Tom me relató con sumo detalle la posición de todos sus regalos de cumpleaños del  día anterior. La conversación me aburrió un poco pero estaba demasiado nerviosa con otro tema como para permitirme hablar demasiado. Llegamos a una calle que identifiqué enseguida, era la calle dónde se encontraba el hotel Hilton.



— ¿Vamos a cenar aquí?—Le pregunté al bajar del coche. El me cogió del brazo y me llevó hasta la puerta.

—Por supuesto, en la planta 28. Es un bar restaurante llamado Galvin at Windows. Seguro que te gusta.

—¿Esto es una invitación por tu parte? Porque no pretendo hipotecar mi casa por comer fuera.—Tom me dedicó una sonrisa mientras negaba con la cabeza.

—Voy a invitarte, es mi cumpleaños ¿no es esa la costumbre?—Me encogí de hombros y el vigilante de seguridad de la puerta nos paró en seco.-—Disculpe señor, ¿hay algún problema?

— Necesito ver su identificación.



Mierda, mierda, mierda. En mi carné de identidad ponía que tenía veintitrés años, no veintisiete. Necesitaba pensar rápido.



—Señorita, su identificación.—Me apremió, miré alrededor y no vi nada con lo que pudiera distraer a Tom pero de repente se me ocurrió.

— ¡Tom! He olvidado la chaqueta en el coche, ¿podrías ir a por ella? Tengo que entregarle mi carné a este señor.—Le sonreí como buenamente pude y él asintió. Miré como se alejaba y le entregé el carné a aquel tipo.—Dese prisa, por favor.

—Esto me tomará el tiempo que yo considere necesario.—Resoplé impaciente hasta que finalmente se lo quité de las manos—Sólo por eso no debería dejarla entrar al hotel.

—Verás, conozco mis derechos, te he dado el carné, lo has visto. Soy mayor de edad y tengo una reserva.—Tom llegó en el momento en el que el personal de seguridad iba a responderme.—Hasta luego.



Tiré del brazo de Tom y entré en el ascensor con demasiada prisa.



—¿Qué haces?—Me preguntó extrañado.

—Tenía frío.

—Claro, por eso te he traído la chaqueta.—Abrió la prenda para que introdujera los brazos y así lo hice.—Hoy estás más callada que otros días.

—Estoy nerviosa.

— ¿Por eso que me tienes que decir luego?

—No.—Mentí.—Es por conocer a tus compañeros de trabajo.

—No te preocupes, son más normales de lo que piensas.

— Las personas normales no cenan en un restaurante dentro del hotel Hilton.

— Son personas normales con un poco más dinero que la media ¿Contenta?

— Te has enfadado.



No obtuve respuesta, por lo que supe que se había enfadado. Tom siempre se había quejado que odiaba que la gente se refiera a él como alguien anormal. Yo me siento tan normal como tú, siempre lo había reiterado.

Aquella estaba siendo la primera vez que veía a Tom enfadado, y lo temía. No le temía por que pudiera hacerme daño, temía a lo desconocido.

 

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