- Alisson ¿No crees que es demasiado? –me preguntó mi madre cuando le conté lo que tenía planeado para Kian-

- No, él me ha hecho cosas peores mamá.

- Creo que lo que te ha hecho hacer fue muy bueno, te haría bien practicar un poco de deporte más seguido.

- ¡No solo me hizo practicar lacrosse! Me ha hecho parecer una loca en frente de muchos chicos.

- Te llevó a un concierto..

- Solo para que me sentara con él en clases.

- ¿Y no es un lindo gesto? –me preguntó sonriendo- creo que gusta de ti.

Rodee los ojos.

- De la única persona que gusta es de si mismo.

Mi madre negó con la cabeza y agarró su cartera para ir a trabajar. Tan pronto como abrimos la puerta, escuché el rugido de un motor y maldije por dentro. Estaba esperando no tener que pasar por esa incómoda situación de tener que presentarle a mi madre, Kian.

Kian bajo de su moto con una sonrisa de oreja a oreja y se acercó a nosotras.

- Hola Alisson –me dijo dándome un beso en la mejilla y se dirigió hacia mi mamá- Usted debe ser la señora Aspen ¿no es así? Estoy encantado de conocerla.

Mi madre le sonrío mientras me miraba de reojo.

- Oh, por favor, llámame Rachel. Tu debes ser Kian, mi hija me habló mucho de ti.

La fulminé con la mirada, no le había hablado tanto de él.

Kian me miró alzando las cejas.

- ¿En serio? Espero que hayan sido cosas buenas.

- Por supuesto, ella esta muy feliz de que seas su amigo, eres el primer amigo hombre que tiene luego de Sebastian y eso--

- ¡Mamá! –chillé- creo que se te esta haciendo tarde para ir a trabajar.

Ella miró su reloj y se alejó de nosotros con prisa.

- Cuídense por favor ¡y no vuelvan muy tarde! Si Kian quiere puede quedarse a tomar un té luego de cenar.

- Muchas gracias Rachel –le contestó Kian despidiéndose- lo haré.

Cerré los ojos con fuerza, no me gustaba para nada que a mi mamá le cayera bien Kian y menos que Kian actúe tan encantador en frente de ella.

- Ya deja de comportarte así y entra –le murmuré a Kian-

Cuando entramos a mi casa, le señalé con la cabeza la cocina.

- ¿Qué piensas hacer? –me preguntó entre cerrando los ojos-

- Ya te enterarás.

Kian se sentó y yo me acerque a la heladera para sacar cubos de hielo y luego fui a buscar una aguja. Kian abrió mucho los ojos.

- ¿Qué piensas hacer con eso?

- Te voy a horadar las orejas.

- ¡¿Qué?! ¿No quieres también prestarme un vestido y teñirme el pelo de rosa?

- ¿Prefieres ir con un vestido a que te perfore las orejas?

- ¡Ninguna de las dos! –protestó- yo no te obligué a pasar dolor físico.

- ¿Ah no? Supongo que todas las veces que me caído en el entrenamiento y las veces que me han dado pelotazos no cuenta como dolor físico.

Kian suspiró.

¡Esto es guerra! [Sin editar]¡Lee esta historia GRATIS!