La Tierra Mítica. Parte IV

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Entonces pude ver completamente, a delicada y colorida hada, con alas en forma de pétalos de color blanco nácar, y a la enorme, fuerte y esbelta hada del mismo tono que el tronco del árbol, de cuyas extremidades brotaban pequeñas hojitas verdes

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Entonces pude ver completamente, a delicada y colorida hada, con alas en forma de pétalos de color blanco nácar, y a la enorme, fuerte y esbelta hada del mismo tono que el tronco del árbol, de cuyas extremidades brotaban pequeñas hojitas verdes.

También se hizo presente un hada de tamaño mediano, un tanto más exótica que el resto

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También se hizo presente un hada de tamaño mediano, un tanto más exótica que el resto. Tenía plumas del color de las llamas, cubriendo su cuerpo y ojos rasgados en color verde jade.

‹‹¿Será aquella hadita la responsable de los bellos acordes?››

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‹‹¿Será aquella hadita la responsable de los bellos acordes?››

Todas las hadas tenían formas humanas, con características o rasgos naturales, animales y/o vegetales, perfectamente entremezclados.

Percibí un movimiento en el agua del manantial en ese momento y mis ojos detallaron a los pequeños pececitos de colores, que se escabullían entre las piedras brillantes del fondo, produciendo algunas ondulaciones en la superficie y alterando levemente la imagen de mi propio reflejo.

Me incliné de nuevo y sumergí la mano dentro, con la intención de tomar algunas de aquellas piedras brillantes, ya que el manantial no parecía ser realmente profundo.

Tomé un puñado de estas, provocando un verdadero torbellino en el fondo, arremolinando arena y fragmentos de piedras más pequeñas de alrededor.

Admiré el botín que yacía en la palma de mi mano y a primera vista me pareció que eran piedras preciosas, de distintas formas, y colores, las cuales seguramente eran las responsables de los diferentes matices que sus aguas adquirían al ser iluminadas por el sol, pero luego cuando empezaron a retorcerse en mi mano, y a brotarles patitas, me di cuenta de que no eran piedras, sino criaturas acuáticas. Había atrapado lo que parecían ser cangrejos pequeños.

Los solté rápidamente y estos nadaron ávidamente hacia su lecho, hasta posicionarse de nuevo en el fondo.

Elevé la vista y mis ojos conectaron de inmediato con los de Daniel. Él me veía explorar su mundo, como si fuera una niña pequeña, de seguro. Entonces me ruboricé al ser descubierta.

−¡No me mires así, me pones nerviosa! −le espeté con una media sonrisa dibujada en mi rostro.

−Lo siento, yo simplemente no puedo apartar mis ojos de lo que me parece bello.

Si antes estaba ruborizada, ahora estaba completamente roja.

Fijé mis ojos en los suyos, sonriendo, mientras me acercaba hacia su cuerpo. Los de él capturaban trozos del cobrizo cielo del crepúsculo.

Cuando estuvimos suficientemente cerca, Daniel tomó mi rostro entre sus manos y se inclinó para besarme, pero "algo" interrumpió la magia del momento.

Estábamos, de pronto, completamente mojados. Alguien nos había salpicado agua, desde el manantial. Advertí que había una criatura contemplándonos desde el fondo.

Su cuerpo, en la parte superior, era parecido al de una joven humana, mientras su piel y sus ojos eran tan límpidos como el agua, y su cabello estaba cubierto de algas y otras plantas acuáticas

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Su cuerpo, en la parte superior, era parecido al de una joven humana, mientras su piel y sus ojos eran tan límpidos como el agua, y su cabello estaba cubierto de algas y otras plantas acuáticas. En la parte inferior tenía una cola de pez cubierta de lustrosas escamas azul-plateadas.

Daniel soltó una carcajada.

−¿De qué te ríes? ¡Esa sirenita nos ha empapado!− me quejé.

‹‹Eso sin mencionar que ha interrumpido un perfecto beso.››

− No es una sirena, se trata de una nereida. Protege la vida submarina de este manantial-explicó -Y no te enojes con ella por mojarte, tú empezaste cuando quitaste a esos cangrejos bebes del nido.

La nereida me sacó la lengua y luego agitó su cola provocando un oleaje pequeño en aquel diáfano velo agua, para luego alejarse, hasta desaparecer completamente dejando una estela de espuma y arena en su lugar.

Yo abrí mis ojos como platos.

−¡Qué carácter! -exclamé girando mis ojos− Yo no sabía que eran cangrejos. Pensé que eran piedras preciosas− dije en mi defensa. -Además podría habérmelo dicho, en vez de echarme agua encima, ¿no te parece?

−Eso estaría difícil, ya que las nereidas o ninfas del agua, carecen de cuerdas vocales. Se comunican entre ellas por ultrasonido como los delfines y ballenas de la tierra. Como sea, tal vez estaba celosa de ti.

Enarqué una ceja.

−¿Por qué habría de...−me interrumpí yo misma de inmediato, cayendo en la cuenta de algo −¡Rayos Daniel! ¿Acaso tenías algo con esa sirena?

−¡Qué va! con esa no, pero no pude resistirme a ver tu expresión ante esa posibilidad. En serio te pones hermosa cuando sientes celos. -soltó una carcajada y luego, antes de que pudiera protestar también por eso, me envolvió entre sus fuertes brazos y al fin concluyó el beso.

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