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Un jarrazo de agua fría en toda la cara me despierta de mi sueño profundo. Abro los ojos desconcertada y me levanto de la cama de un salto.

—¡Ahhhh! ¡¿Quién ha sido el... ?! —grito enfadada mientras miro a todos lados como una posesa. Escucho a mi hermano reírse como el retrasado que es.

Sí, tener un hermano mayor debería ser lo mejor del mundo, pero en mi caso no puedo decir lo mismo. Samuel, o Sam, como lo solemos llamar todos, me gustaría decir que es el hermano protector que toda hermana pequeña quiere tener. Ese hermano estudioso con matrícula de honor y que es súper educado y correcto con todo el mudo. Sin embargo, no puedo decir eso, pues es todo lo contrario. Desde el primer curso, ha sido el típico popular del instituto, todo un adonis. Cuerpo perfecto, ojos verdes, rubio, y 1,88 m: todo un mujeriego. Pero aparte de ser todo un adonis, tiene su parte infantil y retrasada que muy pocas chicas conocen y no querrían conocer.

—¡Tendrías que haber visto tu cara! —dice mi hermano sujetándose la barriga de tanto reír.

Me levanto de la cama con un humor de perros y me dirijo al baño para ducharme y cambiarme de ropa para ir al instituto. Una vez en la ducha intento relajarme mientras dejo el agua caer por todo mi cuerpo. No soy de las personas que se despiertan de buen humor, más bien soy de las que se toman su tiempo hasta estar listas para salir de la cama. Al salir de la ducha me visto con un conjunto básico pero que nunca falla. Una camiseta ancha de color rojo a juego con unos vaqueros azul oscuro y mis deportivas negras. Decido dejar mi pelo suelto, puesto que aún sigue húmedo.

—Sydney, date prisa o si no llegaremos tarde a clase —dice mi hermano desde la puerta.

—Si no me hubieses tirado la jarra de agua tal vez podríamos llegar con tiempo de sobra —grito bajando las escaleras con la mochila colgando de un hombro—Pero como no, tú no puedes despertar a la gente como una persona normal.

—Si fuera normal no sería divertido. Soy especial.

—Especial no, retrasado —digo al bajar las escaleras.

Como todas las mañanas llegamos al instituto juntos. No nos gustan que nos la gente sepa que somos hermanos así que nos separamos en seguida para cada uno irse por su parte. Como todos los lunes a primera hora me toca biología, una de las materias que peor se me da pero que siempre he visto muy interesante. Al llegar a la clase me siento en la última fila y me pongo los auriculares mientras espero a que la profesora llegue.

Cuando llega la hora de empezar, la profesora llega junto con un chico. No, un chico no, un Dios griego en toda regla; alto, pelo negro, ojos azules y con un cuerpo...

¿Lo primero que se me viene a la mente? Ese chico está como un queso.

¿Lo segundo? Debe de ser un mujeriego de primera, todos lo son.

—Chicos tenemos a un alumno nuevo. Alex preséntate a la clase —le dice la profesora.

—Hola, me llamo Alex Williams, vengo de los Ángeles y tengo 18 años —dice mirando la clase con aburrimiento.

—Siéntate donde quieras y saca las cosas. Empezamos la clase —le dice la profesora. Mira a todas las direcciones en busca de un asiento vacío. Yo hago lo mismo y reparo en que solo queda uno. Viene en mi dirección y corre la silla para atrás para sentarse. Perfecto, el único asiento libre tenía que ser justamente a mi lado.

Apuesto a que el 75% de la clase está mirando en su dirección como si quisieran tirárselo aquí mismo.

—Y así se hace las... —Gracias a Dios el timbre suena indicando que se han acabado la clase—. Bien alumnos, el próximo día quiero que hagáis las actividades de la página 334 —dice cerrando el libro y saliendo de la clase.

Blue Eyes (COMPLETA)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora