Día 28: ellos aún no saben que soy un personaje literario.

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Y, ahora que lo pienso mejor, quienes nos dedicamos a las letras —literarias, no las de pago— alguna vez hemos entrado en una discusión más estéril que la granja de Abe Simpson antes de que le pusieran uranio: ¿Una obra maestra lo es por la trama o los personajes? Un clásico que data desde la invención del caldo. O la de los tacos; tampoco nadie sabe cuándo ocurrió pero al menos fue en un lugar conocido.

Antes de enmarañar este rollo, daré mi opinión. Desde luego, ustedes tienen derecho de réplica. No todo el mundo puede estar de acuerdo conmigo y es lo más lógico. Para eso está la caja de comentarios.

Ferb dijo cierta vez que "un héroe es un héroe, pero todos aman un buen villano". Muy cierto, sin duda. Me simpatiza por ser el único engendro de Disney con sentido común. 

Es un hecho que el Silencio de los inocentes no sería lo mismo al faltarle Hannibal Lecter. Sin embargo, ¿qué ocurriría si el buen doctor fuera el antagonista en una novela de Rayita? Sería un castigo excesivamente cruel para sus fechorías mandarlo a ese infierno literario. Ni él merece tal infortunio. La reina Sofía de Soteria tal vez lo amerite por manipuladora. Rayita debería sufrir el mismo destino con mucha más razón. En fin, ya hablaremos de Rayita. Ni esa chica perfecta sin nombre se salva de que despotrique contra ella.

Pensaba hacer una disertación doctoral sobre este punto. Aunque, al parecer el ejemplo anterior es tan elocuente que no necesito profundizar más. No puedes tener lo uno sin lo otro. Punto. La trama es tan importante como los personajes que participan.

En conclusión, una historia sin personajes no sería más que una sucesión de sentimientos e ideas abstractas. Ni siquiera se parecería a la prosa poética. En cambio, ver personajes sin una buena trama es lo mismo que mirar a la calle por la ventana: de vez en cuando sucederían hechos inconexos interesantes, pero no más.

La siguiente parte del mapa de Barbacoa cubre el desarrollo de personajes. Por eso he preparado esta pequeña introducción a las Ciencias Sociales.

En realidad, mi objetivo no es enseñarte a crear personajes memorables o populares. Desde luego, sería genial que fuera resultado de este librajo. Me conformo con que sean convincentes. Si un lector se duele cuando a tu personaje le pasa una tragedia o le causan gracia sus ocurrencias o se identifica con las razones por las cuales actúa de un modo u otro... puedes considerar que lo has desarrollado bien.

Crear un personaje memorable requiere una planeación sumamente cuidadosa que hasta podría llevarte años. Si hablamos de popularidad, la cosa se pone peor. Entran varios factores, desde una buena mercadotecnia hasta la suerte. Y a veces ni así hay éxito. Muchos saben quién es Hatsune Miku pero no conocen a Seeu. Detrás de ambas hay un diseño muy cuidado y una buena campaña de mercadeo y, sin embargo, Seeu casi no tiene reconocimiento fuera de Corea. ¿Ves mi punto ahora? Por eso digo que te habrás anotado un gran logro si tus personajes ganan —según sus acciones— la simpatía o el odio de los lectores.

Por cierto, te presento a Seeu. ¿A que es bonita?

 ¿A que es bonita?

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