Capítulo 11

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ESTOY POR ÉL

La noche en la que Ian me besó, no dejé de llorar; Era rabia, era confusión, era felicidad. Eran tantas cosas que sentía. Tanto que no comprendí porque mi cuerpo entero era una llama ardiente, y mis ojos, una cascada soltando gota tras gota; amargas y dulces.

Quise dormir pero no pude. La sola idea de pensar en él, en que iba a tenerlo tan cerca en casa del viejo Whitmore, me tenía tensa y aún ni amanecía.

Cómo debía comportarme. Qué iba a decirle al chico que sin pedírmelo, me había besado.

Me había dado mi primer beso.

Rompió con esos deseos de vivirlo, de ponerme de puntitas para alcanzarlo porque siempre me habían gustado los niños muy altos. Ian lo era, solo que lo odiaba pero también lo "amaba". Lo deseaba pero no quería tenerlo cerca. Tantas cosas pasaban por mi cabeza, y este cosquilleo, por mi estómago.

Lo odiaba porque arruinó la forma en la que imaginé que viviría mi primer beso y aún después de todos esos años, creo seguía odiándolo porque nunca había podido besar a alguien por amor. No a él. Y eso era lo que me tenía así, tan mal; El saber que estaba enamorada de un fantasma, de un absurdo recuerdo y cursi amor de juventud.

Preparaba unos huevos con tocino. En el tostador estaba el pan que seguramente Adrien comería con una cucharada de crema de cacahuate.

Lo vi entrando con los audífonos puestos y mojado. Sacudió su cabello cerca de donde estaba para molestarme. Odiaba que lo hiciera.

- Huevos y tocino. Justo lo que no puedo comer.

Adrien estaba obsesionado con su físico. Se cuidaba demasiado. Hacía mucho ejercicio, tomaba agua y seguía una dieta al pie de la letra.

La proteína estaba permitida, solo que a Adrien no le gustaba el huevo, mucho menos el tocino.

Qué locura. El tocino era lo más delicioso en este mundo.

Justo ese día preparaba unos huevos revueltos y jugo de naranja, tal como le gustaban al viejo Whitmore.

- Eso huele muy bien.

- Es tocino. Contesté.

El viejo se acercó para servirse un poco de jugo de naranja solo que le pedí que se sentara. Estaba en su casa para atenderlo.

- ¿No ha bajado Ian?

Me puse nerviosa al escuchar su pregunta.

- No lo he visto.

- Creo salió a correr.

- Quizá. Respondí.

Ian entró a los pocos minutos. Su playera estaba mojada. Su cabello también.

En cuanto me vio se acercó para alborotar su cabellera y mojarme con su sudor. Algo tan desagradable pero a la vez tan sexy, pues claro, venía de él.

- Tocino y huevos. Delicioso. Muero de hambre.

Ese día supe que ese era su desayuno favorito.

Tomó un trozo de tocino y subió apresurado a su habitación, sin decir más, lo cual me hizo arder de coraje.

Está fingiendo que nada ocurrió, que no me besó.

Qué voy a hacer con esto que siento, porque aunque las piernas me temblaban y mis manos tenía ganas de ahorcarlo por lo que había hecho, estaba muriendo por volverlo a besar.

INSEPARABLES - 1999-Where stories live. Discover now