Capítulo XV. Buenos días.

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Viserion se encargó de despertarme a la mañana siguiente. No había imaginado que después de dormir aquella noche con Tom en mi casa fuera a despertarme la lengua de mi gato pero a juzgar por la profunda respiración de mi acompañante, no iba a despertarse pronto.

Aproveché el tiempo para cocinar un rico desayuno. Encendí la radio para escuchar las noticias de la mañana pero la estación no duró puesta ni cinco minutos ¿había manera más deprimente de empezar la mañana que escuchando las noticias? Cambié a la estación y cerré la puerta de la cocina para evitar despertar a Tom antes de tiempo.

Preparé tortitas mientras la radio me deleitaba con Girls just wanna have fun. Recordé haber bailado esta canción millones de veces cuando George y yo eramos pequeños y todavía me costaba trabajo como sus padres no se dieron cuenta de que su hijo era gay. ¡Incluso llegamos a maquillarnos una vez!

Me distraje con el pensamiento de George siendo un niño y casi se me queman las tortitas pero las saqué a tiempo. Entonces me dispuse a preparar café pero luego recordé que Tom siempre prefería el té, ¿querría té por la mañana? Así que allí estaba yo, manchada de masa de tortitas, con el pelo recogido en un roete mal echo y con una bolsa de café y de té en cada mano.

—Buenos días...—Tom abrió la puerta con cara de cansancio y levantó una ceja al verme.—¿Qué haces?

—Punto de cruz.—Solté las bolsas en la mesa.—¡Pues cocinar!—Tom se rió de mi, cosa que no me hizo pizca de gracia. Me crucé de brazos y le miré seria.—¿Café o té?

—Té.

—Perfecto, te prepararé café.—Saqué la cafetera de la alacena y comencé a preparar el café.—¿Qué tal has dormido?

— Muy, muy, muy, muy bien. Tu cama es muy cómoda. ¿Puedo ayudarte en algo?

— No, ya estoy acabando, tu solo siéntate. Pensaba llevarte el desayuno a la cama, en plan ama de casa enamorada.

—Ni eres ama de casa ni estás enamorada pero gracias por el detalle.—A pesar de haberle dicho que no Tom comenzó a emplatar las tortitas y sacar los cubiertos.—Huele que alimenta.

— ¡Gracias! Espero que sepan igual de bien.—Llené la tazas de café y me senté junto a él en la pequeña mesa de mi cocina.-—¡A comer!—Pero no comencé hasta que Tom probó la primera tortita, estaba ansiosa por saber su opinión.—¿Y bien?

—Riquisimas.—Habló con la boca llena.—Muchas gracias.

Y entonces comencé a comer, la verdad era que me habían salido demasiado ricas. La respostería era mi punto fuerte. Apagé la radio antes de seguir devorando mi desayuno para poder hablar con Tom pero se le veía más interesado en comer que en mantener una conversación. Al terminar metí los platos en el lavavajillas y me dispuse a arreglar mi habitación.

—Beth, yo lo hago. Odio estar en casa de alguien y no ayudar.—Tom me quitó las sábanas de las manos y yo le dejé. 

—No hace falta pero la verdad es que necesito una ducha.—Saqué de un cajón el resto de ropa de cama que tenía que cambiar y la dejé encima del escritorio.—Aquí tienes, te veo en cinco minutos.

— Conociéndote será una hora aproximadamente.

Ignorando su comentario corrí al cuarto de baño. Tenía unas ganas tremendas de darme una larga ducha. Abrí el agua caliente y esperé unos minutos a que el termo actuara y pudiera mantener la temperatura que deseaba. Conecté mi Ipod a los altavoces que tenía en el baño y me quité la ropa y me metí en la ducha.

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