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Capítulo 2 : Descubriendo que en ocasiones el sufrimiento no tiene fin

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Al día siguiente de mi pequeño altercado salí a comer con unas amigas. Aquel medio día el sol brillaba radiante en el cielo y lo sentí como un buen augurio de que las cosas mejorarían.

Miento, mi vida ha sido un infierno desde que decidí allanar una casa que no era la de mi novio... ex novio. Ahora bien, rebobinemos.

Naírarojem sasoc sal euq ed oirugua neub un omoc ítnes ol y oleic le ne etnaidar aballirb los le aíd oidem leuqa. Sagiam sanu remoc a ílas odacretal oñeuqep im ed etneiugis aíd la.

Me pasé el día siguiente a mi estúpido gran altercado ahogándome en mi sufrimiento, temerosa de que en cualquier momento un patrullero apareciese preguntando por mí. Lo peor de todo: no lograba dejar de pensar en el chico cuya habitación había invadido. ¿Quién diablos era? No me quedaba más que rogar que Luca fuese gay y ese chico fuese su amante, de modo que entonces no me importaría haber destrozado sus cosas y dejaría de sentir vergüenza por ello. Para colmo no había dejado de llover desde que había entrado en casa y había tenido que correr a entrar la ropa que mi padre había colocado en el tendedero. Me preocupaba que si llegaba la policía creyesen que estaba invadiendo un nuevo hogar y que pretendía robar la ropa de la familia que allí vivía... es decir mi familia.

Por supuesto Alex me interrogó y en un principio me creyó cuando le dije que no había estado en la habitación de Luca, pero luego de notar la cantidad de veces que me había asomado por la ventana de la cocina (claramente esperando ver a la policía), supo que estaba mintiéndole.

-Quiero que laves mi ropa- me dijo a los minutos de descubrir mi secreto.

-¿Disculpa?

-Ya me oíste, quiero que laves mi ropa.

-No lo haré.

-Oh, sí, lo harás, porque si no lo haces le diré a papá lo que le hiciste al cuarto de Luca.

-¡No le hice nada a la habitación de Luca!- exclamé enfadada.

-¿Crees que no me doy cuenta de que mientes? Te has pasado todo el día espiando por la ventana por si tu novio viene por aquí haciendo reclamos.

-¡Ya no es mi novio! Y no le hice nada a su cuarto, ¿cuántas veces debo repetirlo?

-No-te-creo- pronunció de manera robótica.

-No lo hice, ha sido peor que eso- me avergoncé.

-¿Peor? ¿Cómo de peor?

-Me he equivocado de casa- susurré.

-¿Qué?

-¡Me he equivocado de casa! Maldita sea.

-Oh- se quedó de una pieza durante el tiempo que la información tardó en llegar a su cerebro y cuando así fue se descostillo de la risa-. Por favor, no juegues conmigo.

-No estoy bromeando. Alex, me he equivocado de casa literalmente y lo peor de todo es que el chico que duerme en esa habitación me encontró allí rompiendo todo.

Las carcajadas de mi hermano fueron incrementando su volumen hasta que parecía que tenía a Papá Noel riendo ante mí.

-¡La policía podría venir en cualquier momento!- exclamé para sacarlo de aquella fase en la que parecía disfrutar a costa de mi sufrimiento.

-La policía no va a venir, no ha venido ayer, ¿por qué vendría hoy? Ese chico no sabe quién eres, ¿cómo va a saber dónde vives?

Así que decidí confiar en lo que decía mi hermano, después de todo sonaba razonable lo que decía. Ese chico no sabía ni siquiera mi nombre, así como yo tampoco tenía ni la menor idea de quien era él. Me tranquilicé luego de asimilar aquella idea, aunque no podía evitar sentir culpa. ¿Lo correcto sería ir a su casa y explicarle lo sucedido? No, claro que no, mejor tragarme la culpa y decirle a mi conciencia que cerrara el pico antes que tener que pasar la noche en una celda.

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