Acampando

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SON 9 MESES

Capítulo 7: Acampando

Por Janet Gaspar

Querido Japito, no sé cómo será tu madre cuando leas esto (siempre he dicho que tiene la mano rápida si sabes a lo que me refiero, tu tío Jo tiene experiencia con eso), pero justo ahora siendo muchacha lo cierto es que es bastante intrépida. El sábado pasado nos hemos ido a acampar, cuando éramos niños acampábamos muy seguido y ahora a tu abuelo le ha dado la gana volver a hacerlo y hasta nos hemos llevado a tu bisabuela que se ha emocionado bastante.

Yo maneje siguiendo a tu abuelo por una carretera tan delgada y con tantas curvas que tiene la fama de "tragarse a la gente", incluso pasamos por vueltas tan pintorescas que llevan por nombre "la carreta de la muerte" y linduras por el estilo —por un lado el voladero y por el otro piedra—. Por fortuna te llevé tanto a ti como a tu madre sanos y salvos hasta nuestro destino.

Hemos nadado, asado salchichas, bailado en torno al fuego y finalmente nos hemos ido a dormir dentro de la casa de campaña. Rondaban las dos de la mañana cuando he sentido que algo me caminaba por el cabello y a pesar de que mi subconsciente ha dicho "Anda, ¿Qué tal si es una tarántula?" ni siquiera he podido abrir los ojos, tu madre en cambio ha pegado un gran brinco chillando "¡Algo se me subió al cabello!", la abuela se ha parado enseguida poniendo pies en polvorosa (que es rápida la abuela), tío Jo-kun se ha levantado mareado de sueño intentando encontrar al animalejo, por desgracia la única lámpara que teníamos a la mano era la muy tonta luz de mi celular. El abuelo se ha quedado acostado sin importarle nada hasta que el animalejo aquel le ha caminado encima.

Al final a pesar de nuestros: ¡Es un gusano, es un ciempiés!, ha resultado ser una simpática y muy asustada ratita de campo. El abuelo se ha quedado intentando sacarla aunque tu tío Jo-kun estaba emocionado viéndola desde afuera, me ha dicho que no sabía que los ratones fueran tan bonitos porque él siempre los veía ya que estaban muertos, lo que me ha causado gracia.

Al final el ratoncito ha huido aterrorizado al campo y nosotros hemos tardado un rato en volver a dormirnos. Llevamos una lámpara muy propia de los juegos de terror, para que encienda tienes que estarle dando cuerda y hace un ruido atronador, si dejas de darle cuerda dura diez segundos antes de apagarse, así que en medio de la noche junto al río y los árboles nos sentíamos en medio de uno de esos juegos de supervivencia. Al final —de alguna manera— nos hemos vuelto a dormir. He bañado a tu madre en repelente de mosquitos para que no haya dengue ni zika que la alcance, como resultado ningún mosquito se ha atrevido a acercarse. Tu madre ha dicho —con su humor negro de siempre— que si repele cualquier clase de alimañas también debería evitar ratones. Bueno, el ratón no intentó mordernos.

Por la mañana tu abuela, tu tio Jo-kun y yo nos pusimos los cascos, las guanteletas y trepamos a las bicicletas, el abuelo, la bisabuela y tu madre nos siguieron en la vocha (así le decimos a la combi de cariño). Bajamos unas pendientes que pensé que no paraba de rebotarme el cerebro y subimos unas colinas que casi nos reventaban los pulmones pero llegamos a aguas termales, ríos en calma y hermosos amaneceres. Como no podía ser de otra manera tuvimos un par de accidentes (la abuela se cayó en el río, la vocha no podía subir un terreno escarpado, a los que íbamos en bicicletas nos quiso atacar un toro y al final la bisabuela se cayó de panza en el río) pero nos hemos divertido terriblemente.

Ojala cuando seas mayor podamos ir a acampar todos juntos, no hay nada como contar historias de terror alrededor de una hoguera y pedalear al amanecer. Aun no estás aquí conmigo, pero lo espero con ansias.

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