Capítulo 41 (II)

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—Lumbërt, ¿Nada?

—No. Todavía no salen de las puertas —, Anna lanzó una patada a la arena y se sentó. Hacía dos días que había llegado al desierto, y los muchachos seguían sin salir de su misión.

Mil y un situaciones ya comenzaban a desfilar por su cabeza. Una cada vez más peor que la otra, cuando Ardëum señaló un punto a la izquierda de ellos y susurró.

—¿Qué es eso?

—No sé, pero se está acercando.

—¡Corran! ¡Rápido!

Los chicos no esperaron a que se los dijeran dos veces. Salieron disparados hacía Izethna, seguidos de cerca por los de la legión y las guardianas. Al llevar aquella ventaja, estos pudieron comprobar que las palabras de las guardianas habían resultado ser ciertas. En cuanto salieron del templo de las sombras, los santuarios y el arco de la puerta comenzaron a desmoronarse.

Cada una de las mujeres llevaba consigo un trozo de su propio templo, pero estos también se deshacían, aunque a una velocidad menos rápida que los originales.

Por su parte, los guerreros de la legión, aun y con sus heridas hacían lo posible por no retrasarse de los demás. Parecían conscientes de lo que les sucedería si alguno cedía a su debilidad.

Cuando llegaron a la puerta, descubrieron con horror que la madera que los había bloqueado se encontraba astillada y rota por un lado. Sin miramientos, Robin y Carter le propinaron una patada a lo que quedaba y los seis cruzaron a donde estaban las rosas.

El campo enteró se marchitaba a gran velocidad. Los tallos grises ahora eran negros y las mustias rosas perdían sus pétalos por montones. Aun y con eso, los chicos estiraron sus manos y lanzaron un ataque conjunto como el que habían usado cuando entraron.

Las guardianas y la legión llegaron a tiempo para ver como cientos de rosas terminaban en cenizas. El grupo ya estaba reiniciando su corrediza cuando la piedra en manos de la guardiana del aire se destruyó.

A lo lejos, se podía oír como el edificio se desplomaba.

—¡No miren atrás! ¡Todavía tenemos que cruzar y...!

La piedra del templo del fuego le siguió a la otra, y la carrera de volvió más y más intensa. El miedo era suficiente motor como para hacerlos correr, pero no tanto como para que salvaran los obstáculos con presteza.

Algunos de la legión sufrieron caídas y golpes de cuidado, pero entre las guardianas y los chicos los ayudaron a seguir. Ya se encontraban llegando a Ornu rin cuando la piedra de la tierra se rompió, y en cuanto tocaron la puerta todas las manos, la del agua hizo lo mismo.

—Lo logramos —, con esas palabras de parte de la mujer cubierta, todos fueron segados por la potente luz de la entrada.

—¡Chicos! ¡Madison!

—¿Eh? —, la mencionada tenía un fuerte dolor de cabeza, aun así se levantó de la arena y se talló la frente con bríos.

—¡Madison! —, una mole cayó sobre la muchacha, levantando sus piernas y dejándola sin respiración por breves momentos. Cuando por fin pudo ver al dueño de la voz, la muchacha dijo, en tono somnoliento.

—¿Anna? ¿Tú que haces...?

—No te iba a dejar sola, jovencita. Eres mi protegida y yo... —, antes de que pudiera terminar su idea, la voz de Lumbërt alertó a ambas.

—¡Anna! ¡Ya están llegando!

—¡Ardëum! ¡Salieron! ¡Están afuera! ¡Ya podemos irnos!

La leyenda de la dama de la noche Vol.I - ANCÖR ©¡Lee esta historia GRATIS!