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Capítulo 1 : Destruyendo al enemigo

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¡Stop!

Luca Turner, el chico más lindo que haya caminado sobre la faz de la tierra, siendo más delicioso que el dulce de leche, era mi novio desde hace tres años. Solíamos ser vecinos, pero hace un par de días había iniciado su mudanza a varias calles de donde se hallaba mi casa. Yo aún no me sabía su dirección, puesto que conocería su nuevo hogar dentro de dos días, cuando estuviese ya definitivamente instalado. A mí no me importaba en absoluto, de hecho le había insistido para que me dejara colaborar en la mudanza, pero se había mostrado terco alegando que no quería hacerme trabajar los últimos días que nos quedaban de vacaciones antes de volver a la preparatoria.

Cierto, no se los mencioné, estaba a punto de iniciar el último año de preparatoria. No sabía cómo sentirme al respecto. ¿Debía estar feliz porque dejaría atrás las estupideces del bullying y el empeño que tenían algunos profesores por hacer de la vida de sus estudiantes un infierno o debería estar triste porque poco a poco mi adolescencia iba llegando a su fin y eso implicaba que tendría más responsabilidades que antes? Ya ven porque no se los había mencionado antes.

Como iba diciendo, Luca era mi novio, ese preciosísimo rubio de ojos azules que hacía que mi corazón se acelerara con tan solo mirarme. En su caso el drama del último año en la prepa era distinto, puesto que no era su último año, de hecho Luca era más chico que yo, él tenía dieciséis y yo diecisiete años, todo un acontecimiento para la gente que cree que la mujer siempre debe ser la menor en una relación. Al menos habían quienes lo felicitaban por estar saliendo con una chica un año más avanzada que él y a mi mis amigas me solían dar palmaditas en la espalda en señal de aprobación por estar de novia con alguien menor, como si yo fuese una anciana cuya vida está a punto de expirar y está acostándose con un jovencillo.

Me apoyé en la encimera y deslicé mi dedo por la pantalla del móvil. El mensaje se abrió al instante:

No sé cómo decirte esto, pero quiero ser directo y franco contigo, ya sabes todo lo que significas para mí y lo mucho que me importas. Quiero que terminemos. Lo siento, pero ya no estoy enamorado de ti. Por favor no te enfades conmigo y trata de entenderme. No me llames, será mejor si dejamos de vernos desde ahora. Saludos.

¿Saludos? El muy imbécil acababa de finalizar un mensaje como aquel con un simple: ¿saludos?

Me quedé de una pieza intentando asimilar lo que decía el mensaje. Debía de ser una broma, solo podía tratarse de aquello. Marqué su número y lo llamé. Directo al buzón. Le dejé un mensaje de voz.

-Tienes que estar bromeando, no puedes terminar conmigo y menos por mensaje de texto. ¿En que estabas pensando para jugarme una broma así?

Pasaron dos minutos y lo volví a llamar. Directo al buzón. Le dejé otro mensaje de voz.

-Luca, como esto no sea una broma te juro que te arrepentirás.

Ya ven, era una especialista en amenazar a la gente.

Otros dos minutos. Lo llamé. Directo al buzón. Le dejé el tercer mensaje de voz.

-Amor, cariño, no puedes terminar así conmigo. ¿Qué hay de lo nuestro? Estamos juntos desde hace tres años. Te amo.

Un minuto. Volví a llamar. Directo al buzón. Cuarto mensaje de voz.

-¡Luca Turner, como continúes sin atender el teléfono yo... yo...! ¡¿Quién demonios te crees que eres?! ¿Vas a tirar tres años a la basura solo porque... ¡ni siquiera me has dicho por qué! ¡Pedazo de egoísta sin corazón!

Segundos. Volví a llamar. Directo al buzón. Quinto mensaje de voz.

-Ignora el último mensaje, cariño, solo estoy algo nerviosa. Solo estás jugando, ¿cierto?

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