenía curiosidad sobre la chica, así que, junto a tu hermana me colé a una fiesta, íbamos de incognito para que yo conociera a su futura cuñada y te vi sentado a su lado, acariciando su espalda y riendo con ella. Intenté convencerme que era mera cortesía, pero estaba perdiendo las esperanzas cuando eras capaz de sonreírle a ella como lo hacías conmigo.

Luego cancelaste nuestras citas, por tantas idiotas razones como quise creerte. Y finalmente, el día de mi cumpleaños, demostraste todo lo idiota que fui por tenerte tanta fe. Cuando pusiste la cajita afelpada en la mesa me llené de emoción, pensé que todo estaba bien y que estaría mejor; pensé que las cosas volverían a la normalidad y sonreí tan idiota como era.

No pude dejar de sonreír, me reía de mí, descubrir ese pequeño aro dorado lleno de piedritas me hacía sentir tan idiota como nunca me había sentido. Te miré con los ojos llenos de lágrimas, pero no de emoción, me sentía tan devastada que decidí no quitar mi sonrisa, debía ser fuerte por un rato más. Pero, cuando te hincaste frente a mí, cuando pediste que fuera tu esposa, no supe qué pensar. ¿Te casarías con ambas?, ¿romperías luego el compromiso con ella... o conmigo? No tenía las fuerzas de quedarme a descubrirlo.

Dije que no y me fui. Tan lejos como mi ego herido lo pedía y, aunque cada día qué pasé sin ti me arrepentí de no haber aceptado tu propuesta y pelear porque ella saliera de nuestras vidas, pensé que no me equivoqué cuando vi ese zafiro azul deslumbrando en su dedo cuando salió en la revista.

Y me casé. Descubrimos que yo estaba embarazada y no podía ser madre soltera. ¿Qué diría la gente?, guardar las apariencias es parte también de mi acaudalada familia. Mi madre consiguió un marido para mí y un padre para nuestro hijo, que nunca sabrá de ti y al que nunca conocerás.

Tu hermana no sabe del embarazo, no le diría, no te daría ni una sola pista de nosotros, mucho menos después de enterarme que te casarás con la chica de nombre sin importancia y la dueña de ese anillo que yo quería. Tú te casarás con ella intentando ser muy feliz y yo, yo quemaré esta carta que no enviaré y nunca leerás; esta carta en la que no me disculpo porque no tiene caso ya.

Hasta nunca amor de mi vida, padre de un hijo que no tendrás. Hasta nunca tonto idiota que me gusta pensar siempre me amará. Porque tu hermana me ha contado como, después de que me fui, desapareciste una semana y te encontraron encerrado en el establo, ebrio y llorando mientras te aferrabas a un aro dorado lleno de piedrecillas.

No sé qué malentendí, pero sé que las cosas no fueron como las estuve imaginando. Yo me equivoqué y nos hice mucho daño. Por eso solo dejaré que sigas tu vida, porque no te mereces que aparezca de nuevo a poner patas arriba el orden que has logrado.

Seamos felices, cada quien por nuestro lado. Puedes odiar nuestros recuerdos, por mi parte voy a atesorarlos; y sobre nuestro hijo, que llevará tu nombre, lo amaré tanto como tú lo hubieras amado. Feliz San Valentín, mi maldito sueño frustrado.



Estoy un poco obsesionada con los matrimonios frustrados xD Estoy viendo un dorama donde ha habido bodas canceladas al por mayor y no tengo otra cosa en la cabeza. Pero la idea de las cartas que no llegan a su destino me reencantan. Por eso escribí este reto de tan dramática manera. Deseo les haya gustado, gracias por leer. Besos.  

52 Retos de escritura 2017¡Lee esta historia GRATIS!