Desde la muerte. Parte III

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−Aquí viene la parte dónde todos se alegran porque finalmente no morí

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−Aquí viene la parte dónde todos se alegran porque finalmente no morí. –dijo el recién llegado haciéndome un guiño fugaz. Luego, desvió su mirada verde venenosa hacia Daniel, formulando una torcida sonrisa, que le concedía un tono sombrío a su perfecto rostro "de ángel" −Bueno, tú quizá no te alegres tanto, pero qué más da, no se puede complacer a todos −se encogió ligeramente de hombros.

−Te tardaste en salir de tu escondite Jonathan. Aunque las ratas siempre buscan el abrigo de las sombras...Tal vez debiste quedarte donde estabas, pues ahora te arriesgas a ser exterminado −masculló Daniel, con la mandíbula apretada.

Yo por mi parte, estaba atónita. No podía creer lo que veía y oía, pero mi ángel no parecía tan sorprendido con la aparición de mi primo.

El joven hizo omisión del discurso de Daniel, como si sus palabras no tuvieran para él significado.

−Estaba seguro de que tú no te tragarías tan fácil la historia que te contó mi estúpida nana sobre mi muerte−un mechón de su cabello rubio se deslizó por su rostro, volviendo sus ojos aún más oscuros. –Te he observado, y tienes "cierta" astucia.

−En cambio no puedo decir lo mismo de ti –retrucó Daniel. –Tu farsa fue demasiado obvia. Los síntomas que Isabel describió y tu estado post mortem se parecían mucho al efecto producido por las uvas "falsa morte". Lo único difícil fue determinar en cuál de los múltiples agujeros del Palacio estabas metido.

Jonathan soltó una carcajada y un aplauso. Seguía sin reaccionar ante las provocaciones de mi ángel, y sabía que su actitud indiferente y sardónica no hacía más que empeorar sus ánimos. En cualquier momento volaría hacia el maldito hijo del tirano y le arrancaría la cabeza.

−¡Felicidades angelito! Realmente estoy impactado con tu ingenio −ironizó. −En cuanto al aguje...−hizo una breve pausa en la que nuestros ojos conectaron de nuevo –lugar en dónde estaba metido, creo que tu novia responderá mejor a eso.

Su mirada lasciva me causó calosfríos.

−Eres un auténtico hijo de Argos –soltó Iris en ese momento y yo no pude estar más de acuerdo con sus palabras, pues para mí, sonaban al peor de los insultos.− ¡¿Cómo te atreves a irrumpir en mis tierras y qué es lo que buscas aquí?!

Los ojos de la Reina ardían con fuego divino.

Jonathan reparó por primera vez en ella, o mejor dicho, se dignó a prestarle atención.

−Mis disculpas Su Majestad –el cretino hizo una falsa reverencia −Pero me pareció entender que todos los seres sobrehumanos estábamos invitados a venir aquí. Aunque francamente todo este lugar −hizo un gesto abarcativo −no es mi estilo. Demasiadas hadas revoloteando por ahí. Debí deshacerme de algunas en el camino porque sus insoportables cánticos me daban migraña, en fin...−volvió a sonreír− En cuanto a lo que busco es fácilmente predecible. Quiero el agua de la energía vital, como todos.

−Jamás tendrás acceso al elixir Jonathan y ni siquiera creas que saldrás de esta bien librado. Es hora de que finalmente alguien te haga pagar por tus viles actos. −las manos de Iris empezaron a irradiar energía.

−Seguramente sería sorprendente ver cómo la "Gran Iris" imparte justicia. Y ese efecto que haces con tus manos ¡uy! parece mejor que un show de fuegos artificiales. –dijo sardónico- Sin embargo, no creo que deba recordarte la sagrada Ley Divina, que prohíbe a los ángeles asesinar humanos −comentó sonriendo de lado –Y yo, tengo también sangre humana en mis venas, por lo que te aconsejo no te pongas pesada.

Iris aminoró la fuerza de su magia, aunque aún se mostraba a la defensiva y mantenía su aire combativo.

−Matar humanos está prohibido, pero no defendernos cuando estos atentan contra nosotros, y ciertamente tú lo estás haciendo. −era Daniel quien hablaba, haciendo tronar sus manos. Era evidente que pensaba usarlas muy pronto –Así que te aconsejo que no te pongas pesado –se burló− o yo estaré gustoso de romperte algunos huesos. − comenzó a dar unos pasos hacia Jonathan.



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