El regreso del cuervo

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Mekronos sobrevoló las coloridas praderas de Edén con sus negras alas hasta que eligió un sitio donde posarse. El dragón se recostó sobre sus cuatro gruesas patas sobre la turquesa hierba y lanzó un melancólico suspiro al cielo decorado con colores violetas.

Desde que su conexión con el Mundo Físico y amiga, Esmeralda fue liberada del Edificio España en Madrid de su cautiverio a manos de la organización Metatrón, a la cual tanto él como Esmeralda pertenecían. Sin embargo no era ella quien ocupaba su mente en estos instantes, si no otra IA, Cliver, que acompañaba al amigo de su receptora, el joven Lázaro; de hecho ambos se encontraban actualmente en una misión de la cuál no sabía nada. Mekronos sabía que Cliver era fuerte al igual que su amigo pero no podía evitar preocuparse: ¿Y sí pasaba algo malo?¿y si no volvía a ver al cuervo metálico?.

El imponente dragón sacudió las alas con cierta tristeza y posteriormente se hizo un ovillo sobre sí mismo, no paraba de pensar en Cliver y en lo mucho que le echaba de menos, vale sí, al principio su relación había sido más o menos fría y hasta parecía que Mekronos aterrorizaba a la pequeña ave pero con el paso del tiempo ambos se habían ido acercando, habían luchado codo con codo y habían sobrevivido, ambos se habían encontrado mutuamente y ahora eran más que amigos, ahora se amaban. 

Estaba a punto de marcharse de allí cuando escuchó un gruñido que resonó por todo el Mundo virtual en el que se encontraba, aquel conocido ruido hizo que Mekronos se emocionase y se pusiese en pie buscando a su emisor por todos lados hasta que vio como Cliver volaba hasta él y caía elegantemente sobre la hierba y se transformaba en un chico alto y delgado cuya piel de caramelo brillaba a causa de la nítida luz que las brillantes esferas que flotaban en aquel mundo desprendían, su cabeza estaba coronada por unas castañas rastas que caían hasta su cadera mientras que en su rostro se reflejaba una despreocupada sonrisa que indicaba que todo estaba bien. Por su parte Mekronos también tomó su forma humana transformándose en un atractivo joven de piel pálida y cabellos negros que cubrían parte de su frente.

- ¿Es que no me piensas salu...?- El cuervo apenas pudo acabar sus palabras porque su pareja ya estaba abalanzándose sobre él haciendo que Cliver perdiese el equilibrio y cayese al suelo, ambos rodaron sobre el suelo unos centímetros hasta que Mekronos quedó encima de Cliver, sujetando sus muñecas contra el suelo.

- Hola...- Dijo el dragón azabache ladeando su sonrisa antes de inclinarse para besar al chico de las rastas. Mekronos disfrutó cada segundo de aquel beso, adoraba la textura de los labios de su novio, el calor que estos desprendían y el sabor a vainilla y menta que tanto disfrutaba. -Te he echado mucho menos, no sabes cuanto- Susurró el pelinegro a escasos milímetros del contrario, su voz sonaba quebrada y a la vez sensual

-Yo también te he echado de menos pero esa no es razón para babearme- Replicó el contrario con un tono divertido y se zafó del agarre para acariciar la espalda del contrario con suavidad desde los omóplatos hasta  las redondas nalgas de Mekronos pasando por cada vértebra que se marcaban por encima de la camiseta. La verdad es que el joven de tez blanca y ojos completamente negros era de lo mas atractivo que había visto jamás, cada curva. cada centímetro parecían esculpidos como una estatua de mármol por el mismísimo Miguel Ángel.

- Si no quieres que te llene de babas no deberías irte durante tiempo y menos a una misión - Aunque el monstruo alado no parecía estar enfadado por ello si lo comentó con cierto recelo. Cliver no respondió directamente, tan solo se limitó a morder el labio inferior de Mekronos y lo jaló hacia él haciendo que gimiese. Aquello hizo que el moreno soltase una leve carcajada y lo abrazara con fuerza.

- Estás tan mono cuando gimes, Meko...- Ambos giraron y ahora era Cliver quien estaba encima, subió la camiseta del chico y acabó quitándosela dejando al descubierto el torso desnudo del chico el cual empezó a besar, dejando marcas con los labios sobre su pecho y sobre sus definidos abdominales que se movían de arriba a abajo a causa de la respiración agitada de Mekronos mientras que este tiraba sin demasiada  fuerza de una de las restas del cuervo. Los dos empezaban a calentarse y la tensión se notaba en el ambiente, mordiscos , besos y caricias eran intercambiado por las IAs cuyas voces se juntaban en un coro de gemidos y jadeos.

Mekronos no aguantó mucho más y acabó arrancando sin demasiada piedad la holgada camiseta de Cliver, partiendo por la mitad el estampado de una cara amarilla sonriente, dejando así a la vista la delgadez del rastafari-rapero-cuervo cuyas costillas estaban quizás demasiado marcadas, cosa que Mekronos adoraba.  Agarró al chico por la cintura y lo sentó sobre su cadera, notaba como su aliento bajaba por su cuello y su piel se pegaba a causa de la proximidad y el sudor. El fiero dragón tumbó a su pareja en la hierba azul y le fue bajando los pantalones con más suavidad hasta que la última prenda que le quedaba acabó junto al resto de su ropa.

El cuervo no se quedó atrás y con los dientes también desnudó por completo al dragón negro, los dos se abrazaron y sus cuerpos se juntaron uniéndose como un único ser y allí, en el extraño mundo de Edén tanto Mekronos como Cliver compartieron su admiración el uno por el otro, celebraron su amor, su cariño y dieron rienda suelta a sus más íntimos placeres.

- ¿Cuanto tiempo crees que nos queda... ya sabes, juntos? - Preguntó Mekronos en un tono algo infantil que causó ternura en el cascarrabias Cliver haciendo que este le abrazase contra su pecho con algo de fuerza pero con cariño. 

- Oh, Meko... el tiempo nunca estuvo de nuestra parte- Concluyó el cuervo metálico y ambos miraron al horizonte con un semblante serio, sabían que su destino era incierto pero no le daban importancia, mientras estuviesen juntos jamás volverían a tener miedo. 

Alas de acero y tinta: Un fanfic de Mekronos.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora