Capítulo 42 (II)

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—¡¿Qué tú que?! ¡¿Cómo pudiste dejar que se los llevaran a todos?! ¡Eres un inútil!

Con esos gritos, Aristus apretó aún más el aparato que portaba entre sus manos. En la pequeña pantalla de aquella cosa se podía ver el rostro medio distorsionado de Edtor.

—¿Qué quieras que hiciera? Salieron más de los que creíamos y las guardianas les ayudaron a...

—¡¿Qué?! ¡¿También ellas?!... ¡Sabes que esta misión depende de la cantidad de guerreros que todavía se encuentran con ellos, y, ¿En vez de matarlos dejaste que se fueran?! ¡Estúpido!

—Todavía puedes hacer algo. La legión está débil, y por lo que vi, algunas guardianas sufrieron heridas de cuidado cuando pelearon con los mocosos. Tienes posibilidades de...

Aristus no permitió que siguiera hablando. Apretó un botón y cortó la comunicación.

—Díganles a las sombras que necesitamos proceder con cautela. Habrá un ligero cambio de planes.

—Como diga.

La boca de Madison había terminado entreabierta tras la revelación

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La boca de Madison había terminado entreabierta tras la revelación. Aun y con el tiempo que había pasado desde que Anna le dijera eso, sus músculos seguían negándose a obedecerla.

La mujer notó el impactó que había causado, pero no quería alterar más a la muchacha, así que, desde su lugar estiró la mano y dijo.

—Mi niña... —, de inmediato, los ojos de la morocha se humedecieron. Podía palpar las emociones en la voz de su madre —. Estas tan grande. Tan bonita... Anna y Luke hicieron un buen trabajo contigo.

Ante la mención de su hermano, la joven apretó las manos hasta que se le pusieron blancas. Anna fue la encargada de dar la mala noticia a ambas mujeres.

—El... Lo perdí —, las rodillas de la castaña fallaron y esta fue arrojada al piso con un movimiento violeto. Trisha se apresuró a socorrerla, pero esta no se lo permitió. Sin apartar sus ojos de la mujer rubia, siguió hablando —. Luke se arriesgó para salvarnos de las sombras que nos seguían, ¡No pude convencerlo y me lo arrebataron! ¡Allison tenía razón!¡Yo...!

La mujer, con gruesas lágrimas en los ojos, se arrodilló y abrazó a Anna.

—Lo sé. También me compartió sus miedos, pero tenía la esperanza de que si se iban...

—¡No funciono! ¡Su visión se cumplió!

Por mucho tiempo, ambas mujeres siguieron llorando la pérdida del hermano de Madison. Ella no recordaba nada de él, e incluso llegó a sentirse incomoda junto a ellas. No sabía que decir o hacer para calmarlas, y por la forma en que Trisha se pasaba la mano por la frente de vez en cuando, parecía ser que ella tampoco tenía esas respuestas.

La leyenda de la dama de la noche Vol.I - ANCÖR ©¡Lee esta historia GRATIS!