Capítulo 41

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Una huida accidentada


—Aguanta un poco, ¿me estás diciendo que las estaban controlando? ¿A todas?

—Sí, Madison. Todas estaban siendo controladas por esas cosas, como aros... Quien se dio cuenta de eso fue Ro, pero solo porque la guardiana que le tocó se seguía resistiendo al control —, el chico pasó una vez más el trozo de tela que había mojado, por el brazo de la joven. No se había dado cuenta, pero en su forcejeó se lo había lastimado—. Hubieras visto la locura que se armó cuando se enteraron. Steve y Jenn habían dejado a las suyas y tuvieron que volver por ellas.

—Pero, ¿Por qué?

El muchacho se encogió de hombros y siguió curándola. Cada vez que pasaba su mano por sobre la piel del antebrazo de la joven, una serie de escalofríos se hacían presentes.

Tras la quinta vez que lo hizo, Madison se alejó lo más disimulada que pudo y alzó una ceja. Elliot se limitó a lanzar un suspiro y siguió hablando.

—Los de la legión dicen que ellas también son importantes para la guerra. Según que por que, como guardianas de los dominios pueden llegar a usar poderes que no todos poseen.

—Oh, ya. Entonces, ¿Ellas también vienen con nosotros?

—Eso parece.

La chica se distrajo, a lo que el ojiazul volvió a tomar su brazo y continuó con las curaciones.

"No tientes a tú suerte... Estamos rodeados y si se dan cuenta de..."

"Relájate. Nadie nos está mirando. Los de la legión andan muy ocupados con Steve y Carter, y las guardianas todavía andan viendo que su amiga no despierta... Creo que le diste una paliza."

"¿Yo? No le hice nada. Es más, ni siquiera me atacó o algo así... Solo estaba hablando conmigo, usando una voz de hombre."

"¿Qué? ¿Cómo...?"

Antes de que pudieran seguir con su charla mental, Robin llegó a donde estaban ambos y dijo.

—Oigan. Dicen los de la legión que ya es hora de irnos.

—¿No que estaban despertando a la guardiana? —, la pregunta de Madison fue respondida por una voz desconocida.

Se trataba de la misma mujer que había hablada con ella, pero ahora que por fin se encontraba libre del control, volvía a hablar con un tono acorde a su apariencia. La fémina inclinó a cabeza a modo de disculpa y dijo.

—Lo siento por las molestias que seguro te cause. No era consciente de lo que hacía... Ni siquiera recuerdo lo que paso entre nosotras. Yo...

Antes de que pudiera decir algo más, Madison la detuvó con un ademan de su mano y le sonrió a medias.

—No pasa nada. Nosotros no sabíamos que nos encontraríamos al otro lado de la puerta, por eso veníamos preparados para lo que sea.

—Quien sea que los haya entrenado, lo hizo bien.

Esta vez fue el turno de hablar del hombre que había liberado Madison en el santuario de las sombras. El sujeto, de ojos y cabello castaño claro le tendió la mano a la joven mientras hablaba.

—Hiciste muy buen trabajo, linda. No solo al rescatarme sino al controlar tu enojo contra ella —, la mujer bajó la cabeza y asintió —. Poco fue lo que pude escuchar, pero te estaba provocando y no caíste en su juego.

—No fue nada —, dijo Madison mientras miraba a ambos —. En realidad, no eran tan fuertes sus comentarios, así que me dio igual lo que dijera. Sabía que tenía que liberarlo, y más por la herida que traía en la cabeza; supongo que por eso no le preste atención.

—Muy bien. Ya aclarado todo esto, creo que lo mejor es que nos vayamos de aquí, y pronto —, esta vez fue el turno de la mujer con harapos de hablar. A pesar de sus intentos por verle la cara, ni Madison ni los otros chicos podían distinguir más allá de su mentón y boca.

—Tienes razón. Seguro que el amo ya se dio cuenta de que los aros fueron destruidos —, habló otra mujer de la legión. Esta era mucho más joven que sus compañeros y lucía un largo y brillante cabello castaño oscuro—. Si no nos apresuramos, no podremos salir todos de aquí. O peor, nos estará esperando del otro lado de las rosas un ejército de sus sombras.

Para los chicos fue fácil deducir quienes eran parte de la legión. Las ropas de las guardianas, a pesar de su encuentro con ellos, se conservaban muy poco más enteras y menos sucias que las de esas personas. Casi todos llevaban ropas viejas y rotas por el tiempo, pero lo que definitivamente los distinguía de todos eran sus movimientos y sus palabras.

Todos parecían controlados y listos para pelear, aunque ninguno de los chicos sabía cuánto tiempo llevaban siendo prisioneros de guerra en esos templos.

Aquello solo les dio confianza y los animó a participar de su plática.

—Nuestro grupo fue escoltado por tres guerreros. Nos están esperando afuera de este lugar —, dijo Carter, tomando la palabra —. Cuando llegamos no nos topamos con ningún enemigo, aunque supongo que eso pudo haber cambiado en el tiempo que llevamos aquí.

—Así es —, dijo un hombre ya mayor. Tenía los cabellos rubios rojizos entrecanos y un par de pendientes colgaban de su oído derecho —. Pero si están esperando entonces todavía tenemos una oportunidad de salir bien de aquí.

—Oigan, pero se les olvida un punto importante —, dijo Jenn, señalando Izethna con el dedo —. Las rosas. Algunos de ustedes están heridos y si nos tardamos en cruzar el campo podríamos perder a alguien.

—Por las rosas no te preocupes —, dijo la guardiana del fuego, avanzando dos pasos mientras lo que parecía ser una blusa entubada destilaba con el brillo del sol. La fina línea que llevaba su ropa formaba algunas ondulaciones con su andar, lo que les informó a los chicos que aquella ropa estaba hecha con material incandescente —. En cuanto Kel tome una parte de su templo y salga de aquí, tanto las edificaciones como las puertas, e incluso las mismas rosas, comenzaran a morir.

Aquellas palabras provocaron un escalofrió general. La mujer del rostro cubierto se acercó a la guardiana de las sombras y puso una mano sobre su hombro; esta se limitó a dibujar una sonrisa triste sobre sus labios.

—Los templos no pueden existir sin guardianas, pero tampoco podemos mantenernos parciales ante esta guerra. Se infiltraron en nuestro territorio y desobedecieron las leyes impuestas por la antigua emperatriz —, las otras mujeres endurecieron sus rostros, pero quien más amenazadora se veía era la portadora del fuego.

La fémina tronó los dedos y asintió.

—Es tiempo de intervenir... Y esta vez lo van a pagar.


La leyenda de la dama de la noche Vol.I - ANCÖR ©¡Lee esta historia GRATIS!