El camino hacia el Ultimate Tournament ha comenzado

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Kaito tomó con mucha dificultad la enorme caja y la llevó hasta el taller. Allí, Kaito se sorprendió de la cantidad de herramientas que el vendedor tenía acomodadas en diferentes mesas a lo largo de la habitación. Llaves, desarmadores, soldadores, piezas varias de repuesto... En fin, era un verdadero taller de reparación de cometas. Pero lo que le llamó la atención fue un estante donde estaba colgada una medalla, un trofeo de oro y una foto enmarcada de un niño, de un estatura muy similar a la de Kaito, sosteniendo ambas preseas y un cometa, algo anticuado para estos días.

-¿Ese eres tú? -preguntó Kaito.

-Así es. -dijo el vendedor. -Yo mismo estuve en el Ultimate Tournament de hace 15 años. Y ese que ves ahí en la foto era mi cometa, el Ground 1820. Era una máquina en su tiempo, la tuve conmigo por casi 7 años, hasta le ganaba a modelos más recientes. Pero como todo cometa, después de múltiples peleas ya no podía ser reparada.

-¿Pero los resultados no dependen de la cometa?

-En parte sí, en parte no. También tu habilidad como Kiter cuenta mucho. Debes sortear a tu enemigo, sentir que tu cometa es como un ave que vuela libremente en el aire. Los propulsores y los alerones cuentan, pero si el Kiter es inexperto, su cometa no le ayudará de mucho.

-Eso lo he visto en muchos animes... -dijo Kaito algo aburrido al escuchar las palabras del vendedor. -No es nada nuevo lo que me estás diciendo.

-En fin... -dijo el vendedor tomando algunas llaves y desarmadores y dejándolos en una mesa vacía. -Eso es todo lo que necesitarás para armar tu cometa. Cualquier cosa estaré adelante.

Después de varias horas de arduo trabajo, finalmente Kaito logró armar su Gear 7000. No sabía si era la satisfacción de tener un Gear 7000 genuino, o si era el haber armado un cometa él solo. Era un cometa azul, bastante robusto y con un propulsor que los sostenía en el suelo. Y como un añadido, una cola para agregar estabilidad. Lo que sabía era que estaba orgulloso de tener lo que tanto había soñado, excepto por una cosa.

-No tiene Kite Core. -dijo Kaito.

-Ya te lo dije. -contestó el vendedor. -Ya pedí varios Kite Core al almacén, pero llegarán de 3 a 5 días. Hasta entonces no podrás usar tu cometa, ni siquiera para presumir.

-¡Ah! -gritó Kaito al ver su reloj y notar que ya se había hecho de noche. -¿Por qué no me dijiste que era tan tarde?

-Te lo grité varias veces antes de cerrar la tienda. -dijo el vendedor algo molesto. -Pero por estar armando tu cometa no me escuchaste. Ahora será mejor que vayas a casa antes de que se haga más noche.

Kaito llevaba a rastras su cometa, inservible y sin poder volar por falta de su Kite Core por las calles de la ciudad. Se preguntaba qué diría su madre al ver que había gastado todos sus ahorros en tan inútil cacharro. Pero era el gusto de armar su propio juguete, algo más grande que todo lo demás. "Al menos pronto podré comprar el Kite Core", decía.

-No te desanimes. -contestó una voz.

-¿Quién es usted? -preguntó Kaito, volteando hacia un callejón y viendo a un señor sentado sobre una caja de frutas, enfrente de él una mesa donde sostenía varias cartas.

-¿Yo? -contestó el señor. -Solo soy un adivino que se gana la vida leyendo el futuro de la gente. La suerte te sonríe, no te desanimes por pequeñeces.

-Muchas gracias señor. -contestó Kaito retomando su camino.

No había pasado ni medio minuto, cuando tres sujetos en trajes oscuros llegaron para acorralar a Kaito y al señor, uno de ellos, el más gordo de los tres, tomó al adivino de sus ropas y gritó:

Kite Wars: Ultimate TournamentDonde viven las historias. Descúbrelo ahora