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Reto 44

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Consigna: Escribe con sinceridad, retomando una historia que te podía haber pasado, pero en su lugar elegiste otro camino.



DIFÍCIL DECISIÓN 

Mientras bebíamos café, sentados en una banca de la plaza de otra comunidad campesina, él sacó a colación un tema que yo siempre evitaba tocar. Hacer una familia.

"Cuando nos casemos" dijo y suspiré. No es que no lo entendiera, lo habíamos hablado en ya un par de ocasiones, por eso yo sabía bien de ese deseo de casarse y tener hijos. Pero si yo había evitado el tema era justamente porque esta no era una de nuestras cien mil coincidencias.

Le sonreí mientras escuchaba de nuevo sus planes para él, su casa, su esposa y todos sus hijos. Pero mi sonrisa era falsa, y él me conocía lo suficiente para darse cuenta de ello. Por eso esta vez suspiró él.

—Tengo veinticinco —dijo y apreté los dientes pensando que yo tenía veintidós—. Mis hermanos tienen una familia hermosa, quiero una también —explicó y, levantándome de su lado, dije: —Pero yo no quiero una. —Eso era así. En mis planes futuros no había una familia. Estábamos él y yo juntos, divirtiéndonos, compartiendo días y volviendo cada uno a su casa después de ello.

Tal vez era inmaduro, pero yo no quería dejar de depender de mis padres, además aún estaba estudiando. Quería al menos terminar la universidad antes de pensar en mi futuro. Un futuro que él parecía tener escrito ya.

—Mary —dijo tomando mi mano, pretendiendo evitar que me alejara.

—No quiero pelear —dije mirándole. Y me soltó suspirando. Después de eso él fue a donde estaban todos, y yo a ayudar a repartir café.

Desde detrás de las ollas, mientras medio escuchaba charlas que no me interesaban, vi como todas las chicas le sonreían al dueño de la sonrisa más acogedora que yo conocía. Mi novio.

«Cualquiera moriría por darle una familia» pensé comprobando la popularidad de mi novio. No es que fuera el más guapo, de hecho no estada nada guapo, pero su personalidad era simplemente la mejor. Un caballero se quedaba corto a su lado. Qué lástima que él me quisiera a mí, la única chica no dispuesta a darle lo que pedía.

De camino a casa fuimos en camionetas diferentes. Yo de verdad que no quería tocar ese tema, así que, mientras pudiera mantenerme lejos, lo haría. 

Ricardo me miró con frustración cuando subí a la camioneta que él no conducía y yo estiré los labios fingiendo una sonrisa.

"Necesitamos hablar" su mensaje de texto. "Claro" respondí, y me preparé mentalmente para una nueva despedida. Ambos teníamos claro lo que queríamos, y no coincidíamos para nada. Alguien debía renunciar a lo que quería y perdería el que amaba más. Aunque aún no sabía quién era.

* * *

Llegué a ese parque donde pasábamos el rato, con un hueco enorme en el estómago. Iba dispuesta a todo por la felicidad de ese que yo amaba, iba dispuesta a dejar libre al hombre que más quería para que él pudiera buscar su felicidad.

—¿Qué es esa cara? —preguntó cuándo me vio. No podía evitarse, yo era una de las personas más expresivas que se conocen en el mundo, y no estaba llorando porque la noche anterior me terminé mis lágrimas—. ¿Vienes a terminar conmigo? —preguntó sonriendo y me di cuenta que mis lágrimas no se habían terminado, a su sonrisa yo lloré.

—No quiero una familia —dije tan ahogada como el llanto me tenía—. No quiero casarme y ser mamá, lo lamento.

—Lo entiendo —dijo llevando la mirada al cielo, la mía se fue al suelo. Este no era el final que había imaginado, para empezar ni siquiera quería que fuera el final. Pero no podía ser tan egoísta como para negarle la felicidad que añoraba. Aunque fuera tan egoísta que prefería renunciar a él que a mi decisión—. ¿Qué es lo que quieres? —preguntó de pronto, rompiendo ese largo silencio que nos había envuelto. 

—Que seas feliz, que la vida te dé lo que quieres —dije creyendo que buscaba la razón de terminar esto. Pero no era así.

—No —dijo—. ¿Qué es lo que quieres para ti? —preguntó y le miré con los ojos llenos de lágrimas. Yo odiaba perder, y estaba a punto de perder, de nuevo, a la persona que más quería; por eso no podía dejar de llorar. 

—Quiero estudiar, terminar la universidad, trabajar, viajar... no lo sé Ricky, quiero una vida diferente, no quiero casarme y convertirme en una aburrida ama de casa que vive para cambiar pañales —dije y suspiró.

—En cinco años, ¿qué vas a querer? —preguntó y le miré fijo—. Las personas cambiamos de metas e ideales, cásate conmigo en cinco años —dijo sonriendo y lloré. El que amaba más, perdería más. Él estaba renunciando a su sueño por seguir a mi lado. Ya sabía quién amaba más.

—¿Y sí, en cinco años aún no quiero casarme ni ser mamá? —pregunté mordiéndome los labios. No es que yo fuera una chica de ideales, pero sabía cuan caprichosa era. Además yo nunca, ni siquiera cuando fui niña, soñé con ser mamá; y hoy en día, cada día que pasaba, se me antojaba menos.

—Te esperaré otros dos años —dijo abrazando el mar de lágrimas que yo era—, además lucharé mi guerra, estoy seguro que sabré convencerte —sonrió— en cinco años tú me pedirás matrimonio —aseguró y besó mi frente.

—Te amo mucho —le dije aferrada a su pecho. Yo le amaba mucho, pero al parecer no tanto como él, y lo dijo: —No tanto como yo.

Y pues no estoy segura si en cinco o siete años querré casarme y ser mamá. Pero tengo ahora la certeza de que estaré con él tanto tiempo como me plazca, y quién sabe, puede que en cinco o siete años lo ame demasiado como para también renunciar a mis deseos con tal de verlo feliz.



Cuando él dijo: "Te esperaré otros dos" dije: "¿Y si aún no quiero, y si en diez años no quiero, y si nunca quiero casarme y ser mamá?... Yo no me perdonaría haberte arrancado el futuro que sueñas, y tú tampoco". Entonces terminamos nuestra relación y, aunque me dolió demasiado, lo superé fácil. Porque antes de él yo perdí un novio que nunca volveré a ver, porque falleció, y porque a Ricky lo pude ver feliz, haciendo una familia que hoy, cinco años después, yo aún no quiero tener. 

Gracias por leer. Besos hermosuras.

52 Retos de escritura 2017¡Lee esta historia GRATIS!