Retos 14 y 19

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Consigna reto 14: Describe una historia cuyo punto de partida comience con el final de toda la trama. La idea es que tomando el desenlace como inicio hagas un recordatorio de cómo se ha llegado a esa situación.

Consigna reto 19: Escribe un relato cuyo personaje atormentado solo vea el suicidio como solución.


SIN FUTURO NI ESPERANZAS

Miré de nuevo al precipicio y me volví a decir que era lo mejor, me dije que estaba bien, que así todo terminaría, entonces lloré de nuevo, me disculpé con mi madre, con mi hermana, con mis amigas y con todas esas hermosas personas que me tenían al menos un poco de aprecio.

Me perdoné lo idiota que había sido y me tiré, deseando con todas mis fuerzas que el imbécil que me había llevado a la orilla del precipicio cargara con mi muerte por el resto de su vida, y que un día, cansado de tanta culpa, se tirara detrás de mí.

Mientras caía pude ver mi vida pasar frente a mis ojos, y sonreí convencida de que esta era la única forma de acabar con tanto dolor. Aunque no contara como solución, morir era mi única salida.


FLASHBACK

Me mordí de nuevo los labios, sentada en la sala de espera del aeropuerto estatal, mirando los dos tiquetes en mi mano sin terminar de decidirme a abordar ese vuelo e irme. No dejaba de preguntarme qué era lo que estaba haciendo allí si la respuesta en mi cabeza no era nada clara. Actuar imprudentemente nunca me dio buenos resultados, pero una parte de mí decía que si no salía huyendo terminaría muriendo.

No dejaba de preguntarme ¿qué haría yo sola por quince días en una ciudad que no conocía nada?, ¿qué haría con esa suite matrimonial donde solo me hospedaría yo?, ¿con quién conocería la tirada de pueblillos que habíamos elegido visitar? Pensé que al menos debí pedir a mi hermana que fuera conmigo pero ¿cómo iba a arrastrar a alguien a este incordio? No podía.

Un agujero en mi estómago y el nudito en mi garganta no me permitían despojarme de la inseguridad e incertidumbre. Mi mente seguía pintando los peores escenarios para mí, pero eso quizá solo era mi faceta pesimista saliendo a relucir, y es que, después de tanto, ser optimista no era algo que pudiera hacer.

No podía decidir ente irme y quedarme, y de pronto pensé que daba lo mismo, con lo agonizante que estaba seguro que, lejos o cerca, igual moriría. Y pensé que era mejor lejos de todos esos que amaba y no podía hacer sufrir.

Estaba huyendo, y me sentía tan cobarde por ello, pero sentía que no podía hacer nada más. Y esa era justo la razón que no me permitía tomar mis maletas y volver a casa. No me sentía capaz de hacer otra cosa que no fuera huir. Toda mi vida había sido una constante lucha por ganar valentía. Desde pequeña me prometí que sería lo suficientemente fuerte para que nadie me lastimara como lo habían hecho con mi madre, y hoy estaba parada en la puerta de salida sin sentirme capaz de mirar hacia atrás, y con el alma tan rota que estaba muy segura jamás se repararía. Toda mi vida luché por ser valiente, y hoy no podía más que salir huyendo como una vil cobarde, incapaz de superar que me rompieran el corazón.

No estoy segura cuantas horas pasé sentada en una de esas incomodas sillas. Mi espalda comenzaba a quejarse pero mi corazón gritaba mucho más fuerte su agonía, así que solo ignoraría lo que al resto de mi cuerpo le ocurriera.

Respiré profundo, ignorando algunas otras cosas, como la señora al frente de mi asiento que me miraba compasiva, o al adolescente que no dejaba de recorrer mi pecho con la mirada. Sonreí irónica, esta situación hace un par de días me hubiese molestado bastante. Hace un par de días de buena gana le hubiese plantado una bofetada al crio y le hubiese regalado una mirada matona a la señora. Pero hoy no tenía ánimos de defender mi ego, ese estaba tan herido que lo único que deseaba era poder repararlo, al menos un poco.

52 Retos de escritura 2017¡Lee esta historia GRATIS!