Reto 4

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Consigna: Escribe una historia en la que salves la situación con un mayúsculo deus ex machina.


ROMEO, JULIETA Y... ¿WILLIAM SHAKESPEARE?

Ella entró al aula de clases y bufó un suspiro. El chico le miró con desagradable sorpresa y farfulló algo que le molestó a ella. Ella le insultó y él se burló de ella, haciendo una seña obscena que casi le causó ternura a la chica. Pero lo odiaba demasiado para que fuera así.

El profesor de la clase entró al salón callando todas las burlas y risillas que provocaron en sus compañeros. Esta maleada relación estaba con ellos desde hace tanto tiempo, y ellos eran tan creativos, que siempre resultaba entretenido verlos hacer algo más. Por eso ella había estado decepcionada de él. Levantarle el dedo medio, ¿en serio? Ternurita.

Todos los chicos hicieron lo que el profesor pedía y fueron a sus respectivos lugares. Ellos se miraron con desdén y tomaron el asiento contiguo a su más acérrimo enemigo. El profesor que tutoraba su clase tuvo la brillante idea de sentarlos juntos. Pero eso no era lo único que el profesor tenía para ellos.

Él estaba tan cansado de las bromitas pesadas —que iban desde colocar líquido incoloro en la silla del otro, hasta llenar la tiza con polvo pica pica cuando al otro le tocaba limpiar la pizarra— que buscaba por todos los medios obligarlos a aprender a convivir.

El pueblo donde vivían era pequeño, tanto que no había posibilidad de desconocer a cualquiera de sus habitantes. Todos los chicos de los grados habían sido compañeros desde siempre, y todo el mundo sabía que ese odio que se tenían ni siquiera era de ellos. Lo habían heredado de unos tátara tátara tatarabuelos que ni siquiera conocían.

—Julieta y Romeo se harán cargo de la organización del evento de clase para la feria escolar —dijo el profesor y todos, excepto los mencionados, hicieron un alboroto. Los implicados se limitaron a mirar con demasiado odio al profesor.

—¡No, claro que no! —gritaron a unísono, callando a todos por milésimas de segundo, después de eso fue una carcajada conjunta que hizo retumbar la escuela.

—Lo harán —sentenció el profesor—, y les sugiero que se esfuercen, de esto depende que aprueben el grado —y caminó a la entrada después de escuchar el timbre, pero se detuvo justo antes de salir—. Chicos, si por casualidad me entero que no han trabajado en conjunto, o que siguen con esta riña absurda, ambos repetirán el curso. Lo he pactado con el director. —dijo y se fue sonriendo, maliciosamente tal vez.

Julieta miró a Romeo que le miraba. Ambos hicieron una mala cara y se fueron. Por primera vez en su vida estaban de acuerdo en algo, no lo harían. Ninguno quería colaborar con su eterno enemigo para absolutamente nada. Ese profesor estaba demente, y lo peor era que no podían hacer nada. Los Montesco y los Capuleto eran las dos familias más influyentes en el pueblo, después de los Shakespeare, en ese pueblo eran ellos quienes dictaban como era la historia. Y el odiado profesor era la siguiente cabeza de dicha familia.

* * *

—Profesor William —habló una chica—, ellos no están haciendo nada. Todas las clases están iniciando sus preparativos y nosotros ni siquiera hemos decidido qué hacer.

—Mocosos —se quejó el profesor y ambos entraron al aula—. Tienen mi clase para organizar el evento de su clase. Julieta, Romeo, al frente ¡ahora!

—¡No lo haré! —replicó Julieta—. He hablado con mi padre y ha dicho que lo arreglará, y supongo que con el pelele idiota es lo mismo.

—Lo mismo que con la desabrida estúpida —soltó arrogante Romeo—. No lo haremos —aseguró y William sonrió. Disfrutaba como nada ser la persona de autoridad, él que escribía la historia.

—Pues prepárense para tomar clases en la cancha, junto a la clase inferior a ustedes —sonrió— porque si no se arma algo bueno pronto, toda la clase repetirá curso —amenazó el profesor mientras recargaba su espalda a la silla y cruzaba los brazos.

—¡No puede hacer eso! —gritó la chica y el profesor la miró enarcando una ceja. Era obvio que podía, y esa expresión arrogante se los hizo saber—. Julieta, Romeo, al frente por favor —dijo con una amabilidad que sabía a hiel. Ambos chicos hicieron una pataleta y caminaron al frente para hacer lo que el profesor ordenaba.

Al final de la clase, mientras seguían digiriendo la bilis que esa clase les había provocado, Julieta habló para el que, hasta hace unos días, era el hombre más odiado de su vida.

—Hagamos una tregua —sugirió la chica—, unámonos para acabar con ese maldito profesor.

—Sueña —canturreó el joven. Él lo haría por su cuenta. O al menos es lo que había decidido. Decidió que no trabajaría con ella ni para escapar de la muerte. Pero tampoco dejaría que el hombre se saliera con la suya, primero muerto que perder el orgullo, antes de eso prefería repetir curso, aún si tenía que llevarse a toda su clase entre los pies.

—Marica —musitó ella viéndole dejar el aula. Mientras ideaba la manera de hacer pagar a ambos por todo lo mal que la estaba pasando.

Las cosas fueron peor que mal después de eso. Cada idea o acción que realizó Romeo fue saboteada o estropeada por Julieta, y viceversa. La clase no avanzaba, no tenían claro lo que estaban haciendo, y justo cuando terminaban algo, desaparecería. Como ese bonito letrero que iría en la entrada y les tomó tres días enteros terminar. Lo habían encontrado hecho cenizas la mañana siguiente de haberlo colocado en la puerta.

Berrinches al por mayor, el sabotaje sabía a veces cruel. Pero los dos encargados de la clase harían lo que fuera por hacerla pasar mal al otro, y sobre todo al profesor. Pero allí quienes más mal lo llevaban era los compañeros, que perdieron horas enteras de trabajo y dedicación por su estúpida pelea ancestral.

* * * *

—¿Qué diablos crees que estás haciendo? —cuestionó en un gruñido el chico a la chica que le había roto los panfletos en que tanto esmero había puesto.

—Hacer trizas estos papeles —dijo con sorna mientras se burlaba del que furioso la miraba.

—Eres una... —comenzó un insulto mientras levantaba uno de sus puños contra la que perdía la sonrisa. Romeo estaba tan molesto que podía ver muchas de sus venas marcarse en su frente y cuello. Cerró los ojos y agachó la cara, si la golpeaba no sería en su hermoso rostro. Pero el golpe nunca llegó.

—¡Suficiente! —dijo una voz conocida. Era el profesor William que había alcanzado a detener a Romeo de hacer algo peor que insultar a la chica más odiosa de la ciudad—. Esto es ridículo —dijo y movió su cuello con cansancio—. Es estúpido.

—Todo es su culpa —dijeron ambos chicos y él asintió. Todo esto era su culpa, pero lo enmendaría. Por eso sacó una libreta que más parecía un libro viejo y desgastado por los años; también sacó —de la nada aparentemente— una pluma dorado brillante.

William Shakespeare buscó en la libreta algo, solo él sabe qué, y releyó lo que ya había escrito, tachó una palabra hasta hacerla ilegible, y escribió sobre ella otra. Entonces se giró para encontrar a Julieta y a Romeo enredados en un beso, mientras todo a su alrededor pintaba para ser la mejor clase de la feria escolar.

Toda la historia cambió, y solo porque, en una mágica libreta vieja, cierto mago escritor cambió el odio por el amor. 



Sí está bien ¿no?... El chiste era desilusionaros a todos cambiando la historia en un ridículo giro de 180 grados ¿no?... Creo que no xD Bien, había pensado en dos chicos que se odiaban y una bruja les hacia enamorarse en el momento decisivo, cambiando la historia. Pero al pensar en dos adolescentes odiandose, pensé en un odio irracional y que me involucro en una historia que todos conocemos.

Gracias por leer, deseo les haya gustado. Besos.  

52 Retos de escritura 2017¡Lee esta historia GRATIS!