Desde la muerte. Parte II

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Aunque el sol desde lo alto, imponía su luz, en su hermoso cabello aun anidaba la oscuridad de la noche

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Aunque el sol desde lo alto, imponía su luz, en su hermoso cabello aun anidaba la oscuridad de la noche. Era tan negro y brillante como el ónix y contrastaba con la blancura de su tez.

Suspiré al contemplar una vez más aquellos rasgos suaves, perfectos...inmejorables.

−¿Este espejo es como una bola de cristal verdad? Te enseña lo que quieres ver−aventuré.

−En realidad muestra los deseos del corazón, los anhelos más puros y sinceros.

−¿Pero cómo sabías que vería a Daniel? –dije ruborizándome.

−No hace falta tener dones de adivina para saber lo que anhela tu corazón querida.−la Reina sonrió con cierta picardía.

−¿Qué ves tú?−me animé a preguntar.

−En este momento a ti Alise... solamente te veo a ti.

Ambas sonreímos, pero de pronto, su rostro adquirió una expresión de alerta. Sus brillantes ojos ambarinos se opacaron repentinamente, adquiriendo matices de oro oscuro y noté que el medallón alado que colgaba de su cuello de la Reina resplandecía, proyectando una intensa luz dorada.

−Algo anda mal. −exclamó, al tiempo que se llevaba la mano al medallón −Han penetrado las puertas de Tierra Mítica por la fuerza. −demasiadas preguntas se arremolinaron en mi mente, pero no había tiempo para hablar.− Hazte a un lado querida, voy a abrir un portal. Los intrusos están en el bosque encantado. –añadió –Será mejor que te quedes aquí, por seguridad.

Mi corazón latía desembocado. En aquel lugar estaba Daniel en pleno estado de letargo, totalmente indefenso y vulnerable. Si había peligro cerca suyo, pedirme que me quedara allí al margen era algo inconcebible.

−Yo iré y no hay nada que puedas hacer para detenerme, así tenga que llegar a pie.−señalé con firmeza.

A pesar de que el tiempo apremiaba, la Reina se tomó un momento para observarme. Imaginaba que debía verme como una niña terca montando una escena y que pronto vendría la reprimenda, pero en su lugar ella dijo:

−De acuerdo guerrera, andando.

Acto seguido movió sus manos en círculos y rayitos de luz blanca comenzaron a emanar de estas como si fueran chispazos u ondas de energía eléctrica.

Un portal se fue formando ante mis ojos maravillados. Iris tomó mi mano y sentí una poderosa fuerza envolverme.

−No te sueltes −anunció y me arrastró dentro de aquella puerta luminiscente.

Llegamos al bosque, al sitio exacto en el que habíamos dejado a Daniel

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Llegamos al bosque, al sitio exacto en el que habíamos dejado a Daniel. Para mi tranquilidad él seguía intacto al amparo de la sombra del árbol, que de pronto había adquirido la forma de un perfecto corazón.

Miré al cielo, y comprobé que en efecto la luz solar había disminuido. Adiviné que era la hora crepuscular.

−Despierta Daniel –ordenó Iris con un tono firme, pero igualmente musical.

Él abrió sus ojos dormidos, los cuales estaban alertas y de inmediato conectaron con los míos.

Sus alas, en tanto, brillaban arduamente y parecían encendidas con fuego celestial.

−¿Qué sucede?− preguntó, mientras caminaba a mi encuentro, para envolverme en sus brazos −¿Están bien?

−Lo estamos por ahora, pero he sentido la presencia de intrusos en nuestras tierras, y por el brillo de tus alas sé que no se trata de visitantes amigables –informó la Reina

−Pero los demonios no pueden penetrar los portales, ¿verdad? –cuestioné.

Daniel estaba a punto de responder pero una voz ajena habló por él.

−La regla no se aplica para los atractivos.

Una figura apareció, saliendo como un fantasma, entre las sombras de los árboles cercanos.

Reconocí aquellos ojos inconfundibles penetrantes ni bien se posaron en los míos haciendo que se me helara la sangre.    

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