George había venido para rescatarme de mis propios pensamientos a la mañana siguiente. Cuando le conté lo que había pasado no daba crédito,me hizo jurarle que no le estaba mintiendo varias veces. Llegamos a la conclusión de que aquello no debía repetirse.

Después de hablar de un par de cosas más nos pusimos a limpiar la casa. Mi madre me había llamado y pedido por favor que lo hiciera de manera profunda y de poco había servido la excusa de  mi alergia al polvo.

Elaboramos una lista de reproducción adecuada para las tareas de la casa y nos pusimos manos a la obra. Los altavoces que tenía en mi cuarto eran lo suficientemente potentes como para que se oyera en toda la casa así que nos dividimos la tarea. Yo limpiaría mi cuarto con paciencia y él me ayudaría con la colada mientras tanto.

La música comenzó a sonar de forma ensordecedora pero poco me importó. Livin la vida loca, como no, elección de George. Bailaba alegremente mientras la música retumbaba en las paredes.

 

Moví mis caderas de manera exagerada al ritmo de la música y sentí sus manos alrededor. Rocé intencionadamente ni trasero sabiendo que no hallaría reacción alguna por allí abajo y tomé la escoba como micrófono.

Her lips are devil red, and his skin’s the color mocca.—Cerré mis ojos como si haciendo eso mi voz pudiera salir más fuerte y seguí bailando de la forma más absurda posible, como si el palo de la escoba fuera una barra de striptease.

Once you’ve had a taste of her you’ll never be the same.—Aquella voz que sonó en mi oído no era la de George, salté hacia delante y me giré jadeante.—¡Sorpresa!

—¡Tom!—Bajé el volumen de la música para que ambos pudiéramos escucharnos pero George no.—¿Te ha abierto George?

—Claro, ¿crees que tengo superpoderes?—No dije nada, esperé a que me diera una explicación de que hacía aquí.—¿No sigues bailando conmigo?—Movió sus brazos siguiendo el ritmo y yo puse los ojos en blanco.

—Me has asustado, la performance ha acabado.Que te sepas esta canción es muy perturbador.

—Te sorprendería saber las canciones que tengo en mi iPod.

— No te creas.—Me crucé de brazos y él avanzó hasta mi.—¿Porque has venido?—La canción acabó y comenzó a sonar Hips don’t lie y Tom empezó a reírse a carcajadas.—No pillo la gracia. Es avergonzante pero en fin, elecciones de George.

—Tengo esta canción en mi iPod, me ha hecho gracia que la tengas tú también. De hecho confesé en una entrevista que las caderas no mienten.—Suspiró y se tranquilizó aunque seguía sonriente.

—Te estás yendo por las ramas, dime que querías.

—Hablar de lo de anoche.

—Creo que es mejor decir que no ha pasado nada, ¿no crees?

—¿Es lo que quieres?—Y me miró con esos ojos que te podían leer el alma si querían, me mordí el labio y él sonrió pícaramente.

—No, pero creo que es lo mejor. Me siento culpable.

— ¿Culpable? No estás haciendo nada malo.—Se acercó tanto a mi que acarició mi nariz con la suya.

— Es un placer culpable.-—Intenté alejarme un poco más pero detrás de mí sólo había pared.

—Como ya dije alguna vez, lo mejor de los placeres es que nunca puedes sentirte culpable.

Y como un sello a sus palabras volvió a besarme y esta vez no me paré. Estaba deseando que me volviera a besar desde el momento en el que se había separado de mi la noche anterior. Me separó de la pared con una facilidad asombrosa y llevó sus manos a mi trasero. El contacto hizo que jadeara un poco y él sonrió al oírlo.

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