La trampa. Parte II

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Minutos después de marcharse el primer grupo, regresó un soldado a pedir refuerzos

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Minutos después de marcharse el primer grupo, regresó un soldado a pedir refuerzos. Darius se apresuró para ir con "su señor", pero el muchacho le informó que Argos solo quería soldados rasos y que él ya tenía una tarea; la de vigilarnos (como todo el perro guardián que era)

El comandante esbozó una mueca de disgusto, marcando su prominente entrecejo que parecía una sola ceja en ese momento, pero debió tragarse su furia y frustración y acomodarse al puesto que su rey le había asignado.

Luego se dedicó a vigilar mucho más el túnel por donde el resto se había marchado, con gran curiosidad y expectativa.

En ocasiones nos dirigía alguna mirada, pero sabía que no seríamos tan tontas para escapar, pues Vera no estaba en condiciones de ninguna huida en su estado de salud actual. Además sin las luces de las lámparas, no se veía demasiado y la montaña era como un interminable y negro manto de obsidiana, que albergaba varios peligros ocultos; una verdadera trampa mortal, en fin.

Pese a ello, yo estaba sopesando la posibilidad de escapar, para ir tras de Daniel. El fuego de mi antorcha estaba a punto de extinguirse debido a algunas ráfagas de viento que lograban colarse por el resto de los pasajes adyacentes de la cueva. Cuando eso pasara y la oscuridad nos invadiera, saldría corriendo por el corredor de piedra.

Si Daniel fracasaba, porque el destino se ponía pretencioso, ahí estaría yo para cumplir mi tarea.

Ya estaba preparada para actuar, cuando sentí a Vera tiritar.

−Que oscuro y frío está aquí abajo...−dijo con voz vibrante. Su aliento creó una pequeña nube de vapor por efecto de la gélides de la atmósfera.

−Es cierto...−acordé y la envolví en un abrazo.

Fue entonces cuando sentí la humedad de su ropa.

−¿Qué es esto?− no le di tiempo a que responda, pues en ese momento acerqué la luz hacia su cuerpo y noté la gran mancha escarlata que se esparcía por su costado. ¡Sangre!– Vera estás herida. ¿Cuándo te hiciste eso?

−Fue durante el ataque...una de las garras de la bestia me alcanzó –explicó− No creí que fuera grave... la herida debía cerrarse, pero no cauterizó...

−¿Te duele?− ella negó. ‹‹Claro, puede controlar el dolor›› −Déjame ver la herida.

Al vislumbrar el corte en detalle noté que aunque era pequeño, estaba infectado y la piel ligeramente ennegrecida. Lo peor era que la sangre seguía brotando al no haberse cerrado la herida, lo cual era extraño considerando que ella era una sanadora. Pero quizá su don no era efectivo a los efectos demoniacos.

Ella volvió a tiritar nuevamente.

››¡Tienes fiebre!− expresé a tocar su piel caliente.

−No me estoy sintiendo nada bien −confesó y luego un vahído la embargó.

En pocos segundos había perdido el conocimiento.

Yo la sostuve para que no se desplomara en el suelo y la apoyé contra mi cuerpo, colocando su cabeza en mi regazo.

−Vera...por favor, despierta −me empecé a desesperar. −¡Eh tú, imbécil! –le dije a Darius que volteó de inmediato, taladrándome con la mirada.

−¿Cómo me llamaste niñata?− se fue acercando y cuando contempló a Vera en mis brazos, en estado de inconciencia, sus facciones trasmutaron en un gesto de alarma. −¿Qué pasó aquí? ¿Qué le has hecho a la esposa de mi Señor?

−YO no le he hecho nada a mi tía imbécil. −él me miró de nuevo furibundo. Seguramente sentiría insondables deseos de romperme la cara, pero también recordaría las palabras de Daniel y no era tan estúpido para atentar contra su vida− Vera está muy mal herida... agoniza, por eso se desmayó.

−Te advierto que si me están engañando...

Lo corté en seco y le enseñé la herida, descorriendo su blusa. Darius empalideció.

−Fue el demonio que nos atacó el que le hizo esto y por eso no sana por sí misma. Necesita alguna medicina.

−Me viste cara de boticario niñata. –se quejó.

‹‹Te veo cara de muchas cosas›› estaba por decir, pero me abstuve. Tampoco abusaría de mi suerte.

−No, pero Argos puede sanarla. Él confiscó mi mochila y allí había ungüentos que podrían servir. Tienes que ir por ellos...antes de que...

Darius estaba dubitativo, indeciso.

−No puedo dejarlas solas.− musitó−Tengo órdenes que seguir.

−Sí, y una advertencia que considerar. –le recordé− Si ella muere será tu culpa y tendrás que vértelas con Daniel –pude percibir el temor aflorando en sus ojos y aproveché eso para continuar amedrentándolo.−Y también deberás vértelas con Argos.

−A mi Señor no le interesa la vida de su esposa...−comentó vacilante.

−No, pero dos rehenes son mucho más valiosos que uno y si la pierdes a ella, yo no aseguraría que tu cabeza estará en el mismo lugar de reposo sobre tu cuello, al final del día.−aquello último terminó de despejar cualquier duda.

−No se muevan de aquí... Regresaré pronto.

Salió precipitadamente por el túnel y mis ojos se posaron en mi tía. Apenas sentía el débil movimiento de su pecho.

−Vera tienes que resistir, por favor...aguanta un poco más.−le rogué y entonces el horror me embargó. Ella había dejado de respirar. 

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