Por la mañana, Zoey era un estropajo. O así se sentía, porque su cabello estaba revuelto, pajoso y horrible, los pies le dolían y el maquillaje negro que debía estar en los ojos estaba pegado a su mejilla. Además, estaba terriblemente cansada; cansada como si hubiera estado montando a...

...caballo. Sí, eso. Montando a caballo.

Abrió los ojos, apretándose el acolchado al pecho, no era como si fuera bueno que Jessica se preguntara por qué estaba desnuda debajo de las sábanas. Y, obviamente, no quería responder a eso. Pero, a pesar de que esperaba estar como Dios la trajo al mundo, se descubrió a sí misma vestida con una camiseta fina de tirantes y unos shorts con dibujo de conejitos.

Giró el rostro, hacia el costado, donde el conejo Zackary Collins tenía las rayas bordadas de los ojos bien estiradas.

—Me vestiste —susurró.

Él se encogió de hombros.

—¿Preferías que te dejara desnuda?

—No —contestó, dándose cuenta también de que, en realidad, la única ropa que tenia puesta era esa. No había ropa interior debajo de eso. Miró a Zack unos segundos más, antes de sentir como los glóbulos rojos se le agolpaban en los cachetes.

—¿Dormiste bien? —preguntó Zack y ella asintió violetamente con la cabeza—. ¿Te duele? Anoche dijiste que te dolía un poco.

Zoey hizo una mueca. No se acordaba de eso, justamente, hasta que lo nombró. Apretó las piernas y muy en el fondo pudo sentir una clase de ardor.

—Estaré bien.

—Sé que lo estarás —rió él.

Jessica hizo ruidos desde su cama, por lo que Zoey se volteó hacia ella, para vigilarla. Su amiga estaba mitad despierta, mitad dormida y, por un segundo, le aterró que haya podido oír a Zack.

—¿Qué hora es? —preguntó Jess, volviendo a cerrar los ojos.

—No sé —le respondió, quitándose el acolchado de encima—, pero hace calor.

Salió de la cama y fue directo al baño. Necesitaba una buena ducha y... Se detuvo al ver su reflejo en el espejo. Los labios de Zack habían dejado marcas bastante difíciles. Una ducha y una buena capa de maquillaje.

Después de asearse, con cepillo en mano se plantó delante de la mesada del baño y raspó su piel con ese método antiguo de salvación, para tratar de que las cerdas del cepillo dispersaran el hematoma. No funcionó, más bien se dejó la piel hecha un desastre.

Ahora molesta, comenzó a ponerse capas de corrector de ojeras, corrector color verde y base. Lo que sea, Jessica lo notaría igual —y haría sus horribles preguntas que ella no sabría responder bien— pero, al menos, tenía hasta el lunes para que eso se bajara un poco. Que lo vieran sus compañeros era miles de veces peor.

Salió del baño, atándose el cabello mojado en una coleta. Jessica estaba a medio salir, con las piernas fuera del colchón, pero la cara aún en la almohada.

—Si quieres, puedes seguir durmiendo —le dijo Zoey—. Es sábado.

—Nooo —Jessica se giró, quedando boca abajo—. Tengo que salir.

—¿Salir? —Zack le dirigió una mirada confundida y ambos alzaron las cejas—. ¿De qué estás hablando?

—Quedé con James. Vamos a pasear por los jardines y a comer chocolates.

Zoey dejó caer la mandíbula y luego, esbozó una sonrisa. Saltó sobre el trasero de su amiga, aplastándola en la cama.

—¿En serio? ¿Con James? ¡Wow! Y qué rico, chocolates. Me parece una de las mejores citas de las que he escuchado en mi vida —le dijo, con verdadera sinceridad.

El Alma [El dije #2]¡Lee esta historia GRATIS!