♡Noche 8#♡

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Por un momento llegue a pensar en que me estaban  tomando el pelo, puesto a que me era imposible creer que aquel ser fuera inocente. Mi mente no lo aceptaba, no podía.

Suspire mientras cerraba mis ojos y trataba de no perder la cordura, pero, en realidad, ya la había perdido. Aun aquellas escenas eróticas seguían vagando por mi mente, torturándome hasta mas no poder, no sabía que hacer, ya no quería entrar a mi recamara, ya no quería dormir en aquel lugar, pero la curiosidad  mato al gato. Quería averiguar lo que sucedía, quería llegar al fondo de esto. Mi madre no se hallaba por lo que me encontraba sola, eran las siete de la noche y yo aun seguía talan dome la cabeza con mi monstruo, o mas bien Tae. Mecía mis pies mientras me acomodaba mejor en la alta silla de la cocina, me encontraba devorando un pan, pero mi cabeza se encontraba en otra parte. 

Los nervios invadían por completo mi cuerpo, volviéndome débil, me sentía patética al verme en el estado en que me encontraba. Luego de haber terminado en la cocina comencé a subir los escalones hacía mi recamara, tenía que ir allí, quería preguntarle tantas cosas que no veía cuando llegar. 

Cerré con cautela la puerta de mi habitación mientras dejaba la luz apagada. Tome mi celular entre mis manos y con cuidado me senté sobre mi cama, colocándome como indio, sabía que no faltaba casi nada para que mi monstruo hiciera su aparición, suspire. Luego de algunos minutos en completo silencio en mi cuarto, sentí un pequeño ruido que provenía desde abajo de mi cama, me alarme, aquellas imágenes volvieron a mi haciendo que mis mejillas colapsaran. Algo me decía que no se mostraría ante mi, puesto a que habían pasado algunos segundos luego de haber escuchado los ruidos y no aparecía. Tome valor y hable.

―...Tae...―susurre ante la oscuridad, por un momento me sentí sumamente estúpida al hablar sola entre la negrura de mi recamara.―Se que estas aquí...por favor.

Mi corazón pego un brinco al ver a lo lejos como aquellos ojos traslucidos me observaban cautelosa mente desde la oscuridad de mi cuarto, lo mire confundida, ¿Que hacía allí escondido? ¿Acaso me tiene miedo?.

No. Era imposible que aquella cosa me tuviera miedo, mas bien tendría que ser al revés.

Aun manteniendo conexión entre nuestras miradas, acomode mejor mi cuerpo dejando un pequeño espacio en mi cama para que Tae se sentara, hice un gesto en modo de que viniera y de a poco se fue acercando. Mis nervios cobraron vida al ver en el momento en que su cuerpo era bañado por la débil luz lunar que atravesaba mi ventana filtrándose en mi cuarto, aquello me hizo ver como sus mofletes se encontraban completamente rojos, tan rojos que pensé que tenía fiebre. Aun dudando se fue acercando mas hasta que mis ojos detectaron como sus níveos y largos dedos se posaban sobre mi cama, haciendo que en donde se apoyaba una parte se hundiera.

Ahora si podía decir que no entendía nada, no creía lo que estaba viendo. El monstruo vil y cruel de mis pesadillas se hallaba con una expresión de miedo y vergüenza ante mis ojos. Parecía un nene de diez año que aun le teme a las arañas y que no come sus vegetales. Suspire confundida.

―Mm...a-acércate...―lo mire dudosa por lo que estaba a punto de soltar.―Tae...

Sus orbes centellaron al escuchar como su nombre salía de mis labios. Asintió y siendo obediente se acerco mas, a tal punto de subirse sobre mi cama, trague saliva al ver como su manzana subía y bajaba, también estaba nervioso. 

Su mirada perdida choco contra la mía, sentí una punzada en lo mas profundo de mi, al ver como llenada de aire sus mejillas y apretaba las sabanas con sus manos. Me sentí lista, dispuesta a hacer preguntas entrelazadas con respuestas coherentes. Mis nervios crecieron, pero aun así pude esconderlos.

―Tae ¿Ese es tu nombre?―pregunte, se me quedo viendo confundido  hasta que asintió seguro.

―¿Cuantos años tienes?.―no dijo nada, tenía curiosidad, puesto a que no parecía ser de mi edad. Podría jurar que tenía pinta de ser un chico mayor que yo. Seguí esperando hasta que.

―No se.―sus ojos brillaron entre la oscuridad mientras su voz gruesa  me hacía temblar entre mis sabanas, ¿No sabía? vaya que bueno. Continué.

―¿De donde saliste?

―No se.

―¿Porque estas aquí, en mi cuarto. Porque el mio?

―No se.

―¿Acaso te quemas si prendo la luz?

―No se.

―¿Yo te cree?

―No se.

―No puedes responder a todas mis preguntas con un simple no se.―proteste frustrada.

me miro.

―No se.

Bufe rendida, no podía con aquel ser. Al parecer tanto el como yo no sabíamos quien era su persona. Definitivamente estaba hablando con un niño. Sintiendo me aun con posibilidades continué.

―¿Porque solo apareces en las noches?

―Me... gusta la oscuridad.―susurro.―Estar a oscuras.

Bien por lo menos no había dicho 'no se'. Pase mis manos por mi cabello en un intento de relajar mis nervios que de alguna manera querían salir y, de tratar de mantenerme estable. Fije mi vista en sus labios en el momento en que su lengua salio a flote, a humedecerlos, me sentí extraña, aquello me estremeció por completo. De golpe todo lo que paso las noches anteriores llegaron a mi mente, podía sentir como mis mofletes se calentaban.

―Hace unas noches tu cuando estabas...―me sentí por alguna razón incomoda al querer recordar eso junto con el.―Me pediste que te ayudara ¿Acaso estas muriendo o...

―Estoy desapareciendo.―fruncí el ceño confundida.―Si no me tiene miedo, desaparezco.―finalizo mientras su mirada chocaba con la mía.

―¿Así que yo te cree?―pregunte, no me respondió, solo se limito a observarme en silencio.―¿Acaso soy tu fuente de energía?―solté curiosa.

Asintió, mientras sus mechones bailaban entre la penumbra de mi cuarto.

―¿P-porque... me atacaste?...―maldije en mis adentros, me sentía nerviosa, podía sentir como las palmas de mis manos comenzaban a picarme. 

Me miro confundido mientras movía su cabeza hacía un lado.

―Porque te necesito.―murmuro.

Mi corazón pego un brinco.

「A Oscuras」 ;+k. thDonde viven las historias. Descúbrelo ahora