Tom me bajó al suelo cuando las puertas del ascensor se abrieron. Casi corrimos a la puerta de mi casa y cuando estuvimos dentro volvió a empujarme contra una pared. Su lengua parecía furiosa mientras me recorría la cavidad bucal y la mía, por supuesto, no era menos.

Noté como mi temperatura comenzaba a subir cuando sentí una mano de Tom tomar mi pecho. Como respuesta intenté quitarle el cinturón y el botón del mismo.




—¿Vamos a acostarnos?—Preguntó separando por un segundo su boca de la mía para dirigirla a mi cuello.

—No, voy a lavarte los pantalones.—Con un tirón se los bajé por completo.—¿Tú qué crees?

—¿Tienes que ser sarcástica en todo momento?—Movió sus pies para dejar caer los pantalones al suelo y se quitó los zapatos.

—Cuando dejes de hacer preguntas tontas dejaré de ser sarcástica.

—¿Tendré que ayudarte a controlar tu boca?—Me sonrió de una manera que me encendió tanto que tiré del cuello de su camisa y esta vez fui yo quien lo empotró contra la pared. Las manos de Tom se encargaron de quitarme el vestido con una facilidad asombrosa, dejándome en ropa interior en mitad del pasillo.—Vamos a tu cuarto.



Tomó mi mano y tiró de mi hasta mi cuarto. Algo comenzó a revolverse en mi estómago de nuevo ¿eran nervios? Me sentó en la cama y comenzó a desabotonarse la camisa mientras me miraba fijamente, yo aparté la mirada y observé con atención lo que tenía enfrente. Tom sabía como disimular sus atributos de una manera perfecta porque bajo los pantalones tenía el martillo de Thor.




—Mis ojos están aquí arriba, cariño.—Su voz me distrajo, antes de que me diera cuenta le tenía encima mía besando mis labios con ternura.—¿Qué estabas mirando?

—Pues…—Dejó mis labios para ir bajando por mi cuello hasta llegar a mis pechos. No tuvo que hacer mucho esfuerzo para deshacerse de mi sujetador, ese día había escogido uno de los que se abrían por delante—...miraba lo bien que te quedan los calzoncillos negros.

— Buena excusa.



Quise decir algo pero Tom, conociéndome me cerró la boca con su dedo índice y besó mi pecho y mi respiración se disparó. Comenzó a faltarme el aire y jadeé en busca de un poco de oxígeno. Movió su boca uno de mis pechos y con su lengua jugueteó con el pezón como si se tratase de un caramelo.

Sentía que mi cuerpo iba a explotar en cualquier momento pero Tom paró. Me miró con el ceño fruncido y se levantó corriendo, se fue de mi habitación y corrió al baño. Me coloqué su camisa sin ni siquiera cerrarla y corrí tras él.




—¿Te encuentras bien?—Aunque la respuesta era obvia, la hice. Tom estaba vomitando al igual que yo lo había hecho antes. Tiró de la cisterna y me senté a su lado.—Thomas…

— Perdona, en un segundo estaré bien.—Colocó sus dedos en el puente de su nariz y lo apretó, como si así se le fueran a pasar las ganas de vomitar.—Oh dios, sigues medio desnuda.

—¿Quieres que me vaya?—Como respuesta dejó caer su cabeza en mi pecho.—A veces eres muy pequeño.

—Definitivamente algo en ese restaurante estaba en mal estado.



Le ayudé a levantarse y se lavó la cara. Fui a la sala de estar y cogí un cepillo de dientes que teníamos por la insistencia de mi madre a que George se lavase los dientes después de comer en mi casa. Él nunca lo había utilizado pero siempre le decía a mi madre que sí para no llevarse una regañina.

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