Agua de vida. Parte III

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−Mis hijos pueden reposar aquí algunas horas al día, y reabastecer tranquilamente sus energías

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−Mis hijos pueden reposar aquí algunas horas al día, y reabastecer tranquilamente sus energías. –dijo Iris.

Era fascinante ver a aquellos seres cargar completamente sus alas de luz, e imaginar que luego con aquella fuerza vigorizante y mágica podrían arremeter contra las fuerzas del mal y combatir las profundas tinieblas de la oscuridad.

En aquella pista espejada, además de las figuras angélicas, también destacaba en el centro, lo que parecía ser una especie de pérgola rodeada por espiraladas columnas de hielo, cubiertas por enredaderas, cuya flor reconocí al instante, pues eran luz de luna, las mismas plantas que crecían en El Refugio.

Avanzamos hacia esta.

El suelo era de pulida piedra blanca, en vez de hielo, y del centro mismo parecía emanar un extraño chorro de agua dorada que fluía hacia arriba, alcanzando una altura determinada, y cayendo precipitadamente en forma de una cascada.

Cuando nos acercamos un poco más me di cuenta que el agua estaba contenida en una fuente cristalina. En su cenit, brillaba la gema solar, que irradiaba una potente luz sobre el agua.

−La fuente de la energía vital −musité maravillada.

−Así es...Anda acércate más para que puedas sentir el agua. −me animó Iris.

Me acerqué y sumergí mi mano dentro. Noté de inmediato que aquel líquido no era igual al agua que conocía. Tenía un aspecto más brillante que transparente, como si diminutas partículas de oro lo integraran, pero aquello no era oro, sino magia.

Pronto sentí una energía poderosa correr dentro mío. No sentía más cansancio, ningún tipo de dolor o malestar, solo fuerza y vitalidad habitando en mi interior.

−Según el grado o la forma en que es administrado, este elixir celeste cumple diferentes funciones. Si empapas las heridas con el agua, esta sanan. Los tejidos se regeneraban y restauraban −repuso− Unas gotas bastan para curar enfermedades; mientras que una ingesta más abundante puede cambiar parcialmente la forma de las células de los organismos, volviéndolos más fuertes y resistentes o transformarlos totalmente en nuevos y mejorados seres.

−También otorga inmortalidad ¿verdad? −pregunté.

−Ciertamente, pero siempre y cuando la ingesta del elixir se realice con cierta periodicidad.

Me pregunté entonces si el tiempo en que Daniel había estado en la tierra sin beber de aquel elixir mágico, había sido suficiente para volverlo mortal.

−¿No se agota nunca?− esa era un pregunta importante, considerando que muchos de los seres mágicos debían beber de la fuente a menudo.

−Jamás. Gracias al poder de la fuente, el elixir se regenera constantemente, así como nuestros órganos y tejidos. Observa, te lo enseñaré.

Iris tomó una de las estalactitas que decoraban aquel receptáculo y se propinó un pequeño corte, con la punta de la misma en la palma de la mano. La sangre comenzó a fluir, y aunque era igual a la de cualquier ser, también estaba compuesta por diminutas partículas doradas.

La Reina de Tierra Mítica derramó un poco de agua encima de la herida y el elixir limpió la sangre, sellando los tejidos al instante, recomponiéndolos.

−¡Increíble! −exclamé y finalmente decidí a contarle a la reina el verdadero motivo de mi visita a esas mágicas tierras −Iris, necesito decirte algo. Así como tú me has contado aquella historia del génesis, yo también tengo otra que narrarte...

Intenté ser lo más breve posible. Le hablé principalmente del día que Daniel y yo nos habíamos conocido, de cómo él me había salvado de la muerte y de nuestra posterior captura y la privación de sus alas. Le conté sobre nuestra estadía en El Refugio, sobre Argos, y de las tácticas cohesivas que aquel tirano había usado para extorsionar a Daniel, con el fin de que lo condujera hacia su hogar para apropiarse del elixir mágico, del cual tenía conocimiento por el Libro del Apóstol.

También le informé a la Reina sobre aquella misteriosa enfermedad que amenazaba la vida de los humanos y que afectaba incluso a los seres sobrehumanos que habitaban aquel lugar, y le manifesté mi deseo de salvarlos.

Por último le hablé del viaje, y del brillante plan de Daniel que acabó con la vida del maligno Argos.

En ese punto, la Reina que había oído ávidamente mi historia, en evidente estado de tensión y expectativa, me interrumpió de forma precipitada, mientras negaba.

−¡Esto es imposible!-su rostro era sinónimo de seriedad, pero sus ojos parecían desprender llamaradas. Si algo había aprendido de observar a Daniel era que cuando los ángeles se enfurecen puedes ver la tempestad desatándose dentro en sus ojos y arrastrándote a ti hacia ella y oír los mismos truenos de su voz perforando tus oídos. −Cuando envié a Daniel a la tierra a buscarte, él tenía pleno conocimiento del designo divino para tu vida. Sabía bien que el destino no puede alterarse, pues las consecuencias podrían ser terribles.

Aquellas dos revelaciones me pusieron a mí en estado de tensión. Al parecer los secretos no terminaban nunca de emerger.

››Desde el momento en que se me presentó la profecía lo envié en tu búsqueda −volvió a recalcar –Tenía que verte en persona y hablarte de tu designo, no solo porque compartimos la misma sangre mágica, sino porque es por causa de este vínculo, que tú debías ejecutar esas acciones. Acabar con el mal en la tierra formaba parte de las tareas que en el pasado me habían sido encomendadas... ¿Alguna vez Daniel llegó a hablarte de la profecía al menos?

−No, pero...

−¡No importa ya! Todo está hecho...−dijo contándome −Aunque en el fondo puedo entender el por qué de las acciones Daniel y su afán de torcer el curso del destino. Cuando te tuve frente a mí y pude ver tu valentía y tu nobleza, también deseé cambiar de lugar contigo, para protegerte...

−¿A qué te refieres?

−Supongo que ya no tiene sentido decirte esto, pero el designio de Dios para tu vida era muy grande, e igualmente fatídico...Tú, mi querida Alise, acabarías con la maldad imperante en El Refugio, al asesinar a Argos, pero también debías morir al final. 

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