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Miedo

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De pequeño lo primero que te enseñan es a no decir que eres, es el secreto más grande que he tenido y lo he guardado desde siempre y ahora entiendo porque.

Nunca en mi vida he sentido tanto miedo, toda mi familia lo siente. El mundo se fue por la cañería cuando accidentalmente fue captado en cámara un hombre que vuela. Primer error que desencadeno todo este meollo.

Los humanos no son los seres más sociables y son los más paranoicos de todos, desde hace unos meses que nos escondemos, cazar es casi imposible, cambiar es un riesgo demasiado grande para correrlo, intentamos vivir el día a día lo mejor que se puede, pero la cosa sólo empeora.

Dalila suele decir que no estaríamos en este apuro si fuéramos más organizados y las razas no estuvieran tan distanciadas. Les digo que es lo peor de todo, es que los humanos no paran de decirnos los Otros, acaso no pueden ser más imaginativos, no les basta con querer destruirnos sino que también nos llaman de forma ridícula.

Termino mi café y me quedo mirando a las personas pasar, en su gran mayoría humanos, pero uno que otro que no lo es y ellos me miran sabiendo que yo tampoco lo soy, pero en sus ojos no sólo hay ese entendimiento, también puedo ver tristeza y un deseo de protección, saben que soy joven y no desean que viva esto.

Pago el café y me levanto, quiero volver a casa pronto y no correr el riesgo de que me tome el toque de queda en las calles.

Con las manos en mis bolsillos camino por las bellas calles de París, cuna de la declaración de los derechos humanos. Igualdad, fraternidad y libertad. Este lugar tiene un atractivo casi mágico. Precisamente por eso mis ancestros se asentaron aquí y no los culpo amo todo de esta ciudad.

Después de unas calles decido que lo más prudente es tomar un taxi, son las seis de la tarde y no quiero demorarme demasiado. Ya en el vehículo, me quedo mirando por la ventana y recordando el día en el que nuestro mundo se complicó.

Recuerdo perfectamente a Fred caminando de un lado a otro después de leer aquella noticia en el periódico.

-Es el fin- decía- todo se acabó para nosotros, ahora los humanos nos cazaran como animales-

-Calma, por favor, o le harás un hueco al suelo, relájate no creo que los humanos se tomen esta vez en serio un vídeo como ese-

Le decía Dalila para intentar calmar sus nervios, yo sólo los miraba desde el sofá de la sala. Sabía de lo que hablaban porque Fred no paraba de repetirlo después de leerlo, pero yo no tenía miedo en ese momento, no entendía la magnitud del problema.

-Fred detente y cálmate-

Una voz gruesa y potente lleno la habitación y Fred se detuvo de inmediato, hasta yo me quede quieto aunque la orden no iba dirigida a mí. Jean habló con toda la autoridad que él desprende y nos es imposible no obedecerle de inmediato.

-Por el momento sólo preocupémonos por no levantar sospechas, lo que quiere decir que no debemos vernos nerviosos o asustados, seremos presa fácil de lo contrario. Tenemos una familia que proteger y por el bien de todos mantendremos la calma-

Y así hemos hecho desde entonces, con la esperanza de no levantar sospechas de nada.

El taxi gira a la esquina de mi edificio de apartamentos y veo varios coches de policías y el lugar acordonado, el taxista para y me dice cuanto le debo, pago, me bajo tranquilamente del taxi y me quedo ahí mirando hacia mi casa. Veo que sacan a Jean esposado, no, esto no es cierto, no nos han descubriendo. Bien puede que lo estén arrestando por otra cosa, pero entonces veo que sacan igualmente esposados a otros miembros de la familia, mi cuerpo se impulsa hacia adelante, sólo doy dos pasos antes de que un poder que recorre todo mi cuerpo me detenga, al mirar de nuevo a Jean, él me mira fijamente y sé que silenciosamente me ordena que me vaya y siga el plan que teníamos en caso de que esto sucediera.

Respiro profundamente y me voy antes de que alguien note mi presencia y sufra el mismo destino de los demás, pero antes de voltear en la esquina miro por enésima de mi hombro a mi familia una ultima vez. Si tan sólo pudiera hacer algo para ayudarlos, pero no puedo, las ordenes son claras y no puedo desobedecerlas.

Camino unas calles sin rumbo sólo mirando la gente y las casas. Todos se ven tan felices algunos están algo despreocupados, obviamente son humanos. Francia, donde nacieron los derechos humanos, sólo patrañas para mí ahora, pero claro nosotros no somos humanos.


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