-Vamos Valeria, apura - Canturrea mamá mientras la escucho acercarse a la habitación.

Hace aproximadamente un año atrás, mi madre regreso del club deportivo con un sonrisa tan grande en el rostro que ni yo podía creérmelo, ya hacían unos ocho años desde que no la veía tan feliz. Tras pasar los días me fui enterando de el nombre tras su sonrisa, por que sí, era un hombre el que la traía así.

Marlon Anderson.

Unos años mayor, alto, de cabello café y con ojos "malditamente hermosos", según ella misma. No fui un tope para su relación, es más, incluso me hace muy feliz ver a mi mama así , la cosa es que yo no quería tener cambios tan radicales en mi vida, sin embargo miren, estoy a  solo cuatro horas de una nueva vida en un lugar  donde no conozco a nadie, dejando atrás no solo a mis amigas y compañeros del colegio y de la academia, sino que siento que dejo atrás toda mi vida.

-Ya voy...- contesto en un suspiro.

Marlon tiene dos hijos; Brent que es un año mayor que yo y aún vive en la misma casa, mientras que Clea tiene veintitrés, y por lo que sé ella ya se ha mudado a un departamento que le queda mas cerca de la universidad.

El viaje se me hace extremadamente corto, mamá parece estar muy emocionada de que nos estemos mudando ahí, pues incluso ya están planeando su boda, la fiesta de compromiso y esas cosas.

El auto se detiene justo frente a una casa dentro de un barrio residencial, la casa es grande, incluso más que en la que solíamos vivir, aunque claro, eso tiene sentido ya que nosotras solo eramos dos.

Puedo ver a dos personas salir de la casa y caminando hacia el auto.

Al parecer, esto ya ha comenzado.