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Capítulo 3 :Atrapada

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-¿Y bien? ¿Vas a seguir huyendo o vas a decirme qué buscabas?

Ethan me miraba furioso. Nos habíamos dirigido a las gradas del gimnasio para hablar sin que nadie más pudiese oírnos... en realidad había sido idea mía, no es que me apeteciera que el resto del mundo supiese de mi nueva pasión por cometer delitos.

-No estaba buscando nada- hice una pausa, segura de que lo que diría a continuación me haría sentir más estúpida de lo que ya me sentía-. Me equivoqué de casa.

Sentí como el ardor subía a mis mejillas.

-¿Qué tú qué?- inquirió incrédulo-. ¿Esperas que te crea? Mira, es mejor que me digas la verdad o iré a la policía, no estoy bromeando.

-No estoy mintiendo, sino ¿qué crees que estaba haciendo allí?

-No lo sé... ¿me he acostado contigo?

-¿Qué?

-Me oíste, ¿me he o no me he acostado contigo?

-¿Estás de broma?

-No es mi intención ofenderte, ¿de acuerdo? Soy nuevo en la ciudad, pero he estado aquí años anteriores, si me he acostado contigo y estás enfadada conmigo porque no te he llamado o lo que sea, debes saber que no puedes destrozar mis cosas, es invasión de propiedad privada.

Me quedé mirándolo con la boca abierta de puro asombro, es que era incluso más vanidoso que mi hermano.

-¿Qué te pasa?- preguntó observándome como si tuviese enfrente a una demente.

-Me he equivocado de casa, creí que se trataba de la habitación de mi estúpido novio que acababa de romper conmigo por mensaje de texto y se mudó de casa hace unos días. Si no me crees puedes preguntárselo, es tu vecino.

Di media vuelta y me eché a caminar con paso ligero. Podría decirse que estaba huyendo otra vez, pero lo cierto era que lo único que quería era alejarme de aquel imbécil que se creía mucho por tener solo un par de músculos..., seguramente un abdomen de infarto..., y esos labios..., los chicos lindos solían ser idiotas, esa era mi teoría.

-¿Y sabes qué?- me detuve a unos pocos pasos de la puerta del gimnasio-. Si te hubieses acostado conmigo, lo recordarías.

No tenía idea de porque le había dicho aquello y menos aún porque me arrepentí inmediatamente luego de decirlo... bien, sí que sabía la respuesta a esto último, acababa de insinuarle a un desconocido que era una experta en el sexo. Bien hecho Sarah.

Estaba por entrar en el comedor de la prepa cuando una mano me sujetó por el brazo. Con uno de mis rápidos movimientos aprendidos de películas estilo Karate Kid 1, 2, 3..., 835, (puestos en práctica con mi hermano y en caso de su ausencia contra cualquier objeto que me igualase en altura..., lámparas, colchones, etc), giré sobre mis talones y le lancé un golpe, con la palma de mi mano, directo a la nariz. Por supuesto no nos olvidemos de mi grito karateka que utilizo no solo para desestrezarme sino también, aparentemente a partir de ahora, para golpear erróneamente a mis amigas.

-AAAAAAAAAAAYYYYYYYYYYYYYY- gritó comenzando a llorar al instante.

-¡Oh!- exclamé, plenamente consciente de que acababa de romperle la nariz a Brooke Willson, una de mis mejores amigas-. Brooke, ¡cuánto lo siento!

-¿Qué pasa contigo?- replicó furiosa, aunque su voz sonaba gangosa producto del golpe.

-En verdad lo siento, deja que te acompañe a enfermería, ven- la tomé de la cintura por la espalda y le hice de guía por el pasillo, ya que su nariz no dejaba de sangrar y ella debía llevar la cabeza inclinada hacia atrás.

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