Louis Sadat.

Bastó con un gesto de mi mano para echar a los inútiles de la tienda. No prestaba la más mínima atención a cada información que me entregaban estos perezosos, menos los planos y dibujos que traían luego de su recorrido por las tumbas. El calor es sofocante y lo único que lograba prestar atención era la voz monótona de la radio que comentaba sobre lo sucedido en la tumba «KV53» y lo grave que salió una muchacha.

«Monett salió muy grave -me dije al escuchar la radio-, más grave de lo que ustedes creen».

Quizá... tal vez, de verdad hay algo raro o mejor dicho extraño ahí adentro, ya que Isaac tenía una cara de espanto, pánico, terror, como si hubiera algo más ahí adentro, y me atrevería a decir que un fantasma llegaría a ser algo pequeño y poco a lo que vio.

Me levanté de la silla, ya era hora de moverme ya que mis articulaciones se estaban cortando en esa pequeña silla y mi trasero ya se estaba acalambrando. Caminé hasta llegar a la famosa tumba que es tan hablada en estos últimos días y ha llamado la atención de todos los turistas; la zona estaba asediada con una cinta amarilla y se encontraban algunos trabajadores conversando en como iban a retirar aquellas rocas de la entrada. Ya cerca, coloqué mi mano sobre mis ojos para evitar los rayos del sol y así poder observar mejor la mancha de sangre que aún se mantenía sobre la arena. Recuerdo que en ese momento se me pasaron más de mil preguntas en mi cabeza, y todo apuntaba hacia él, toda la culpa la tenía él en ese momento, y después me retracto de mis pensamientos al ver su rostro de atrocidad cuando sostenía el cuerpo de Monett sobre sus brazos; era un cuerpo demacrado, débil, mal estado, muerto en vida. Una pena recorrió mi cuerpo al recordar nuevamente, tenía una necesidad de cuidarla y protegerla, pero ella ya tenía a su príncipe egipcio.

Tomé mi celular y marqué al director. Mi mente me dice que lo llame y mi corazón me decía que no. Trataré de explicar lo sucedido sin que suene extraño, pero tendría que buscar las palabras correctas para que no crea que estoy protegiéndola.

El sol ya se ocultaba entre las montañas de arenas cuando el director finalmente arribó en el Valle. Nos sentamos en las sillas incómodas de mi tienda y me observaba con cara de pocos amigos, lamentablemente esa es la única cara de que tiene y por eso todos le temían, menos yo. Gracias a él, he sido como soy y he conseguido ser el segundo más temible de todos, luego se encuentra Monett llevándole la contra a todos y arruinándole los trabajos a los demás, y aunque no lo crean, ella siempre tiene la razón y a logrado todo lo que se propone sin ayuda de nadie, ese es otro punto de porque todos le temen -sin contar lo experimentado hace unos años atrás-, y nadie trabaja con ella; con gusto me ofrecería para sumergirme en otra aventura junto a ella, sin embargo, nuestra relación es muy compleja y complicada, ya lo habrán notado. Somos como el perro y el gato, el agua y el aceite, nunca habrá una manera para que tengamos una buena relación de compañerismo, simpatía, y amistad, al contrario, tiene que ser basada en peleas y discusiones.

-¿Qué tienes para mi? -interrumpió mis pensamientos mientras tomaba una jarra con agua fresca y lo vertía en su vaso más cercano.

Esa pregunta siempre lo hacía cada vez que nos juntábamos, es una especie de evaluación y siempre, pero siempre tengo que tenerle alguna noticia nueva o sino me califica como un irresponsable y diría la palabra que tiene un pésimo gusto para todos y nos da miedo que algún día sea pronunciada por nuestros jefes, «me decepcionas»; no hay palabra más fuerte que destroce tu interior, que te queme por dentro, que te entierren una daga en el pecho, que no sea esa.

-Espero que sea algo bueno. No quiero que mi más fiel arqueólogo me defraude.

«No quiero que mi más fiel arqueólogo me defraude». Defraudar, una palabra más sutil que decepcionar, mismo significado, mismo daño con la única diferencia que este está disfrazado.

El Misterio de Smenjkara (FDLA #1) [EDITANDO] ©¡Lee esta historia GRATIS!