Lágrimas Del Sol

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Oliver detuvo su caminar y respiró profundamente, degustando el rico aroma a tierra recién mojada. Amaba los días de lluvia, sentía que eran tan pacíficos, tan relajantes, él siempre los aprovechaba para relajarse y dar una larga caminata.

Su vida no era fácil. Él vivía solo desde los 18 años. Había ahorrado dinero desde los 13 años gracias a trabajos temporales, ayudando a gente conocida, ya que por ser menor de edad no podía trabajar. Durante todo ese tiempo, trabajo duro para poder ahorrar lo suficiente para que, cuando cumpliera la mayoría de edad, pudiera irse a vivir solo. Y lo más lejos de sus padres que pudiera.

Su infancia fué muy dura. Su padre era un alcohólico abusivo, qué le pegaba cada dos por tres. Su madre era adicta a los narcóticos, ella apenas notaba que Oliver existía. Tenía un hermano mayor que había huido cuando tuvo la oportunidad sin voltear hacía atrás, cuando Oliver tenía cuatro años. Pasaba la mayor parte del tiempo solo, escapando de su padre, intentando sobrevivir.

Sacudió su cabeza en un intento por alejar esos pensamientos negativos. No tenía caso deprimirse por el pasado; el ya no vivía más con sus padres. A sus 23 años el ya tenía su departamento, chico y con escasa amueblación, pero era suyo; trabajaba medio tiempo en un restaurante de comida rápida (un antro de mal agüero ante sus ojos) pero la paga era buena y le daba tiempo de estudiar. Estaba estudiando medicina veterinaria, porque si algo le apasionaban, eran los animales. Aún le quedaban 2 años para concluir la carrera. Todo lo que logró hasta ahora fué a base de su propio esfuerzo, sin nadie a su lado para apoyarlo.

Tenía amigos, claro, pero no les tenía la suficiente confianza. En lo que siempre fracasó, y tan miserablemente, es en el "amor". Oliver no creía en "ese tipo de cosas", para él eran inexistentes. Aunque tuvo varias novias, nunca las quiso como ellas quisieron que las quisieran; siempre le decían que era alguien frío, poco afectivo, insensible, entre otras formas. Y a él, poco le importaba eso. 

Suspiró. Volvió su atención al presente. Miró a su alrededor.

-Ni una triste alma- dijo refiriéndose a las personas - Son como los gatitos, huyen con el agua.

Rió entre dientes de su propio chiste. Luego se sintió idiota por reírse solo en la calle como un loco. Aunque la sonrisa no desapareció de su rostro.

Una canción vino a su mente haciendo que su sonrisa aumentara. Volvió a mirar a su alrededor para asegurarse de que realmente no había ninguna persona.

Rió entre dientes maliciosamente.

-I'm siiinging in the raiin~, I'm siinging in the raaaiiinn~!!- se puso a cantar haciendo los pasos de esa vieja película que una vez vió con su hermano cuando cumplía los 4 años.

Amaba esa película, la veía cada vez que tenía oportunidad. Cada vez que la veía, evocaba recuerdos de ese cumpleaños, el único que festejó, el único en el que sus padres no estuvieron en ese aterrador estado de ebriedad. Sonrió al recordar como su hermano y él intentaban hacer los pasos de baile de esa canción en la sala de estar, de como chocaban uno contra el otro, de cuando tropezaban, caían y reían...

Lágrimas comenzaron a caer por sus mejillas, encubiertas por la fuerte lluvia. Pero eso no impidió que dejara de bailar y cantar, aunque ahora, junto con las lágrimas, la canción cambió.

-[...] Había muchas cosas de las que quería hablarte... Si pudiera renacer, quisiera ser como tú.. Adiós~ ahh.. No podemos vernos más, pero el hilo rojo permanecerá [...]-

Todos sus sentimientos se liberaban en ese instante.

La alegría que había sentido en ese cumpleaños.
El dolor de días después cuando su padre lo golpeó.
El sentimiento de abandono que sintió al ver a su hermano mayor irse de hurtadillas de la casa en la noche.
La traición de saber que no lo quiso tanto como para llevarlo lejos de ese infierno.
El increíble dolor de su corazón quebrándose al darse cuenta de que jamás lo volvería a ver.

Under The Tears Of The Sky¡Lee esta historia GRATIS!