Capítulo 21

-¡Dios! ¡George, Fred, dejad de molestar! -gritó Shannon irritada dándoles una colleja a ambos.

-¡Ay, eso duele! -se quejó Fred sobándose la parte dolida mientras George lo imitaba con una mueca de desagrado- Vamos, Shannon, por favor...

-No -se negó Shannon rotundamente.

Por nada del mundo dejaría que George y Fred fueran a jugar un partido de balónmano sabiendo el riesgo que corrían. Para nada.

-Vamos, Hoult se alegrará de verte. A lo mejor incluso puedes jugar -suplicó George plántandose de rodillas frente a Shannon- Por favor...

Shannon era muy dura y tenía la cabeza en su sitio como para negar lo evidente, pero cuando se trataba de su deporte favorito... Ahí sus ideas se retorcían seriamente.

-Está bien. Pero tan pronto acabe el partido nos vamos corriendo -aceptó Shannon cruzándose de brazos.

El grito de euforia de los gemelos debió de escucharse en toda la casa. Ambos salieron corriendo de la sala de entrenamiento hasta llegar asu cuarto para cambiarse.

-¿Balónmano? -preguntó una voz divertida- ¿Qué clase de mundano juego es ese?

Shannon se giró para observar con la ceja alzada a Axel, el cual saltó del techo y acabó de pie frente a Shannon.

-¿Qué hacías ahí arriba?

-Estar tanto tiempo con la loca de mi prima es lo que tiene -respondió Axel burlón.

-¡Oye! -se quejó Marlee bajando del techo con un ágil salto posicionándose tras Shannon, la cual le dirgió una pequeña sonrisa divertida.

-¿Así que ahora sois monos? -se mofó socarrona.

-No -negó Marlee uniéndose a la broma- Solo Axel. No sabes la cantidad de pelo que tiene en las piernas... ¡Ay! ¡Desgraciado niñato! -le gritó a su primo devolviéndole la colleja.

Shannon se echó a reír con fuerza mientras Marlee comenzaba una pelea con Axel. Era bastante entretenido verlos hasta que llegó "Don MisterPerfecto" y destruyó la diversión.

-¿No podéis ir a jugar a otra parte? Este no es un jardín de la infancia, ¿sabeis?

-Aburrido -bufó Marlee. Axel le dijo que no con la cabeza y miró serio a Esteban, al igual que Shannon.Siempre fastidiando: aquel rubio le tenía harta- Bueno, ¿salimos al jardín, Shannon?

-En realidad yo iba a salir con George y Fred a verles jugar un parido -respondió la aludida mirando a Marlee con una leve sonrisa- ¿Te apetece venir?

Marlee asintió enérgicamente y ambas salieron de la sala juntas, camino del cuarto de los gemelos.

-Se están preparando -explicó Shannon tras escuchar el "¡Ya vamos!" de los pelirrojos.

-¿Quién se está preparando y para qué? -se interesó Nadia saliendo de su cuarto con cara de dormida. Tenía unas profundas ojeras y estaba más pálida de lo normal. Su bostezo duró un par de minutos antes de que Shannon respondiera divertida:

-Para un partido de balónmano. ¿Te apetece venir a verlo?

-Claro -contestó Nadia desganada.

-Pues vete a prepararte t''u también. No querrás que te confundan con un mapache... ¡Ay! ¿Hoy es el día de las collejas o algo?

Shannon se frotó la nuca indiganda mientras Nadia se alejaba riendo.

-No, hoy no es tu día -sentenció Marlee burlona.

-Mira quien va a hablar... La cazadora-mono... ¡Ay! ¡Ya! ¿No? Pesados todos con las collejas!

***

-Geroge, ¿metimos todo verdad? -le preguntó Fred tocando la mochila que llevaba a la espalda.

-Supongo que sí, Fred, aunque tú también podías estar atento... -replicó George abriendo su mochila de lado para ver lo hay dentro.

-Oye, Shannon -dijo Marlee en un susurro- ¿Por qué George y Fred se llaman George y Fred si sus nombres son otros?

-Pues... No les gustan sus nombres así que decidieron cambiarlos. Y como son muy fans de Harry Potter, así quedó la cosa . Aunque en sus carnets aparece que se llaman Gesuita y Francisco -explicó Shannon.

-No menciones esos nombres en nuestra presencia -sentenciaron los gemelos solmenes, mirando de reojo a las tres amigas.

Nadia frunció el entrecejo mientras Shannon sonreía de medio lado.

-¿Ahora os creéis reyes?

-No, marqueses -contestó Fred.

-¡Marqués tú, yo soy duque! -replicó George.

-¡Pues yo condesa! -se unió Marlee a la broma- ¡Y Shannon reina!

-¿Qué va a ser reina esa? Como mucho la criada que nos limpia los zapatos -se mofó Fred con una radiante sonrisa.

-Sí, eso. Nadia y Shannon son las criadas y tú la granjera, morena. ¡Venga, sirvientes, traednos la comida!

-¡A mí me dáis las uvas de una en una y un masaje. como los faraones! -añadió Fred riendo.

-Sí, eso. Fred -le llamó George- ¿Y si mejor somos faraones? A los faraones les trataban mejores que a los marqueses. Y no trabaaban. Solo comían así -dijo George imitando a los egipcios.

Todos se echaron a reír, incluso Nadia soltó una leve risita que pronto se convirtió en una sonroa carcajada conjuntiva.

-Sí, George, seamos faraones. La vida es mejor siendo faraón.

-Desde luego que es mejor, hermano.

Minutos después ya se hallaban frente el pabellón. George y Fred tomaron de la mano a Shannon y la empujaron adentro a la carrera. La obligaron a bajar las escaleras que llevaban a los vestuarios mientras Nadia y Marlee se dirgían a las gradas.

-George, Fred, tengo que volver arriba...

-¡Shannon! -exclamó Hoult pasmado, estudiando a su mejor jugadora de arriba a abjao- ¡Shannon! ¿Qué hay?

Hoult se acercó a abrazarla y le revolvió la cabellera amistosamente. El cabello rubio ahora le llegaba a la altura de los hombros, recogido en una coleta improvisada. Sus ojos entre verde y marrón brillaron con fuerza antes de vagar por los gemelos con una mueca extraña.

-Shannon, no sabíamos nada de ti... -dijo Hoult regresando la mirada a la aludida- ¿Qué es de tu vida, enana?

-Bueno, pues -Shannon titubeó antes de contestar- Estoy viviendo con unos familiares lejanos de por allá -añadió moviendo la mano exageradamente.

Hoult asintió extrañado antes de alzar con parsimonia lo que llevaba en las manos.

-Pensé que ya no volverías e iba a entregarle esto a George yFred para que te la dieran -explicó el entrenador entregándole la camiseta a Shannon, la cual la tomó aturdida- Pero ya que has vuelto... ¡A vestirse y al campo! ¡Venga!

-Pero yo... -no le dio tiempo a replicar, pues de la nada apareció todo su equipo y los empujó hacia los vestuarios, como una ola que todo se lleva.

Entre preguntas, respuestas y más preguntas ya todos se encontraban en el campo, sentandos como indios alrededor de Hoult, el cual se había colocado su cadena de oro de la suerte.

-¡A ganar, equipo! -fue su única frase- Y, Shannon, tú ya sabes. La misma táctica que el último partido.

-Sí, sí, sí... Arma secreta, ya...

***

Un olor putrefacto reinaba en el ambiente. Se sentía el caer de las diminutas gotas de agua, chapoteando contra el suelo en un rítmico ritual. La penumbra, el sepulcra silencio, la desesperación... Todo parecía influir en aquella estancia que, con sus altas paredes y su techo desvargado, arremetía con fuerza contra la estruendosa lluvia de fuera. Máximo yacía acostado sobre el suelo, con unas cadenas invisibles atado en una esquina y la mirada perdida en el centro de la pared.

Todo parecía tan extraño y a la vez tan real... Cuando la mirada de Gracielle había recaído sobre su persona, lo único que pudo distinguir fue el azul eléctrico de sus ojos antes de sumirse en una atenuante oscuridad. Horas después se hallaba en aquella sala, protegido al resguardo de la tormenta y maniatado de cualquier forma. Lo único que podía hacer era observar y tararear conocidas cancones en voz baja. Era aburrido. Pero al menos estaba vivo. Aunque no en las mejores condiciones.

Pero Máximo sabía bien que esto era solo de momento. Sabía que si Gracielle no lo había matado era por algo: lo estaba usando como cebo. Como cebo para tener a Shannon entre sus garras. Esperaba que si descubrían su paradero, no fueran tan tontos como para traer a Shannon. Porque entonces estarían haciendo justo lo que él quería: a Shannon.

Pensamientos como este le inundaban a diario. Lo que sí le estaba molestando era la noche del Kariim. Debía celebrarla pero... Dudaba que Gracielle se lo permitiera.

Procuraba no moverse demasiado. Las cadenas le abrsaban la piel. Ya tenía las muñecas y los tobillos destrozados. No quería agravar más la situación. Intentó levantarse pero las piernas le fallaban, así que optó por permanecer sentado y estático esperando a que algo ocurriera.

Y no tardó en pasar. Minutos después la habitación de la sala se abría para dar paso a una anciana seora de cabello plateado y ojos pequeños y perspicaces. Sus mejillas rosadas y regordetas contrastaban con su piel blanca como la nieve. Su leve sobrepeso era cómico, pues con sus manos regordetas y llenas de sortijas llevaba una pequeña bandeja con un vaso de agua y un tazón lleno de una especie de alubias malsanas.

-El Amo ordena que el señorito Máximo tome su comida cuanto antes. Hay algo que el Amo desea mostrarle -le dijo la señora con un ligero acento argentino.

-Está bien, señora Eloy. Puede dejármela aquí -respondió Máximo señalando un espacio junto a él.

La señora Eloy era la criada de Gracielle. Le llevaba a Máximo comida y, a vces, incluso le lavaba ella misma. Era gentil y humilde, a pesar de estar poseída por Gracielle. Máximo sabía que en el fondo tenía mucha fuerza de voluntad, pero los poderes de los ángeles son insuperables.

-Que el señorito Máximo disfrute de su almuerzo -le deseó la señora Eloy antes de salir de la habitación, dejando al niño observando su plato de alubias con asco. "Podía haberse esmerado un poco más...", pensó inconscientemente.

***

El árbitro dio comienzo al partido con un pitido del silbato.

Shannon se tensó tan pronto comenzar al observar como George tomaba el balón y se lo pasaba a Fred antes de ser brutalmente empujado. Todos los presentes ahogaron un grito de protesta mientras el árbitro hacia caso omiso de ellos.

Hoult tampoco se quejó, sólo le dedicó una terrible mirada al entrenador del equipo contrario, que este correpondió con gusto.

-¿Quien es? -preguntónShannon observando al rival de su entrenador.

-Theodore Lamborg - contestó Hoult de mala gana- Uno de los mejores entrenadores y jugadores de balonmano del mundo. Su equipo es famoso por una simple frase que él repite continuamente.

-¿Cual?

-Sin piedad -dijo una tercera voz lenta y pausada.

Theodore Lamborg le tendió la mano educadamente a Shannon. Se erguía fuerte y altivo, con un palpable orgullo nativo. Shannon lo estudió de pies a cabeza mientras aceptaba el saludo con cierto desprecio. Theodore tenía el cabello negro con leves ondulaciones, hasta la nuca. El rostro de duras facciones y nariz recta y afilada. Los ojos de un tenue avellana que parecían, en ocasiones, un vulgar marrón oscuro. Manos grandes de anchos dedos y ásperas palmas. Parecía la piel de un tiburón, como sí tuviera pequeños dientes para protegerse de la gente. Dientes afilados como los de un canino y sonrisa torcida y maquiavélica.

-Tu debes de ser Shannon Scott. He oído hablar mucho de ti -dijo Theodore con una sonrisa falsa. Hoult bufó- Ela arma secreta de aquí.

-Pues entonces has oído bien -replicó Shannon con notable superioridad.

Theodore rió con fuerza y una ligera molestia.

-Eso se verá en el campo, bonita -le espetó Lamborg con una sonrisa burlona antes de retirarse hacia sus banquillos.

Hoult resopló aburrido mientras Shannon centraba toda su atención en el partido, debía salir y demostrarle a ese caradura con quién estaba hablando.

En ese momento George y Fred se abalanzaron a por un jugador del equipo contrario, noqueando lo contra la pared.

-¡Ey, árbitro, es falta! -gritó Lamborg alporizado.

Shannon se lazó un momento de su asiento y clavó sus opacos ojos azules en Theodore.

-Sin piedad -arrastró las palabras con una sonrisa malvada mientras Lamborg se tensaba frente ella- ¡Sin piedad! -repitió gritando para que se enteraran todos. El tiempo se detuvo por un momento. Theodore la asesinaba con la mirada mientras Shannon reía triunfante. Entonces
Se escuchó el silbato del árbitro. George y Fred expulsados cinco minutos. Y luego la voz de Hoult hablándole:

-Ahora sales tu, preciosa. Vamos a darles una lección a estos pardillos.

Shannon asintió segura de sí misma y salió al campo tras chocar las manos con uno de los jugadores, el cual le cedió su puesto. Se colocó en la posición que dignamente se había ganado y echó a correr botando el balón tras escuchar el silbato del árbitro. Era veloz y ágil, saltaba de vez en cuando esquivando a sus rivales, mientras el resto del equipo le seguía de cerca. Necesitaba a George y Fred. Ellos se habían mantenido a su nivel. Los tres eran dignos jugadores. Los tres más rápidos, ágiles y potentes que nunca nadie hubiera visto.

A grandes zancadas alcanzó la portería en menos de cinco minutos. Sólo tendría que saltar, lanzar como sólo sabe hacerlo ella y marcar. Nada más.

Pero justo cuando estaba ya en el aire, a medio tirar, un destello dorado refulgió en el aire. Una mirada de tibios ojos de oro fundido y cabellera del mismo tono se cruzó con la de ella desconcertándola. Pero eso no evitó que tirara. Y marcara.

-Mierda -masculló al caer el suelo por no controlar bien la caída.

Jeremy le ayudó a levantarse y ambos echaron a correr nuevamente para detener a sus rivales. Shannon fue directa a por el delantero. Sin apenas esfuerzo le arrebató el balón en una momento de bote y corrió hasta la portería nuevamente.

Lanzó de nuevo, pero antes de ver sien traba o no, un gran cuerpo chocó contra el de ella lanzándola por el aire. Su espalda golpeó de lleno la fría pared. Los brazos impidieron que también se diera contra la cabeza. El árbitro pitó con fuerza y todos los de su equipo corrieron en su ayuda.

-Shannon, ¿estás bien? -le preguntaron los gemelos a la vez.

Shannon no contestó. Se le nublaba la vista por momentos, y los oídos casi ni servían para nada. Escuchaba gritos y palabras distorsionadas. No entendia nada.

-Shannon, ¿te ha dolido muchos l golpe? -se interesó Theodore socarrón, aproximando sé a ella y tocándole la cabeza.

Shannon, por instinto, le abofeteó en la cara mientras Lamborg se apartaba de ella con asco.

-Sin piedad, Shannon, tu misma lo dijiste -bramó Thepdore volviendo a su sitio.

Shannon negó con repugnancia mientras se incorporaba a duras penas. Daba igual lo mal que estaba. Jugaría sólo para fastidiar a Theodore Lamborg.

-Sin piedad -recalcó Shannon antes de retomar el juego.

Tan pronto cogió el balón tres jugadores se abalanzaron contra ella, pero Shannon los esquivó bien. Echó a correr sabiendo que en velocidad no le ganaba nadie, mientras los demás se arremolinaban alrededor para protegerla. Trabajo en equipo.

Jeremy era el que más golpes llevaba. Los jugadores les atacaban a muerte mientras Shannon, como el centro del huracán permanecía intacta. Dos minutos después George y Fred también formaban parte de aquel círculo protector. La grada se levantaba indignada. El árbitro parecía hacerse el ciego para no ver nada. Y en un último salto por parte de Shannon se produjo lo peor. Dos jugadores salieron de la nada y chocaron contra Shannon al mismo tiempo, uno a cada lado. El golpe le dio de lleno en la cabeza. Un dolor palpitante, un temblor malsano, puntos negros, gritos ahogados, algo húmedo y maloliente. Su sangre se filtró por todos los poros de su piel. Produciéndole arcadas. George y Fred ya se hallaban arrodillados junto a ella.

-Shannon, ¿me oyes? -le preguntó Hoult preocupado.

Shannon cerró los ojos intentando contrarrestar el dolor. Los volvió a abrir para encontrarse con los ojos oscuros de Theodore.

-Sin piedad -dijo serio- Recuerda esa frase por siempre, Shannon.

Y se fue. Con todos los jugadores rivales.

-El Julius High se retira -gritó el árbitro con fuerza.

Shannon parpadeó sorprenda. Se levantó a duras penas y echó a Caminar ignorando las voces preocupadas de sus compañeros. Theodore descansaba apoyado sobre la pared de los vestuarios. Con una sonrisa lobuna le indicó a Shannon que tomara asiento.

-¿Quien eres? -preguntó Shannon sin fiarse del todo.

-Theodore Lamborg, del linaje del Tiburón, a su servicio, Elegida -se presentó el hombre con sorna.

-¿Linaje del Tiburón? Nunca he oído hablar de eso -dijo Shannon extrañada.

-Me encantaría ponerme a explicarte la historia de los linajes y los clanes. Pero sinceramente no tengo tiempo ni ganas. Así que al grano, bonita -replicó Lamborg escéptico- ¿No se supone que deberías estar bien protegida en tu casa y no jugando un estúpido partido?

A Shannon le sorprendió la pregunta, pero no tarde n contestar:

-Vine con más cazadores. Están en la grada.

-Sí -coincidió Theodore- Y también con dos semiangeles inestables y peligrosos -recalcó Lamborg.

-¡Fred y George no son inestables ni peligrosos! -exclamó Shannon alterada.

-Rranquila, Seraphine. No queremos que nadie nos escuché, ¿o sí? Se qué has venido con cazadores especializados. Eso me tranquiliza un poco. El joven Vanwedley es buenos n lo que hace. Y los señoritos Sutherlin también. Además, mi sobrina es fuerte y tiene un gran potencial. Esta claro que vienes bien protegida.

-Un momento -lo detuvo Shannon- ¿Tus sobrina?

-Claro... Nadia Jones.


























Chicos, siento tardar tanteó nos ubir. Pero el tiempo no me da para más. Lo siento muchoooooooooo. Aquí tenéis el capítulo completo, ¿Theodore tío de Nadia? :O

Espero que me entendáis, pero de verdad no puedo subir. Os quiero un montón. Más de 5000 votos!!! Y el número de leídos ya está en números rojos puajajaj a :O.


Pronto vendrán cosas muy interesantes. Tiene que rescaté a Máximo, yeah!! El segundo libro tiene mucha más acción. Pero hasta que acabe este.... ¡Nanainanai!

Hasta luego, paragüero!!

Cazadores de sueños¡Lee esta historia GRATIS!