Sangre Virgen [ Parte 5 ]

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El tiempo pasaba rápido a lado de Viktor

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El tiempo pasaba rápido a lado de Viktor. Había llegado allí con la idea de que serviría a un Sangre Real, sin embargo más que eso, él se había convertido no solo en la persona que más admiraba, si no que en una de las personas más queridas en mi vida.

Viktor siempre era cariñoso conmigo, tanto que sin siquiera darme cuenta, comencé a enamorarme de él.

Sus caricias eran continuas, apartar el cabello de mi rostro, tomar mi barbilla cuando quería que lo viera a la cara, acariciar mi pelo, acunar mi mejilla en su mano, abrazarme por la espalda mientras me encontraba distraído, entre muchas otras caricias inocentes que jamás lograría enlistar. Mi relación con Viktor era pura, yo lo adoraba y él me cuidaba. Sabía que por ser un vampiro esa manera de ser era natural en él, sin embargo quería mentirme a mí mismo pensando que yo realmente era especial.

Pasábamos largos ratos de la noche en su biblioteca, era un ávido lector y me recalcaba lo importante que era que yo supiera tanto o más como él.

-          ¿Qué hay de la primera y segunda guerra mundial? – pregunté un día mientras leíamos la historia del mundo

-          Quedaron en la historia, ya que ninguna fue tan lamentable como la tercera.  Por eso la llaman la guerra bioquímica, el tratado que se tenía sobre la prohibición del uso de armas biológicas fue violado por distintos países, creando pandemias a nivel mundial que acabarían con un 90% de la población de humanos.

-          Eso es horrible – dije mirando al suelo – Como pudimos llegar a tales grados

-          Los humanos tienen una característica única. La manera en que ustedes sienten es combinada, las demás criaturas aman, odian, sienten tristeza, rencor... Pero solamente nos basamos en una sola emoción, ustedes pueden sentir múltiples al mismo tiempo. Pueden odiar mientras aman, estar felices mientras sienten miseria, sentir rencor y al mismo tiempo perdonar, son una mezcla de emociones, lo que los lleva a actuar de maneras poco inteligentes. – me trataba de consolar Viktor – Es por eso que decidimos resurgir de las sombras para tomar el control del mundo

-          No puedo creer que nos dejaran vivos, y sobre todo de la manera que estamos. Por nuestra culpa se extinguieron tantos animales, tantas plantas... Matamos poco a poco la naturaleza.

-          No digas eso – susurraba mientras acariciaba tiernamente mi rostro – ustedes son criaturas hermosas. A pesar de todo lo que pasaron, sentían deseos de sobrevivir. Aun sin tener habilidades o "poderes", como ustedes les llaman, buscan la forma de no extinguirse. Esa es una cualidad que siempre nos intrigó a todos y es la razón por la que decidimos intervenir. Pero me alegra – continuaba mientras topaba su frente a la mía – o si no jamás te hubiera conocido.

Repasaba los libros de historia con extremo afán, fue entonces que descubrí uno. "Historia del mundo", se veía bastante viejo, sus páginas estaban amarillas y delicadas además de su portada borrosa. Leí la fecha ¡Era un libro de los años 2000! Fascinado, me senté en el suelo para leer con mucho cuidado sus páginas, en la primera había un mapa del mundo. Quedé encantado con la inmensidad de divisiones que tenía. Leía cada parte buscando el lugar adonde yo me había criado. En el hemisferio este de la nación de los vampiros, en una pequeña isla llamada "Japón", me divertía la idea de pensar cómo podía haber tantas divisiones, cada país diferente al anterior, peleando por territorio. Un mundo separado lleno de prejuicios. Recuerdo haber leído mucho acerca de cómo los humanos en esos momentos no soportaban la idea de que los demás tomaran sus propias decisiones y luchaban por impulsar ideologías sexuales o religiosas, peleaban por la diferencia de color en sus pieles o por que no eran de un mismo "país". Desde que las criaturas habían tomado el planeta todo eso se había desvanecido, el mundo era un mejor lugar.

Fue entonces que me fijé, una isla que no conocía. Me acerqué a leer el desgaste de las letras, "Australia". ¿Qué era Australia? Tomé un libro de geografía moderna, comparándola con la anterior, estaban las naciones neutrales, pero "Australia" no aparecía en el mapa.

-          Viktor – llamé intrigado

En un abrir y cerrar de ojos, Viktor se encontraba sentado atrás mío, abrazándome para que yo cayera apoyando mi espalda en su pecho.

-          ¿Yuri? – sonrió

-          ¿Qué es Australia?

Por primera vez desde que estaba en su casa vi a Viktor mirarme molesto, sin embargo en cuestiones de segundos volvió a sonreír.

-          Es una isla perdida – dijo, sin embargo pude notar que su sonrisa no llegó a sus ojos. Preferí no volver a tocar el tema con él e investigar por mi cuenta. Pero cuando regresé más tarde, el libro ya no se encontraba por ningún lado.

Había pasado aproximadamente un mes, cuando obtuvimos una carta, Viktor la tomó en sus manos y sonrió, solamente las familias más altas enviaban cartas para hacer invitaciones, ya que era una forma más personal. Viktor la abrió mientras yo me sentaba en sus piernas intrigado.

-          Es una fiesta – sonrió mientras sus ojos brillaban - ¿Quieres ir?

-          ¿Eh? – pregunté mirándolo - ¿Yo?

-          Claro que tu – continuó abrazándome - ¡No quisiera ir con nadie más, Yuri!

Me sonrojé y expliqué que no tenía trajes para ir, además, no sería buena imagen para él que un humano lo acompañara.

-          ¡Patrañas! – dijo bufando – Yo quiero que me acompañes, ya veremos lo de tu traje, pero mientras hay algo que tengo que saber.

-          ¿Qué es?

Viktor se puso de pie, levantándome a su vez. Pasó un brazo por mi cintura, mientras el otro tomaba una de mis manos, por instinto posé mi mano libre en su hombro, me acercó más a él mientras me miraba directamente a los ojos.

-          ¿Puedes bailar?

Comenzamos sin música alguna a movernos por la pista imaginaria, Viktor no rompía el contacto visual entre nosotros, me avergonzaba, pero me perdía en esos ojos color cielo y en su resplandeciente sonrisa. Dábamos vueltas por la sala, era como si en el mundo solamente existiéramos nosotros dos. Tragué saliva nervioso, solté mi mano de su agarre solo para ponerla en su otro hombro, y dejar reposar mi cabeza sobre su pecho, quería sentirlo más cerca. Pasó su otro brazo por mi cintura, topando nuestros cuerpos, sonreí mientras nos movíamos suavemente, su quijada apoyada en mi cabeza, ninguno de los dos se atrevía a decir nada.

-          Yuri – dijo Viktor por fin

Cuando levanté mi rostro para verlo, sus manos se posaron en mis mejillas, acercando su rostro para que nuestros labios se juntaran. Cerré mis ojos mientras me dejaba llevar, nuestro beso era lento y suave. Sus labios saboreaban con delicadeza los míos, mientras yo torpemente trataba de hacer lo mismo. Sentí como sonreía sobre mis labios y como se alejaba un par de centímetros.

-          Yuri – susurró

-          ¿Si, Viktor? – dije mientras el corazón me latía a mil por hora.

-          Tengo hambre.

Cerré mis ojos sonriendo, ladeando mi cabeza para dejar al descubierto mi cuello, ya no era necesario que me preguntara, jamás le diría que no.

-          No, mi Yuri

Abrí mis ojos sorprendido, esperando una explicación a su rechazo. Acerco nuevamente sus labios a los míos, mientras nos derretíamos en otro beso, cuando nuevamente se separó de mí, pronunció palabras que me dejarían sin aliento.

-          Quiero hacerte mi esposa.

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