Parte 12

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Capítulo 12

Layla había llegado hacia una hora con un bolso gigante.Parecía que en vez de ir a un bar se iba de vacaciones al caribe... pero ella era así yo ya la conocía.

Mientras la mamá de Mariano nos cebaba mate y se reía de nuestras ocurrencias. Nos preparábamos, Magui se estaba probando unos zapatos de Layla, mientras que yo miraba por décima vez la ropa en mi bolso.

«Como podía odiar tanto ser gorda y no tener la fuerza suficiente para cambiarlo»

Basta Celi- me dijo Layla caminado hacia a mí, sabiendo exactamente lo que pasaba por mi cabeza, moviendo sus caderas dentro de unos pequeños shorts de lentejuelas negros.

Mis ojos se llenaron de lágrimas y estaba haciendo todo mi esfuerzo para no llorar cuando Magui entro en la habitación -¿qué pasa Celina?

-nada nada- limpie las lágrimas con el dorso de mi mano- sólo mis inseguridades dije tratando de componerme.

Me miro profundamente a los ojos, no fueron necesarias más explicaciones, me toco la mejilla y me dijo con dulzura- vamos esta noche te maquillo yo.

Después de media hora de probarme ropa me decidí por mi pollera negra, una remera blanca que tenía unos pequeños volados en las mangas, me puse mi mejor corpiño para sostener mis melones lo más arriba posible. Layla me presto sus zapatos negros de taco chino. Y cuando Susi volvió de su casa con un bolso gigante de ropa para Magui ella saco unos aros largos con piedras negras que combinaban perfectamente con mi atuendo.

La última en maquillarse era yo, mis dos acompañantes estaban listas, me sentaron en una de las banquetas altas de la cocina porque según Susana la luz blanca de los fluorescentes era mejor para la tarea. Magui sacaba polvos y cremas de una valija cuadrada de animal print que tenía como 10 compartimentos todos llenos de maquillaje y Layla a su lado daba órdenes. Se escuchó la voz del Ruso que venía desde el living, no lo podía ver porque las chicas estaban sobre mi tapándome la visión- por acá grite mientras Magui me ponía un brillo labial con gusto a cereza.

-Hola no sabían que había tanta mujeres bellas- dijo Pablo tímidamente. Cuando las chicas se dieron vuelta y se pusieron detrás de mí silla, un Mariano recién bañado con una camisa negra arremangada y unos jeans azul oscuro estaba de pie delante mío mirándome con la boca abierta.

«Ay por dios que deje de doblar los puños de sus camisas no sabe lo que sus antebrazos le hacen a mi pulso»

Pablo saludo a Susana con un abrazo, con un beso a Layla y cuando llegó a Magui le dijo- hola enana ¿tu vestido no es un poco corto?- ella rodo los ojos y se giró para guardar todos sus artículos de belleza.

Mariano parecía clavado al piso sus ojos de jade me estaban provocando ese dulce dolor de estómago al que ya me había acostumbrado cuando estaba cerca de él. No me acerque pero desde mi posición sólo a unos metros de distancia le dije- gracias por el regalo, debajo de esta grasa hay una chica que ama el rosa. Dio un paso hacia mi. Mirándome siempre a los ojos- me dio un beso sonoro en la mejilla y me susurro cerca del oído- una chica muy linda, de nada.

Pensé que las rodillas me fallaban, me agarre de la isla de la cocina y el Ruso se acercó para saludarme y para salvarme, me dio un abrazo y cerca de mi oído dijo no sabía que íbamos a ser tantos, me separe y lo mire -yo tampoco, me agradeces después le dije guiñándole un ojo. Dejándolo con cara de sorpresa.

La voz de Susi nos hizo reunirnos alrededor de la isla – vamos chicos que antes de pasarla bien tienen que dejar a esta ancianita en su casa, ¿Mariano vos vas con ellas?- pregunto.

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